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Brillan los 'adolfos' (más) y Millán (menos)
27/08/2006
Emilio Martínez
Toros de ADOLFO MARTÍN, bien presentados en general
aunque desiguales, codiciosos y encastados en diverso grado, flojos y nobles; el 3º, bravo. JESÚS MILLÁN: oreja;
palmas tras aviso. SÁNCHEZ VARA : silencio; silencio tras aviso en los dos. LUIS BOLÍVAR: división al saludar tras aviso; pitos tras aviso. Plaza de Colmenar Viejo.
27 de agosto. 2 ª de feria. Media entrada.
No es que fuera una maravilla de las maravillas, una entelequia, pero la corrida de Adolfo Martín tuvo movilidad, codicia y casta, aunque los bureles fueran de más a menos en la muleta, de lo que hay que culpar en parte a Sánchez Vara y Luis Bolívar, vulgarísimos. Las ha echado mejores el honesto ganadero de Galapagar, pero había materia para triunfar y sólo lo hizo a medias Jesús Millán, que sustituía al herido Antonio Ferrera.
Además, hubo un bicorne bravo, el tercero, que galopó con fijeza al penco, más que el resto, que ya es decir, pero al que Bolívar sacó enseguida, casi como sus compañeros, más pendientes de su propio lucimiento, que no alcanzaron, que de lucir la corrida. No obstante este animal sí dejó clara su bravura en el único puyazo. Los demás también entraron bien, con menor claridad, pero la prueba del algodón, o sea el segundo puyazo no llegó y nos quedaremos con la duda 'per in saecula saeculorum'.
Ante ese magníficop ejemplar, el colombiano, que sustituía a otro herido, Fernando Cruz, deambuló por acá y por acullá, sin sentido de las medidas y de las distanicas -o sea, encimista perdido- y fracasó rotundamente. Como en el sexto, con menor bravura y codicia, pero al que molió a derechazos o lo que fuera aquello.
No mucho mejor, quizás con un punto más de oficio, deambuló por allí Sánchez Vara, que también dio muletazos de todos los inventados y olé, pero ninguno bueno. Su vulgaridad aburrió a los tendidos y se cree, de fuentes bien informadas, que también a los bichos.
De modo que se salvó un más que suelto y relajado Jesús Millán. Fue en el que abrió plaza, al que muleteó con clasicismo y cierta hondura, aunque sin romperse por la falta de ritmo y de 'macicez' de su labor. No obstante se llevó una oreja más con justeza que con justicia y nos evitó el sopor. Con el cuarto, el de menos motor, lo intentó pero quizás escaso de ilusión y ambición también se aburrió, en este caso con mayor razón que Vara y Bolívar.
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