Tejela se lo pasa cerca
24/05/2006
Rosa Jiménez
14ª Feria. Lleno de 'No hay billetes'. Toros de El Puerto de San Lorenzo, correctos de presentación. Corrida noble aunque distraída de salida. Tercero y cuarto se ovacionaron en el arrastre. El Fandi, silencio y silencio. César Jiménez, silencio y silencio. Matías Tejela, oreja y ovación con saludos.
El público anda como loco, con la obsesión de la Puerta Grande. Ya no se busca el deleite de una buena faena, un lance, un detalle o un quite. La lidia, desde que se descuida y hace todo al contrario -¡menuda forma de ponerlos en suerte al caballo!- ha perdido gran interés.
Lo que prima es ir a la plaza a sacar un torero en hombros de costaleros pagados. Por eso todo el mundo estaba con que si Tejela salía llevado calle Alcalá arriba metidos los genitales en el cogote de un tío de pago -¿contemplará este tipo de suertes la nueva ley de prostitución?-. Me quedo con la tanda de naturales más ceñidos de la feria. El mérito de este chico, aún falto de despaciosidad es la cercanía con que se pasó el toro por los muslos. En el sexto echó mucho más valor, pero no terminó de cuajar una faena de estimables pasajes emborronada con el estoque.
La corrida del Puerto de San Lorenzo, muy en lisardo, tuvo la nobleza como virtud. Haciedo cositas de manso de salida, tardeando y sin entrega, hechos propios de un encaste frío terminaron repetidores -con un airecillo de indiferencia en la embestida- en la muleta.
El Fandi volvió a su peor versión, la de “desgarramantas”. Y si en algo destacó fue en los recibos de capote
César Jiménez quería que esta tercera tarde fuese su consagración. En cambio fue la constatación. Dejó patente que los toros le tropiezan demasiado en los engaños. Evidencia de su falta de temple, aunque ha mejorado sus maneras. Que hace la faena, por bonita que sea en los terrenos que el toro impone y que, sobre todo en el quinto, no entendió al toro. ¿A quién se le ocurre comenzar de rodillas (¡ni para fregar!) por alto? Precisamente él si que sabe llevarlo largo aunque sea genuflexo para enseñarlo a embestir, prefirió la espectacularidad y la ligazón a cambio de quedarse sin toro. Lo ahogó.
En una feria de distancias fallidas, líneas rectas y apretones en el tendido se agradece que un torero se lo pase cerca toreando. ¡Adiós al feo recurso del arrimón!
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