Si ya es mayor y quiere prevenir la demencia, fomente su lectura, déle a la baraja...y vaya bailar


José Manuel MARTÍNEZ LAGE
Profesor y consultor de Neurología de la Universidad de Navarra.

Entre los médicos que se creen eruditos y versados, lo que dice el New England Journal of Medicine (NEJM) va misa. Es la versión actual del "Roma dixit" para acatar las opiniones y los resultados de las investigaciones que en sus páginas se publican. Lo cierto es que el NEJM también se equivoca, que no es la "biblia" de la medicina. Por ejemplo, en 1986 publicó un trabajo de William Summers sobre el beneficio del medicamento tacrina para la enfermedad de Alzheimer que resultó ser metodológicamente un fraude. E incluso le dedicó un editorial laudatorio del que tuvo que retractarse tiempo después.

No obstante, ese semanario médico goza de la mayor credibilidad entre la clase médica y los medios de comunicación dedicados a informar sobre temas de salud. Pues bien, en el número de 19 de junio del NEJM (página 2508) se publica un trabajo del máximo interés para tomar medidas preventivas frente a la aparición de demencia en las personas mayores. Los editores de esa revista han juzgado oportuno dedicar un editorial al asunto (página 2489) lo que es indicativo de la relevancia que le dan a los nuevos hallazgos encontrados.

Muy resumidamente, los autores de la investigación que trabajan en el Estudio de Envejecimiento del barrio del Bronx en Nueva York se plantearon conocer si la participación en actividades recreativas reduce el riesgo de demencia de las personas mayores o si tal participación se ve ya reducida en las personas que se encuentran en fases preclínicas de un proceso demenciante.

Para ello examinaron la relación que podría existir en 469 personas mayores de 75 años cognitivamente normales al inicio del estudio según que hubieran participado o no en actividades recreativas (medidas en número de días por semana dedicados a tales menesteres) y la aparición subsiguiente o no de demencia. Esa muestra de población fue seguida médicamente durante unos cinco años como media de manera sucesiva. Este tipo de estudio llamado epidemiológicamente prospectivo y la larga duración del mismo confiere a la investigación una altísima seriedad científica.

Al cabo de los cinco años de estudio, 164 sujetos presentaron demencia (61 de tipo Alzheimer, 30 de carácter vascular y 25 de naturaleza mixta o de otro tipo). Los factores que actuaron como protectores de o retrasadores de la aparición de demencia fueron: el dedicar tiempo a la lectura, participar en juegos de mesa, tocar un instrumento musical e... ir a bailar. No tuvieron semejantes efectos beneficiosos frente a la demencia el hacer crucigramas, escribir, participar en discusiones de grupo, realizar tareas domésticas, caminar, subir escaleras, andar en bicicleta, nadar o hacer de canguros. Es decir, que lo que realmente protege frente a la demencia, según este estudio, son las tareas que exigen un esfuerzo intelectual.

Descubrimientos portentosos

Los neurólogos y neurocientíficos llevamos 15 años centrados en el estudio de genes, proteínas y moléculas para encontrar solución al Alzheimer y a fe mía que los descubrimientos hasta ahora han sido portentosos. ¿Cómo hemos de asimilar e integrar los datos expuestos de que quienes desarrollan actividades, en principio recreativas pero demandantes de esfuerzo mental, desafían el determinismo molecular, hereditario y de factores de riesgo cardiovascular para padecer demencia a edades avanzadas? Por fortuna no hay contradicción entre lo biológico y lo psicosocial. Cada vez está más claro que el genoma no lo es todo pero que nada escapa a su influencia y que la interacción genes-ambiente es la explicación más cabal de la inmensa mayoría de los casos de Alzheimer. Usted no puede cambiar sus genes pero puede modificar muy sensiblemente su influencia sobre las enfermedades que, dada su edad avanzada, le amenazan.

La influencia de las actividades recreativas que exigen atención, razonamiento, memorización, asociación de datos y evocación de aprendizajes no actúan por arte de birlibirloque. Recuerde que las moléculas configuran nuestra mente en el cerebro (la noción del alma es tema de otra dimensión) a lo largo de nuestros años infanto-juveniles pero que nuestra mente, en su trabajo, hace moléculas en nuestro cerebro durante nuestra vida adulta y aún anciana. Y estas moléculas son necesarias para el funcionamiento de nuestras neuronas, la conexión entre ellas (sinapsis) y el buen funcionamiento de nuestros circuitos neuronales que nos permiten aprender, recordar, evocar, razonar, pensar, hablar, sentir, movernos, actuar y cuantas actividades intelectuales son propias de los humanos y les separan radicalmente de los primates no humanos.

Cuando nos entretenemos con pasatiempos que exigen activar nuestra mente no solo reforzamos las sinapsis de nuestras neuronas (poseemos en la vida adulta aproximadamente un billón de ellas en nuestro cerebro) sino que también creamos nuevas sinapsis. Quien a los 70-75 años es más billonario en sinapsis, puede perder algunos millones sin que ello traiga consigo deterioro cognitivo. Además, el trabajo intelectual estimula la formación de nuevas neuronas (proceso que se llama neurogénesis) precisamente en las estructuras cerebrales responsables del aprender y recordar (zona del hipocampo). Así ese esfuerzo intelectual, aunque tome la forma de divertimento, estimula cambios plásticos en circuitos cerebrales que compensan los cambios patológicos que se van produciendo como consecuencia de la edad y de las enfermedades que le acompañan (Alzheimer y pequeños infartos cerebrales).

Todo cuanto he expuesto justifica de lleno el recomendar a los mayores que lean mucho a diario - y no precisamente prensa del corazón-, que practiquen muy a menudo los juegos de mesa (juego de damas, ajedrez, dominó, parchís, tute, julepe, mus, continental, etc. pero no el anodino bingo) y que se animen a bailar con frecuencia si su sistema locomotor se lo permite aunque tengan que pasar previamente por una academia. Será beneficioso también tratar de aprender un idioma nuevo y, de acuerdo con el estudio comentado del Bronx neoyorquino, tocar un instrumento musical. Van a ganar con ello calidad de vida y es posible que desarrollando estas habilidades y costumbres alejen el inicio de una demencia.

 

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