FERIA DE COLMENAR VIEJO

Los novillos por encima de los novilleros

Miguel Ángel de Andrés (Madrid)

Sábado 27 de agosto. Primera de Feria. 6 novillos de Fuente Ymbro, bien presentados, encastados, flojos y nobles en general, David Mora (palmas y palmas), Emilio de Justo (oreja y oreja) y Alberto Aguilar ( palmas y oreja). Emilio de Justo salió a hombros por la Puerta Grande.

El número de orejas cortado en la primera de Feria de Colmenar Viejo puede llevar a engaño, y no porque no las pidiera el público, que sí lo hizo, sino porque lo que pudiera haber sido una tarde triunfal para los tres novilleros, se quedó en un quiero y no puedo. Sin pretender ser severo con los novilleros, al fin y al cabo están en el periodo de aprendizaje para ser matadores de toros, aprecio, en general, una falta de empuje en este este estamento, de deseo de hacer el toreo de verdad; y por el contrario, un exceso de abuso de feos detalles como es el de colocarse fuera de cacho o el de torear muy despejados.

En resumen, una tarde en la que Emilio de Justo cortó dos orejas y salió a hombros, Alberto Aguilar, cortó una al que cerraba festejo y David Mora no pasó de escuchar palmas, tras seis faenas muy parecidas con ambas manos. Pero en los tendidos, entre los buenos aficionados que tiene esta plaza, quedó la sensación de que podían haber hecho más, los novillos lo llevaban dentro.

Bochorno de Ortega Cano y destello de Cortés

Domingo 28 de agosto. Segunda de Feria. 6 toros de La Martelilla, que sustituyeron a los anunciado de Albarreal por el problema de la lengua azul, desiguales de presencia, en general terciados aunque con astas desarrolladas, nobles y con buen juego en general; 6º bien presentado, bravo y noble. Ortega Cano (División de opiniones y bronca), Sebastian Castella (oreja y saludos) y Sebastián Cortés, que sustituía a Serafín Marín lesionado ( palmas y oreja). Media entrada. Se guardó un minuto de silencio en el aniversario de la muerte de Manolete.


Una de las peores manifestaciones con las que uno se puede encontrar en una plaza de toros es la de que el público pierde el respeto a un torero; peor aun es, si el coleta es el que provoca esta situación. Lo de Ortega Cano en Colmenar se encuentra dentro de este apartado. En su actuaciones ante sus dos enemigos, unos toritos chicos y nobles que no hicieron nada raro, eso sí con unos grandes y astifinos pitones, su actuación fue lamentable. Mostró toda la impotencia de un hombre que no está en condiciones para ponerse delante de la cara de un toro. En su primero, la bondad de cierto sector del público perdonó su incapacidad; pero en su segundo los airados espectadores impusieron la burla y la mofa contra un torero incapaz de realizar su oficio. Tras la muerte de su segundo enemigo recibió una fuerte bronca.

Sebastián Castella dejó ciertas notas de su calidad, en todo momento pisó los terrenos adecuados y dio muestras de un valor sereno. En su primero lo intento todo pero el toro muy débil no lo permitía grandes floritura; mató de estocada y se le concedió una oreja. En el que hacía quinto, un manso con querencia a las tablas, se quedó muy quieto en terrenos muy comprometidos para obligar al toro a tomar la muleta; todo el mérito del torero. Mató mal, de cuatro pinchazos, media y descabello, teniendo que saludar tras el arrastre del toro.

Sebastián Cortés que entró en el cartel sustituyendo al herido Sebastián Marín, en su primero intentó cumplir ante un enemigo flojo y al que no se le podía forzar. Fue en el sexto, el destello de la tarde que finalmente no llegó a prender la llama del triunfo. Con un magnífico ejemplar por presentación y comportamiento, bravo y noble, que tomó dos buenas varas bien ejecutadas por el picador Juan Antonio Carbonell, y que había sido recibido con unos lances a la verónica lentos y ganando terrenos hacía los medios por Cortés. "Cecerito", que así se llamaba el bravo toro, siguió con su buen son en banderillas, tercio en el que se desmonteró Raúl Corralejo. El bello ejemplar, de seis años de edad, pues según los datos obrantes había nacido en agosto del año 1999, llegó a la muleta con un buen son, pidiendo pelea y distancia, Sebastián Cortes así lo entendió y le dio tres serie con la mano derecha muy templados y ligados para rematar con los de pecho profundos. La plaza se venía abajo cuando se cambio la muleta de mano, y aquí cambio todo, los naturales le salieron deslucidos y enganchados, volvió a cambiar de mano y tampoco los pases resultaban tan templados y ceñidos, pero el toro seguía embistiendo, recurrió al unipase y sacó calidad en algun suelto; la faena se había venido a menos y no por culpa del toro; la quiso cerrar con manoletinas y adornos por ver si volvían los ánimos; pero no. Mató de metisaca y estocada desprendida, y el toro se tumbo cuando había sonado un aviso. Se le concedió una oreja y al toro se le aplaudió en el arrastre. Cierta desilusión entre los aficionados no por lo que fue, si no por lo que podría haber sido.