El enemigo está en el palco
11/05/2006
Rosa Jiménez
1ª feria de San Isidro. Lleno. Cinco toros de "Martelilla", mal presentados, flojos y descastados. Noble el sexto. Al ser devuelto el 2° y correrse turno el 4° fue un sobrero de Arruci, manso e inválido.
Miguel Abellán, ovación y silencio.
Antón Cortés, silencio tras un aviso y silencio.
Salvador Cortés, silencio tras un aviso y aviso y palmas en la despedida.
Da lo mismo cómo se llamen en los carteles. Da igual si es en feria o fuera de ella. Este primera de San Isidro ha sido una inyección de desánimo en la afición que, por otra parte, se ha portado demasiado civilizadamente para la basura que les tocó padecer.
Desde el palco, ahí donde se sienta el representante de la autoridad, el garante del cumplimiento del reglamento, desde ahí precisamente llegaron los problemas. Parece que van de la mano la ausencia de Florito y el éxito. La primera plaza del mundo ha de ser el espejo en que se miren el resto. Soportando toros por los suelos y el bochornoso espectáculo de los banderilleros-grúa (no quiero ni pensar lo que Gallardón podría hacer si descubriese esta funcionalidad de los hombres de luces) hacen un flaco favor a la fiesta.
Poco importa que Abellán siga voluntarioso y torpón, además de falto de ideas. Se puede dejar de lado el profundo bache que atraviesa Antón Cortés. Me resulta más difícil disculpar a Salvador Cortés porque no basta con voluntad y cites de lejos. Para ganarse algo más que palmas en Madrid no tiene que esconder la pierna. Menos aún echar el viaje fuera. La ligazón en el toreo, aún siendo importante, no debe ser base del destoreo.
Lo importante de esta primera de feria es que colaron una novillada bien criada como corrida de toros. Una corrida sin el trapío que necesita la primera plaza del mundo. Un compendio de descaste e invalidez para empezar la fiesta.
El enemigo estaba en el palco, presidiendo, como si la cosa no fuese con él.
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