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Infecciones
asociadas al piercing
Dr. Antoni TRILLA
Unidad de Evaluación, Soporte y Prevención
(UASP)
Hospital Clinic de Barcelona Departamento
de Medicina Preventiva y Salud Pública -
Universidad de Barcelona
Dr. Juan RODÉS
Catedrático de Patología Digestiva, Jefe
de Servicio y Director de Investigación
del Hospital Clínic de Barcelona
La práctica y creciente popularidad del
piercing (inserción voluntaria de
objetos metálicos en varias partes de la
piel y mucosas del cuerpo humano) se ha
asociado también a la aparición de algunas
infecciones poco habituales, debidas a defectos
en la técnica, falta de higiene en la misma
o falta de cuidados posteriores a la inserción.
Complicaciones infecciosas víricas:
Las complicaciones infecciosas más conocidas
y temidas son las asociadas al riesgo de
transmisión parenteral de agentes víricos,
notablemente los virus de las hepatitis
B y C y el virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH).
A este respecto, cabe recordar únicamente
la gravedad de todas ellas y su potencial
prevención, basada prácticamente en exclusiva
en la estricta adherencia a las normas y
prácticas higiénicas recomendadas (esterilización
del material insertado y del instrumental
empleado en el procedimiento, idealmente
de un solo uso, lavado cuidadoso de manos
y uso de guantes de látex protectores por
parte del personal que realiza la inserción,
etc.). La normativa legal existente indica
los requerimientos higiénicos que deben
necesariamente reunir los establecimientos
públicos en los que se colocan piercings
para evitar o reducir al máximo el riesgo
de transmisión de infecciones.
La posibilidad de contagio depende de la
concentración del agente infeccioso y de
la vía de inoculación (cutánea o mucosa).
Datos derivados de estudios con personal
sanitario cuantifican el riesgo de infectarse
por exposición parenteral a material contaminado
en un 0,2-0,5% para el VIH, 5% para el virus
de la hepatitis B y 0,6-2% para el virus
de la hepatitis C. Dada la extensión de
la cobertura vacunal frente al virus de
la hepatits B, es posible que este riesgo
sea incluso menor del estimado.
Complicaciones infecciosas bacterianas:
El piercing corporal supone un riesgo
para el desarrollo de infecciones bacterianas
potencialmente graves.
El piercing supone la invasión del
tejido subcutáneo, por lo que es posible
la introducción de la microflora de la piel
o de las membranas mucosas en el tejido
subcutáneo durante el procedimiento de inserción
o a partir de la colonización posterior
in situ de esta microflora en el lugar donde
se ha colocado la pieza de piercing, que
no deja de ser un cuerpo extraño favorecedor
de esta colonización.
Tras el procedimiento pueden presentarse
dolor, edema y sangrado prolongado, y en
lugar de inserción puede desarrollarse un
quiste, una cicatriz o un queloide. En distintos
estudios, el índice de infección tras un
piercing de la oreja se sitúa entre
el 10 al 24%.
El piercing auricular es uno de los
más frecuentes, y puede realizarse en ocasiones
en establecimientos no profesionales y no
debidamente autorizados, que pueden o no
cumplir las condiciones higiénicas exigidas
en España. Además, el piercing puede
realizarse en el extranjero, donde en algunos
países (por ejemplo en los EEUU) su regulación
es variable (solo 1 de cada 4 estados tienen
normas al respecto), y puede ser practicado
por personal que carece de conocimientos
básicos de prevención y control de infecciones.
La existencia previa de lesiones cutáneas
o anormalidades anatómicas en el lugar de
inserción, así como la existencia de una
enfermedad valvular cardiaca son factores
de riesgo especial de infección a considerar.
Se han descrito casos de endocarditis estafilocócica
tras piercing nasal, endocarditis
por Neisseria y por Haemophilus aphrophilus
tras piercing lingual y endocarditis
y mastitis por Staphylococcus epidermidis
tras piercing del pezón.
En este contexto, se recomienda valorar
cuidadosamente la necesidad e indicación
de emplear quimioprofilaxis antibiótica
en todos aquellos pacientes con factores
de riesgo de desarrollar endocarditis antes
de someterse a un piercing, de forma
idéntica (y con pautas antibióticas similares)
a las que se recomiendan en este tipo de
población antes de procedimientos dentales
u otros procedimientos invasivos.
Se han comunicado casos de tétanos cefálico
(una forma particularmente grave y rápidamente
evolutiva de tétanos) tras piercing
auricular, aunque la infección más frecuente
en este tipo de piercing auricular
es la debida a Pseudomonas aeruginosa, que
puede producir infección cutánea del pabellón
auricular o un absceso pericondrial auricular
(pericondritis por Pseudomonas).
Se ha descrito recientemente un brote epidémico
de infecciones del cartilago auricular debidas
a Pseudomonas aeruginosa en los EEUU, con
7 casos confirmados y 18 probables de un
total de 186 piercings en 118 individuos,
relacionados con un único e idéntico establecimiento
comercial. Los síntomas locales se iniciaron
muy rápidamente (1 dia) y en los 7 casos
confirmados se produjo un absceso con hinchazón,
dolor, sangrado y exudación purulenta. Cuatro
pacientes requirieron hospitalización, de
los que tres debieron someterse a drenaje
quirúrgico y uno a tratamiento antibiótico
parenteral. Todos fueron finalmente tratados
con antibióticos orales (fluoroquinolonas).
Los investigadores pudieron determinar que
el origen común de la infección tenia que
ver con el empleo de un dispositivo mecánico
("pistola") y con las técnicas de
desinfección local de la zona auricular,
especialmente con una botella conteniendo
aparentemente un líquido desinfectante que
se contaminó por Pseudomonas durante los
procesos de relleno, a pesar de que originalmente
se trataba de un dispositivo de un solo
uso no recargable.
Se han descrito también casos de angina
de Ludwig tras piercing de la lengua
o de la mucosa oral. Esta es una infección
muy poco frecuente del espacio submandibular,
generalmente debida a flora mixta aerobia
y anaerobia, cuya gravedad es elevada.
El piercing genital puede infectarse
por Escherichia coli, y se ha descrito que
aumenta el riesgo de contraer otras infecciones
de transmisión sexual debido a la disrupción
de la barrera mucosa normal. También se
han descrito casos de síndrome del shock
tóxico (infección estafilocócica genital
con desarrollo de transtornos cardiocirculatorios
y fenómenos tóxicos cutáneos generalizados)
.
Sin embargo, las complicaciones más frecuentes
asociadas al piercing no son las
infecciosas. Las más habituales son las
secundarias a alergia o intolerancia al
metal empleado en el piercing (especialmente
el níquel), erupciones cutáneas eccematosas
y desarrollo de linfocitomas locales.
También se han descrito casos de pericondritis
granulomatosa del ala nasal, reacciones
similares al sarcoide por cuerpo extraño
debidas a múltiples piercings. Parafimosis
debida a piercing del pene y dificultades
al habla, a la masticación o a la deglución
secundarias a piercing orales. Finalmente,
se han comunicado casos de embarazo tras
ruptura del preservativo por el piercing
genital.
Bibliografia:
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Braithwate K. Risks associated with tattoing
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3.- Keene WK, Markum AC, Samadpour M. Outbreak
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