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Triple petardo de
Ponce
26/08/2006
Emilio Martínez
Toros de JOSÉ LUIS PEREDA (el 4º con el hierro
de LA DEHESILLA), bien presentados en general,
descastados y flojos. ENRIQUE PONCE: algunos pitos;
bronca tras aviso. MIGUEL ABELLÁN: silencio; ovación
y saludos tras aviso. MIGUEL ÁNGEL PERERA: oreja;
ovación con saludos. Plaza de Colmenar Viejo.
26 de agosto. 1ª de feria. Poco más de media entrada.
Los
abundosos turiferarios, una plaga, con que cuenta
Enrique Ponce lo tienen fácil. El "maestro
de los maestros", el "mejor coletudo de
todos los tiempos" -dicen estos corifeos-
y olé -digo/escribo yo- dio vuelta al ruedo en
uno de sus bicornes y escuchó palmas en el otro,
ambos en la primera corrida de la feria de Colmenar
Viejo. Es un balance que roza los mínimos de su
estética, manierista: De su carrera llena de triunfos,
sí. Pero, nos atrevemos a decir/escribir -entonando
el 'mea culpa' y aceptando su incorrección político-táurica-
también de desafueros tramposos: que si el pico,
que si el ventajismo, que si la poca utilización
de la izquierda, que si las cantidades industriales
de avisos, que si…
Pero semejantes y abundantes 'pelotilleros' de
la figura, aunque no mentirían, como tantas veces
en la cara del toro su santificadísimo ídolo,
proclamarían una verdad a medias. Como puede leerse
en la ficha, el saldo estadístico del valenciano
fue el de algunos pitos en uno y bronca en el
otro, que se repitió al abandonar la plaza. Y
es que, ante un encierro descastadísimo, con animales
que debían llenar sus venas con horchata, por
lo de Valencia, mas no con sangre brava. Con animales
-me resisto a llamarles toros de lidia- del trapío
con que suelen salir en ese escaso lugar torista
-cada vez menos- que es Colmenar, con animales
no mansos, quia; descastados. Ayunos de codicia,
que gazapeaban y llevaban la testuz por las nubes,
sí; pero noblotes.
Pues bien, el "maestro de los maestros", desconfiado,
apático, torpe y agrisado, fue incapaz de alumbrar
un solo capotazo -el aumentativo no es, o sí,
por el tamaño del percal- ni un solo muletazo
-el aumentativo…-decente. Y, a la deriva cual
novillero en sus inicios, fracasó con rotundidad,
sobre todo con su segundo, incapaz hasta de meterle
la espada y recurriendo antirreglamentariamente
al verduguillo, con la complacencia del Delegado,
con el que luego departía sonrisitas en el callejón
-¿a quién defiende la autoridad?-. De ahí la vuelta
(detrás del primer animal, siempre en los terrenos
que éste quiso) y las palmas (de tango, durante
el desastre total del ese cuarto). Dos fiascos,
a los que se unió el de la taquilla, donde su
tirón -el de Ponce, me refiero- no apareció, pues
La Corredera sólo alcanzó algo más de media entrada.
En cambio, con un lote de similar catadura sí
brilló un fogoso, valeroso y a veces ortodoxo
Abellán, que lució variado con el capotillo
-el diminutivo sí es por el tamaño- se fajó con
ambos y también con la muletilla -el diminutivo…a
base de exposición, profesionalidad y honradez
torera. Aunque sus habituales fallos a espadas
dejaron en blanco su estadística de trofeos.
En cambio -también respeto al "monstruo",
-léase Ponce-, con un lote de condición idéntica,
sí cascabeleó un arrojado y clásico Perera,
que pisando terrenos comprometidos, con mando
en plaza y sobre sus bureles, les extrajo buenas
series por ambas manos y se llevó la única una
oreja -facilona, pero sudada- de la tarde.
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