Fernado
Cruz da la cara
14/05/2006
Emilio Martínez
Cuarta de la feria de San Isidro. Toros de
Araúz de Robles, desiguales de presentación -1º
y 6º, muy justos de trapío- y juego -2º,3º y 4º,
encastados, 1º, manejable, 5º descastado, 6º inválido-.
Manuel Amador: pitos, bronca tras aviso; Paulita:
silencio, silencio. Fernando Cruz: oreja, ovación.
Plaza de Las Ventas, 13 de mayo. Lleno.
Los
juguetones hados del destino decidieron repartir
fortuna desigual en la tarde del sábado sobre
la cátedra venteña. Tanto para coletudos como
para bicornes, éstos en su catadura, y, como corolario,
para los espectadores, ora apasionados por los
sucesos en el ruedo, ora aburridos, ora enfadados.
Son los ingredientes habituales en un festejo
táurico y olé.
Así, la cara fue para Cruz. Claro que el madrileño,
de carrera dignísima y lenta porque siempre estuvo
al margen de las tropelías que manejan la fiesta.
Por ejemplo, siempre se negó a pagar por torear,
viendo reducidas sus actuaciones, salvo en Francia,
donde rigen otras reglas más racionales. Mas sin
prisas pero sin pausas, que se decía en tiempos
de la oprobiosa (dictadura franquista, digo/escribo),
Cruz va ganándose un sitio en el escalafón. A
sangre y fuego, eso sí.
Como este sábado, cuando a base de tragar más
que una legión de hambrientos, de consentir y
jugársela sin trampa ni cartón, pudo primero y
se lució después por ambos pitones con el encastadísimo
y problemático tercero de la tarde, al que despenó
de un estoconazo hasta los gavilanes que ya casi
valía la oreja. Todo apuntaba a que habría repetición
de la jugada en el sexto, pero el animal, también
encastado, fue acusando flojera de remos hasta
demudar en inválido. No obstante, ahí están las
credenciales de un gran torero y un gran matador,
porque a éste lo pasaportó también de un soberbio
volapié.
Paulita, que brilló en un ajustadísimo quite por
chicuelinas, en cambio, fue incapaz de aplicar
la técnica y ortodoxia de Cruz ante el segundo,
de condición similar al del madrileño. Y aburrió
a los tendidos con el descastado quinto, que no
quería pelea, ni el aragonés fue capaz de tomar
otros caminos que el sopor.
Pero la auténtica cruz, un calvario (digo/escribo)
fue para Manuel Amador, con el ánimo por
los suelos; o sea al revés de cómo hay que tenerlo
(y venir) en Madrid. Ni un apunte a la verónica,
como el verano pasado en este escenario, cuando
lo bordó, ni 'na' de 'na'. El calé deambuló por
la periferia de sus enemigos (para él, quizás
colaboradores para otro compañero) y 'redondeó'
su (también) oprobiosa tarde fracasando igualmente
con las armas toricidas.
Destacar finalmente, esto debería ir en portada
del periódico, la magnífica actuación de dos varilargueros,
auténtica noticia en estos tiempos posmodernos
y horrorosos en el primer tercio con una mayoría
de pésimos profesionales. Pues bien, se lucieron
Diego Ochoa en el segundo y Pedro Iturralde
(qué sabor a jazz tiene tal nombre) en el tercero.
Loor y pleitesía a ellos.
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