El medicamento en sus orígenes


Alfonso MORENO
Catedrático de Farmacología de la Universidad Complutense de Madrid y Jefe del Servicio de Farmacología Clínica del Hospital San Carlos de Madrid.

Hay evidencias históricas de que el hombre ha utilizado siempre remedios terapéuticos para tratar las enfermedades y así lo demuestran numerosos documentos como las primitivas Tablillas Sumerias de Nippur y Cuneiformes de Azur, los Papiros Egipcios (de Smith y de Ebers), los Textos Védicos de la India Antigua, el Antiguo Testamento o los Documentos Incas, Mayas y Aztecas.

Son muchos los remedios utilizados en todos los pueblos del mundo arcaico; en un análisis somero, los textos asirio-babilónicos del segundo milenio a. de C. mencionan un total de 250 plantas medicinales (frutas, verduras, especias, flores, resinas, cortezas, etc.), 120 sustancias minerales (azufre, hierro, arsénico, cobre, bismuto, mercurio, etc.) y 180 de origen animal cuyas carnes y vísceras, grasas y sangre se utilizaban por aquel entonces de forma amplia, bien procedieran de animales domésticos o de animales salvajes.

En los Papiros de Ebers y Smith se citan hasta 482 sustancias pertenecientes a los tres reinos animales, predominando los cereales sobre todo los purgantes como el ricino, la coloquíntida o el sen, y junto a ellos se citan también el aceite, las judías, los higos, la miel, el apio, la cebada o las cebollas.

Es evidente que la administración primitiva de todas estas sustancias vegetales se llevaba a cabo mediante la ingestión natural, machacadas, maceradas o en cocción; con el transcurso del tiempo la administración se hizo más compleja mediante manipulaciones que se reflejaban en las recetas estructuradas en tres secciones: en la primera se prescribe el remedio, en la segunda se ofrecen instrucciones al médico preparador ( en el antiguo Egipto no existía la profesión farmacéutica) y en la tercera se explicaba al enfermo la forma de administración.

La terapéutica medicamentosa de la época egipcia administrada en forma de píldoras, polvos, enemas, ungüentos, pomadas, instilaciones, decocciones o supositorios fue una muestra del abuso de la polifarmacia a la que tampoco otras medicinas antiguas como la asirio-babilónica, la china o la maya. Es importante señalar que la conexión, entonces frecuente, remedio-veneno era algo muy habitual.

Civilización griega

En la civilización griega aparece el primer texto, de Almeon de Crotona en torno al año 500 a. de C., en el que el concepto de enfermedad se entiende como el predominio de determinadas cualidades sobre otras contrapuestas y también aparece el concepto del método en la Medicina con los 53 escritos que componen el Corpus Hippocraticum y que culminará más tarde, en la época de Galeno. En este Corpus Hippocraticum, el remedio pierde definitivamente su significado mágico para ser utilizado en un triple sentido: como sustancia exterior al cuerpo, capaz de producir en él una acción favorable o desfavorable, difícil de delimitar de la noción de medicamento, en segundo lugar como puro medicamento purgante en el sentido hipocrático de que la "purgación" era una acción evacuante y, en consecuencia, purificadora de la materia alterada origen de la enfermedad, y en tercer lugar como medicamento capaz de modificar el estado presente. Para los hipocráticos, la mayor parte de los fármacos usados fueron purgantes que ejercían una acción purificadora a través de un supuesto mecanismo de "agitación" o "atracción" respecto a los humores. La medicina hipocrática utilizó un número más restringido de fármacos de lo que hasta entonces era habitual en las culturas más primitivas; no obstante, Se usó de forma profusa la tisana (bebida mucilaginosa procedente de la cocción de la cebada triturada), el hidromiel (agua y miel), el oximiel (mezcla de vinagre, agua y miel), la leche , el vino, los enemas con leche de burra o mezcla de miel y sal, las cocciones de acelgas y nabos y como diuréticos la cebolla y el apio.

El periodo helenista con Herófilo y Erasístrato en los siglos IV y III a. de C., representa la adquisición por parte de la medicina griega de una base científico-cultural en cuya virtud el médico deja de ser filósofo natural especulativo o un rudo artesano y se convierte en médico científico con formación anatomofisiológica. Esta actitud va a suponer una mayor valoración de los fármacos a la vez que se considera más la misión curativa de la medicina. En el año 230 a. de C., Heráclides de Talento escribió un ensayo crítico sobre todos los remedios existentes que se condensaron en la obra Sobre la elaboración y comprobación de los fármacos. La escuela griega cae en un periodo de letargo del que se deriva en el siglo I a. de C. la escuela metódica que fue introducida más tarde en Roma por Temison de Lodicea y que se basaba fundamentalmente en la doctrina de los estados de contracción y atonía de los poros o canales por donde corren los fluidos orgánicos.

A mediados ya de nuestra era, en los años 77 y 78, Dioscórides de Anazarba, que estudió en Alejandría y Tarso a donde acompañó como médico a los ejércitos romanos en sus campañas de Asía, escribió su Materia Médica caracterizada por no contener ya ningún remedio ponzoñoso y que consta de cinco libros; Libro I: aromáticos, aceites, ungüentos, árboles y sus resinas y frutos; Libro II animales: medicamentos animales, cereales y legumbres; Libro III: hierbas y raíces: jugos extraídos o exprimidos, semillas; Libro IV: hierbas y raíces: hongos y Libro V: vinos y remedios minerales. En su conjunto, en la obre se tratan 500 remedios vegetales, 35 animales y 90 minerales y las descripciones se basan tanto en la propia experiencia del autor como en informes de otros autores. El esquema descriptivo es siempre el mismo: caracteres de la sustancia, sinonimia, falsificaciones, comprobaciones, acciones y uso médico. Considerada en su conjunto la farmacología alejandrina y romana está inmediatamente ligada a la hipocrática ya que la elaboración, realizada siempre por médicos, la administración y la acciones terapéuticas son idénticas.

Galeno de Pérgamo

La gran cantidad de escuelas y la subsiguiente falta de una base científica común habían llagado a hacer perder a la medicina helenística romana su fe en sí misma. Fue preciso que surgiera una obra sistemática y canonizadota de todos los saberes médicos y eso fue lo que supuso la aparición de una figura como la de Galeno de Pérgamo (131-200 d. de C.). Su gran tratado terapéutico es De método medendi (sobre el método terapéutico), obra que consta de 14 libros escrita en dos etapas; los 6 primeros libros durante su segunda estancia en Roma (169-174) y los ochos restantes más tardiamente, durante el reinado de Septimio Severo (193-200). Mucho antes, entre los años 162-166, primera etapa de Roma había escrito Sobre las facultades de los purgantes seguido pocos años después por otros tratados como Sobre las facultades temperamentos de los medicamentos simples y Sobre la composición de los medicamentos según los géneros o Sobre las facultades de los alimentos. También escribió Sobre los tóxicos, a los que dedicó un escrito tardío que fue Sobre los antídotos. Galeno se inspira en autores y fuentes tanto antiguas desde Hipócrates hasta más actuales a su época como Rufo y, sobre todo, Dioscórides.

Uno de los fundamentos de la actitud terapéutica de Galeno es la creencia en el esfuerzo sanador de la naturaleza como verdadero principio de la curación, en línea con lo expresado por Hipócrates y al margen de la "revolución" de los metódicos. La obra de Galeno avanza un paso más en la constitución de una terapéutica científica introduciendo en su actuación el concepto de "indicación", entendido como "saber lo que conviene hacer en cada caso". Una vez establecida la indicación terapéutica, Galeno acude al fármaco entendido ya como un sentido estrictamente terapéutico; para él, fármaco es todo aquello que produce en el organismo una alteración, en tanto que alimento es lo que actúa produciendo un incremento del cuerpo; dice que los fármacos no actúan por sí solos, sino que precisan tanto de una indicación correcta como de un método para su administración que comprende el estudio de la cualidad de los medicamentos, la cantidad necesaria, el modo de aplicación y la duración adecuada de la misma.

El arsenal terapéutico por él utilizado es muy amplio: purgantes, astringentes, vomitivos, evacuantes, diuréticos, etc. y los fármacos empleados ascienden a 473 remedios vegetales, algunos minerales (sal, jaspe, malaquita, pirita, etc.) y pocos animales, en él sigue vigente la idea de que la acción de las sustancias vegetales es, con mucho, la más idónea, frente a la débil de los animales y a la venenosa de los tóxicos. También Galeno se inclinó hacia el empleo no sólo de una farmacopea complicada con un predomino casi absoluto de los medicamentos compuestos, sino a una terapéutica basada en la polifarmacia. La racionalización del fármaco como está presente en toda la obra de Galeno supone un hito insuperable en la historia de la Antigüedad.

Al finalizar su vida, Galeno había dejado escritas más de 200 obras, la mayor parte de las cuales estaban dedicadas a temas específicamente médicos: anatómicos, fisiológicos, higiénicos, patológicos, farmacológicos, etc. Fue un autor profuso y difuso y, a veces, confuso por lo que no era fácil ordenar del modo adecuados sus escritos; por ello, a su muerte se inició un proceso que iba a durar siglos y que tenía por objeto ordenar y estructurar sus enseñanzas para que formaran un sistema coherente y de proporciones tales que pudiera ser enseñado a los estudiantes en las Escuelas de Medicina en un periodo de tiempo no superior a 4 años; el intento más serio fue el llevado a cabo en la ciudad de Alejandría hacia la segunda mitad del siglo VI d. de C. consistente en el establecimiento de un "canon" o compilación de libros galénicos que todo médico debía estudiar, su número de 16 era lo suficientemente reducido como para que pudiera ser objeto de un minucioso estudio en los cuatro años de formación en las Escuelas de Medicina. Estaban ordenados en cuatro grandes grupos, correspondientes a esos cuatro años de enseñanza: el primero era de carácter introductoria (números 1-4), el segundo año se dedicaba al estudio de la Fisiología (números 5-8), el tercer año al de la Patología (números 9-14) y el cuarto año al de la Terapéutica e Higiene (números 15 y 16); el método de enseñanza consistía en leer un texto de algunos de los citados libros y a aclarar las dudas y fijar su contenido. Los demás libros de Galeno se leían individualmente y después del estudio previo de los anteriores.

Estas actividades escolares llevaron pronto a la redacción de resúmenes y comentarios de los diferentes libros que la tradición latina ha conocido con el nombre genérico de Summaria alexandrinorum. Durante toda la época del galenismo se tiene perfecta conciencia de que la terapéutica es un arma de doble filo; no hay cosas que sean siempre y necesariamente beneficiosas para el organismo; tanto los alimentos como los fármacos y el bisturí son causa de salud o de enfermedad según se los utilice; por eso son cosas neutras productoras de salud o de enfermedad de acuerdo con las condiciones de su aplicación.

Edad Media

En la Edad Media, la terapéutica no perdió nunca su carácter formalmente religioso como lo demuestra el hecho de una de las sectas judeocristianas más rigorista de los comienzos de nuestra Era tomara el nombre de "terapeutas".

En esa época la farmacología es un capítulo fundamental de la terapéutica, el fármaco tiene en su naturaleza la virtud de restaurar el orden natural o fisiológico que el cuerpo ha perdido. La Medicina es general o particular, la general consiste en el uso correcto del régimen de salud o dietética y la particular en el uso de medicamentos que son producto de la naturaleza, generalmente vegetales, pues los productos animales son tan semejantes al hombre que actúan más como alimentos que como fármacos y los minerales son tan desemejantes que en vez de medicamentos actúan como venenos. El primer paso de la farmacología antigua es el estudio pormenorizado de los productos naturales con virtud curativa, es el objetivo de la llamada Materia medica.

Durante mucho tiempo se creía que la botánica médica de la Edad Media dependía prácticamente de los grandes tratados de la antigüedad grecorromana como los de Teofrasto o Dioscórides, pero recientemente se ha visto como la botánica árabe medieval fue muy superior, tanto en cantidad como en calidad, a los precedentes mediterráneos conocidos y fue el activo tráfico comercial de fármacos con el oriente asiático lo que supuso el perfeccionamiento de las técnicas de descripción e identificación de las plantas. Averroes y Avicena destacan por los conocimientos que transmiten sobre los fármacos que actúan expulsando como los purgantes o reteniendo como los astringentes y ello depende de sus virtudes pero también de la complexión del miembro enfermo. El objeto final de la actuación farmacológica no se consigue más que con el equilibrio del exceso de ciertas cualidades con sus contrarias y con la reparación del defecto de otras con sus semejantes. Contraria contrariis curantur, las cosas contrarias se curan entre sí es la regla de oro de la farmacopea antigua.

La elaboración de medicamentos compuestos no sólo necesitaba de principios teóricos que permitieran determinar la cantidad y la cualidad de los elementos de la mezcla sino también de conocimientos prácticos. Avicena insiste mucho en su Canon en la necesidad de que los medicamentos simples inicien entre sí un proceso de interacción mutua a lo largo de un periodo más o menos dilatado de tiempo que denomina "fermentación". Juan de San Amando considera que ese periodo de tiempo puede durar meses y que sólo al final del periodo las propiedades de los medicamentos simples se han disuelto y aparece la nueva sustancia del compuesto. La necesidad de recopilar las normas de composición y preparación de medicamentos dio lugar a un género literario muy difundido en la Edad Media, los formularios médicos, llamados en latín antidotaria; es muy famoso el Antidotarium Nicolai compuesto en Salerno por Nicolás Prepósito y que es el fundamento de todas las farmacopeas posteriores. Los tipos de fármacos que suelen describirse son: jarabes, pociones, electuarios, aceites, esencias, julepes, píldoras, infusiones, fomentos, polvos, cataplasmas, triacas, etc. y por su efecto pueden ser colutorios, cordiales, dentífricos, eméticos, diuréticos, antídotos, pesarios, emenagogos, afrodisíacos, etc., todo un arsenal terapéutico que en sus líneas fundamentales ha perdurado hasta nuestros días.

Humanismo médico

El principal fenómeno que configura la materia médica de la Edad Moderna es el llamado "humanismo médico" que es un movimiento de aproximación a las fuentes de la Antigüedad clásica para efectuar exposiciones didácticas del saber de los grandes médicos de la Antigüedad o hacer ediciones de sus obras acompañadas de estudios críticos y comentarios. La obra de Dioscórides se editó repetidas veces durante el siglo XVI tanto en latín como en griego; entre quienes más contribuyeron en el mundo moderno al conocimiento de Dioscórides fue Pier Andrea Mattioli (1500-1577) cuya edición italiana se reimprimió diecisiete veces. Ediciones similares realizaron el español Andrés Laguna, médico segoviano que vivió de 1511 a 1559, el portugués Amatus Lusitanus (1511-1568) y el alemán Valerius Cordus (1515- 1544) que se vieron facilitadas por la aparición de la imprenta y fueron puestas a disposición de cualquier lector interesado. También se imprimieron los herbarios medievales como el Antidotarium de Mesué el joven o el Canon de Avicena.

El desarrollo de la botánica alcanzó un gran avance al que contribuyeron dos innovaciones de orden técnico que se pusieron en marcha, la primera fue la conservación de plantas entre hojas de papel sometidas a presión moderada y que después se montaban en papel rígido lo que permitía conservarlas indefinidamente y la segunda innovación fue la incorporación de ilustraciones de plantas dibujadas y a veces pintadas a partir de especies vivas. Una de las obras más completas de este periodo es el De Plantis libri XVI de Andrea Cisalpino (¡519-1603) en donde se ordenan y describen 1500 plantas explicando incluso su fisiología. La aparición de estos nuevos herbarios estaba en estrecha relación con el progreso de la botánica manifestado por la aparición de los jardines botánicos.

Madurez de la medicina

La madurez de la Medicina tiene lugar en el paso del siglo XVIII al XIX con el desprendimiento del legado galénico que heredaba como un lastre, en donde destacaba la enorme complejidad de la farmacopea caracterizada por la agresiva polifarmacia aún más recargada y que hacía que los médicos empezaran a mirar con desconfianza sus propios recursos. Había un importante retraso en la química orgánica y ello impedía explicar el mecanismo de acción de antiguos medicamentos así como también el que hubiera una verdadera experimentación farmacológica y explica hechos tan paradójicos como el primer fracaso de la digital, William Withering no fue capaz de dilucidar si su acción se desarrollaba sobre el corazón o sobre el pulmón aunque fue la primera aportación científica al conocimiento y el empleo de ese fármaco. Se conocieron las aplicaciones terapéuticas de otros muchos remedios vegetales como la belladona o el cornezuelo del centeno.

Frente al intento de conocer la acción de los medicamentos aparece una corriente, conocida como hipocratismo, que desconfía de las posibilidades terapéuticas del fármaco y que se basa en el principio de Hipócrates de que el médico debe primero no lesionar y cuya exageración llevó al nihilismo terapéutico de los médicos del siglo XIX, es decir a la renuncia al tratamiento por su inutilidad. Por esa época surge la corriente de la homeopatía iniciada en 1810 por Hahnemann y que preconiza la utilización en dosis mínimas de medicamentos con cualidades semejantes a las de las enfermedades que se quieren tratar (similla similibus curantur).

Con la aparición de la química como disciplina moderna a comienzos del siglo XIX surge un avance importante para la introducción terapéutica de nuevos medicamentos y así se crea en Alemania por Buchheim en 1850 el primer instituto de farmacología experimental que puede considerarse como precursor de la moderna Farmacología, en él se estudiaron productos tan importantes como los anestésicos, la quinina o el arsénico; su obra fue continuada por su discípulo Schmiedeberg que junto con Paul Ehrlich han hecho que la farmacología y la terapéutica experimental alcancen la mayoría de edad que hoy tienen estableciendo el conocimiento preciso de la relación entre la composición química y la acción biológica de los fármacos.

La síntesis de la urea en 1828 por Wöhler demostró que la materia orgánica puede ser producida artificialmente en el laboratorio, aunque la evolución de la química hizo patente otro hecho no menos importante como fue la capacidad del hombre para obtener, también por síntesis, sustancias no existentes en la naturaleza y capaces de tener acciones no conseguidas por las sustancias naturales. En 1910, Ehrlich encontró una sustancia, derivada del arsénico, que llamó salvarsán (arsénico que salva) y que introducida en el organismo destruía gérmenes patógenos (treponema pallidum) sin lesionar el organismo enfermo.

Puede admitirse que la era moderna de la farmacoterapia comienza con el descubrimiento del salvarsán y desde entonces han sido innumerables los fármacos introducidos y terapéutica y muchos más los que se han quedado en el camino. Notable fue el descubrimiento en 1928 de la penicilina por Fleming por la contaminación con penicillinum de una placa de Petri en la que se inoculó un estafilococo, o el de las mostazas nitrogenadas en 1942 como primer fármaco de una serie de agentes antineoplásicos. También es de destacar la eclosión hacia 1950 de la psicofarmacología con el conocimiento de la acciones antipsicóticas del principio activo de la planta rauwolfia y, sobre todo, con el descubrimiento de la clorpromacina.

La introducción de los productos biológicos marcó otro hito importante y su comienzo data del aislamiento en 1921 de la insulina por Banting y Best o el desarrollo de los anticonceptivos hormonales en los años 1960. Hoy se ha dado un paso más como es el diseño de fármacos a partir del estudio de un proceso bioquímico y del conocimiento de la información suficiente para poder precisar cuales son los determinantes de la actividad del fármaco en una reacción concreta y específica.

 

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