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Una veterana terna con toneladas de arte 'trasladó' a La Mancha la capital del toreo

31/07/2006
Emilio Martínez

Suman 168 años. Pero están a miles de años-luz en torería de las figuras, figuritas o figurones actuales. Y frente a las fruslerías de pureza que apuntan éstas, ellos, esta terna de oro escapada de las románticas postales de 'La Lidia', suman toneladas por millones. El Inclusero, Frascuelo y Sánchez Puerto se conviertieron este fin de semana en protagonistas, en los máximos oficiantes artísticos de la fiesta en un pueblecito manchego que a su vez se transmutó en catedral y capital del toreo. Porque, además, este trío de ases de la baraja táurica es favorito de la exigente y sabia afición madrileña, y centenares sus catecúmenos y otros de muchos otros lugares viajaron en sacrosanta procesión a Cabezarrubias del Puerto para disfrutarlos. Las Ventas, así, se trasladó a La Mancha, donde la terna cortó las dos orejas y el rabo de sus bicornes.

En primer lugar, El Inclusero, que con su 'cainismo' habitual pechó con el peor de los toros de Román Sorando y con un vendaval de aire que se levantó durante su actuación. Pero Gregorio Tébar le echó la casta que le faltaba a su enemigo y además de lucirse con percal y flámula, anduvo valentísimo, lidiador y pleno de lirismo épico, siendo premiado con los máximos trofeos.

Después Frascuelo cascabeleó arte, barroquismo y perfección frente al mejor bicorne, con el que ahogó los corazones de los aficionados merced a su explosión de belleza simpar, rematada con un espadazo que también llevó a sus manos las dos orejas y el rabo del burel. Como el local Antonio Sánchez Puerto, que aunó mucha técnica a sus condiciones de ortodoxia, clasicismo y olé, única forma de sacar agua de aquel pozo más bien mansote que le tocó e igualmente recorrió el animo con idénticos trofeos a sus compañeros.

Muy difícil lo tenía el novillero Rafael Castellanos, como le habría ocurrido a cualquier otro -figuras incluidas- para actuar tras la torerísima y asolerada terna. Pero el chaval, con menos sabor pero gran sentido de la responsabilidad y del toreo bueno, salvó la papeleta sobradamente y también con toda justicia echó en su esportón las orejas y el rabo de su enemigo. Total, un festejo que prometía ser utópico y -¡milagro, milagro!- lo fue. Viva el toreo puro. Vivan sus quijotes y sus aprendices. Este cartel hay que repetirlo. Tome nota quien corresponda.

Lucha por la utopía

Así que estos tres de los escasos sacerdotes con máxima categoría artística de la religión laica que es la fiesta oficiaron, como se pretendía, en una pequeña 'iglesia', Cabezarrubias del Puerto, en las manchegas tierras quijotescas. Un lugar que viene al pelo, porque los tres geniales coletudos, Gregorio Tébar 'El Inclusero', nacido en Albacete hace 59 años; Carlos Escolar 'Frascuelo', madrileño castizo y olé, donde nació hace 56, y Antonio Sánchez Puerto, que vino a este mundo precisamente en Cabezarrubias del Puerto en 1953, representan algo así como el viejo hidalgo: su lucha por la utopía, por la pureza en su forma de interpretar la gloria de Dios...

De ese dios táurico perdido en la mediocridad actual, en los toreros clonados en la vulgaridad; de ese dios táurico con el que sueña esa otra especie a extinguir por los taurinos profesionales: los aficionados dabuten. Que Dios, el auténtico, si es que existe, confunda y maldiga a los taurinos, traedores de las mayores desgracias imaginables a la fiesta, cada vez menos compulsiva y laica, cada vez menos olorosa y flamígera por su culpa, por su culpa, por su maldita culpa.

Bien es verdad que esta gloriosa y asolerada terna, favorita de la catedral del toreo - pongamos que hablo de Madrid-, se encuentra a su vez entre los grandes/grandes de la afición venteña, entre sus inigualables y admiradísimos paladines de Madrid. Una plaza donde el trío ya sabe lo que es embelesar y triunfar a ley, puerta grande incluida; donde sólo oficia Frascuelo y poco y con divisas duras procedencia 'Tío Picardías' -a ver si hay suerte y un bicorne lo 'espiaza', según parecen pensar la empresa y los turiferarios peloteros de la mayoritaria prensa taurina-.

Porque ni la actual firma regidora de los destinos de la Monumental -esperancitas, ladrillos y encarcelamientos al margen- ni la anterior han tenido a bien el soplo de dignidad que sería anunciar al 'Inclu' o a 'Puerto' -versión Sánchez, no confundir- Porque ni los 'Choperitas' ahora ni los Lozano antes quisieron desprenderse de la desvergüenza de no servir a sus mejores clientes que los reclaman. Que aspiran al sueño, ¿porqué utópico?, de ver 'acartelados' a Gregorio y a Antonio, a Antonio y a Gregorio en su predio venteño. Y, por el mismo precio, todavía mejor: repetir esta combinación mágica de Cabezarrubias del Puerto.

Aficionados dabuten

Claro que su ejemplo, tan seguido por sus colegas empresarios -y por ellos mismos en otras de sus posesiones- se entiende desde el punto de vista del público en general, aunque no de la especie a extinguir ya citada. Porque los catecúmenos fetén, los aficionados dabuten, que nada pintan en la fiesta a pesar de su papel como correas de transmisión de la tradición, ya saben que la inmensa mayoría absoluta de las figuras, figuritas y figurones actuales son mediocres -o sea, sin ambages, muy malos-.

Pero -como aconteció en Cabezarrubias- el público de cualquier edad o los jóvenes, caso de verlos derrochar clasicismo y pureza a raudales y dejarse estremecer en sus fibras sensibles por esta gloriosa terna y su toreo puro, se contagiaría y ya lo exigirían 'per in saecula saeculorum'. Y, naturalmente, entonces, qué iban a hacer los fandis, jiméneces, jesulines, finitos, riveras, padillas, manzanillas, cordobeses etc.

Aunque, mira, eso sí, a los señores empresarios les lanzo esta idea: ya que el manipulado negocio al que se dedican se lo impide, sí que podrían repetir fuera de abono -para que no se den las comparanzas a que me refería líneas arriba- tan afortunado cartel, como corrida de toros o como festival. Algo así como el impuesto revolucionario a favor de la fiesta verdadera y olé. Algo así como la expiación de sus culpas. Algo así como la cuadratura del círculo. Por imposible, conociéndolos.

Pero, sueños al margen, y volviendo a hablar/escribir de dioses, habrá que llevar la montaña a Mahoma. Hubo que peregrinar a Cabezarrubias para ver torear con bicornes de Sorando a esta terna de lujo, junto a novillero Rafael Castellanos -¡qué suerte la tuya, chaval…lo que pudiste aprender…lo que se te pudo pegar!-. Valió la pena realizar tan maravilloso y atractivo viaje, tan taurómaca 'hégira', para guardar un recuerdo imborrable que perdurará también 'per in saecula saeculorum'. Amén.


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