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El quinto de la discordia

30/05/2006
Rosa Jiménez Cano

19ª San Isidro. Lleno de "No Hay Billetes". Cinco toros de D. Celestino Cuadri, serios y bien presentados, flojos en su mayoría y desarrollando sentido. El quinto el más encastado del encierro. En cuarto lugar, un sobrero de Arucci, manso . El Califa, silencio y silencio. López Chaves, ovación con saludos y pitos. Javier Valverde, ovación y silencio.

La mayoría de las crónicas contarán las barrabasadas de los cuadris y no sé cuántas cosas más. No es nada nuevo, sólo que como cada vez salen menos los toros así, se extrañan y es mejor resumir diciendo esto.

No fue la gran corrida que todo aficionado desea pero sí que hubríamos disfrutado mucho más del juego de la corrida si los picadores -no se olviden, a las órdenes de su matador- no hubieran masacrado los toros.

El Califa está como Boabdil, todavía sin saber qué hizo él para merecer esto. Pasó desapaercibido sin terminar de enteder a sus enemigos. Estaba tan a otra cosa que amenazó con matar al cuarto con el estoque ¡de aluminio!

Javier Valverde, firme y seguro, en Madrid suele dejarse ver más que en otras plazas. Es consciente de lo que le debe a la capital del reino y no escatima en esfuerzos. Espeluznante la cogido -por suerte de escasas consecuencias entrando a matar al tercero- y gran estocada a un sexto con el que no hubo entendimiento.

López Chaves venía a Madrid no sólo con las ilusiones del amigo Suárez Guanes puestas en él, sino también, con parte de la afición espectante tras sus logros en Sevilla con esta misma ganadería. Pudo con su primero e incluso recetó un par de tandas ligadas y meritorias. Sabiendo llevar al toro y desengañándolo cuando hacía por él.

Con el quinto la historia fue otra. Un toro encastado, mal picado, que terminó con un emocionante galope y la cara por las nubes. El toro, sin una pizca de tonto al tercer muletazo se enteraba e iba acortando el viaje. Así tras la emoción de arrancarse de lejos se creaba cierta decepción en el aficionado, volcado en cada arrancada. Tras el mal uso, nefasto, del estoque se le terminó por pitar a un torero noble y honrado dispuesto a mostrar un toro.

Esta crueldad, dicho sea con todos los respetos, nos la teníamos que guardar también para los que no dan tanto la cara, para los que escatiman esfuerzo, para los que se dejan ir toritos con las orejas colgando. De acuerdo que Chaves no estuvo a la altura del animal pero su generosidad al enseñarlo en su plenitud bien le podía haber ahorrado una bronca. Definitivamente, tenemos que tener dos raseros. Uno para los que vienen con el medio toro y otro para los que se la juegan con "el de las barbas". De lo contrario terminaremos por tener sólo tardes de las primeras, más fácil fácil de cantar, más cómodas para la empresa, más comerciales. Menos de verdad.


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