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Cante hondo de Amador,
empaque de Curro Díaz y clasicismo de Palacios
en Leganés
25/02/2006
Emilio Martínez. Madrid
Terna de artistas y olé. Y así
fue. Porque el cante hondo de Manuel Amador (palmas
y oreja), el empaque de Curro Díaz (que
cortó dos orejas y salió a hombros)
y el clasicismo de Andrés Palacios (oreja
y ovación) cascabelearon en el último
festejo de la Feria del Carnaval de Leganés
que ofreció la nueva empresa de 'La Cubierta'.
Sólo desentonaron los descastados toros
de El Serrano.
El
cartel rezumaba torería de la buena. Y
por una vez, y ojalá sirva de precedente,
la práctica correspondió con la
teoría. O sea que fue una corrida de expectación
que acabó bien, sin decepción, como
tantas otras veces acontece. Del milagro se encargó
la terna de los albaceteños Manuel Amador
y Andrés Palacios y el jienense Curro
Díaz, por encima de un encierro de
El Serrano bien presentado y sospechoso -no escandaloso,
eso sí, excpeto el primero- de pitones,
pero descastado y mansote. Hubo dos tercios de
entrada.
La historia ya empezó bien con la suavidad
y el emmpaque que rezuma por todos su poros Curro
Díaz, que ante un enemigo flojote y
mansote pero muy noble toreó de salón,
a media altura y con detalles de exquisita torería.
Aún se gustó más en el cuarto,
con algo más de fuerza, lo que le sirvió
al coletudo para un trasteo más largo y
que le permitió el lucimiento en series
cortas de redondos y naturales. A ambos los despachó
a la primera, aunque la tizona cayera desprendida
en el postrero de su lote.
No se quedó atrás el calé
albaceteño Manuel Amador, quien
parece ir a por todas este año. Porque
incluso con el segundo de la tarde, muy quedado
y reacio a embestir, fue capaz de fajarse sin
perder nunca los papeles y extrayéndole
muletazos sueltos de arobadora belleza. Antes
había dejado para el recuerdo un ramillete
de excelsas verónicas puro cante hondo.
Como realizó con el quinto, distraidote
y sin celo pero con el que cascabeleó una
sinfonía de detalles con la sarga -los
de pecho, dos trincherazos y uno de la firma fueron
monumentos escultóricos- que le brotaban
de su inspiración, amén de varios
muletazos puros del toreo fundamental por ambos
pitones. Además, acertó con la espada
-en el otro, no- y se ganó una oreja con
fuerte petición de la segunda.
Y si Amador le echó bemoles, más
aún mostró su paisano Andrés
Palacios con el peligroso tercero, que llegó
a empitonarle por los terrenos tan comprometidos
que pisó el albaceteño, quien también
tuvo tiempo de lucirse con apuntes clásicos
en la primera parte de la faena, que rubricó
con un espadazo. El último salió
con codicia, pero fue demudando en bronco y llegó
a la muleta a la defensiva y muy peligroso, por
lo que Palacios lo intentó a tope pero
era imposible y lo mató con rapidez nuevamente.
En definitiva que en Leganés se vio torear
de verdad de verdad de la buena, lo que en esta
época mayoritaria de pegapases, tiene una
importancia capital. Felicidades por el detalle,
señor empresario Paco Romero, y
que cunda el ejemplo. Porque sus colegas aquí
tienen tres espadas con arte, distinción
-también en su acepción de ser distintos-
y personalidad a raudales.
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