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Frascuelo,
excelsa torería con casi 60 años
19/06/2006
Emilio Martínez
Cinco Toros de EL SERRANO, con trapío, manejables,
nobles y flojos. 5º, sobrero de JUAN ALBARRÁN,
bien presentado y manso. FRASCUELO: Ovación con
saludos; palmas. ÓSCAR HIGARES: silencio; silencio.
FRANCISCO MARCO: vuelta tras petición; ovación.
Plaza de Las Ventas, 18 de junio. Un tercio de
entrada
"¡Cómo huele a torero!". La voz, salida
del sanedrín sabio que es el tendido 7 tras unas
verónicas sublimes de Frascuelo en un quite
al bicorne de la confirmación de Francisco
Marco, encontró eco en el resto del graderío,
que la ovacionó batiendo palmas a la par como
premio a la excelsa torería del veteranísimo coletudo,
que cerró la serie con una media barroca de pura
antología.
Y es que el coletudo madrileño, que parece rescatado
de las páginas sepia de 'El Ruedo' o 'La Lidia'
de principios de siglo, perfumó con su torería
antigua, pero no alcanforada, la tarde venteña
con muchísimos detalles. También gustó la fácil
torería y ortodoxia de Marco, que como Frascuelo,
merece otro sitio en el escalafón. Higares
mató sus toros y pasó desapercibido ante
sus compañeros.
Los borbotones de arte que derramaba Frascuelo,
a sus casi 60 años, 60, se prolongaron de nuevo
con el percal ante su primer enemigo, con el que
luego volvió a florear excelsos muletazos en series
tan cortas como intensas, casi siempre rematadas
con trincherillas de ensueño. Pero el burel se
fue viniendo a menos y Frascuelo no pudo 'macizar'
su labor. Menos todavía con el cuarto, de menor
fijeza, que pedía un corazón caliente y valiente,
de esos de fajarse e ir a la guerra y Frascuelo
apuntó algún sortilegio más suelto antes de despenarlo.
Orejas, vueltas y estadísticas al margen, este
sumo sacerdote de la religión olorosa y flamígera
que es la fiesta, estremeció las fibras sensibles
de los aficionados y nos transportó a otras formas
de hacer la liturgia del toreo, desde el paseíllo
hasta los andares. Nos merecemos, y él también,
una repetición.
Como un torerísimo Francisco Marco, buen, variado
y entregado capotero (hasta a la hora de recibir
a 'portagayola' al sexto), y con un estilo pausado
y fácil preñado de clasicismo, ortodoxia artística
y creatividad con la flámula. La espada en el
de la confirmación (pinchazo feo y estocada desprendida)
y la flojera del último, que vio toda la plaza
menos ese presidente malísimo que es Trinidad
López, impidió al navarrico mejor
balance de orejas, vueltas y estadística. Mas
él y nosotros también merecemos su regreso.
No es así en el caso de Óscar Higares,
de menos voluntad y torería, que excepto unas
entonadas y suaves verónicas a su primero, anduvo
frío y vulgar con éste y con el sobrero algo áspero
que le correspondió. Eso sí, su actuación como
el descanso de los partidos de fútbol, sirvió
para la cháchara entre los asistentes. Algunos
de los cuales, por cierto, aprovecharon para preguntar
cómo iba Brasil en su partido mundialista futbolero
y olé ante Australia.
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