Colmenar, ya conquistada por el taurinismo, monta una tómbola de orejas y olé
29/08/2006
Emilio Martínez
Toros de ALBARREAL (el 2º, como sobrero), anovillados, excepto 1º y 5º, justos de trapío. Mansotes, nobles y muy flojos. escasos de EL FANDI: silencio; ovación. SEBASTIÁN CASTELLA: oreja; dos orejas. CÉSAR JIMÉNEZ: dos orejas; ovación. Plaza de Colmenar Viejo. 29 de agosto. 4ª de feria. Dos tercios de entrada. n 16
Cautivo y desarmado, el escaso ejército defensor de la legalidad y la pureza de la fiesta ha claudicado. O, mejor dicho/escrito: los taurinos, en otro golpe de Estado (y van…) se han hecho con la plaza. La otrora exigente y sabia afición colmenareña ha fallecido, para gozo de los profesionales –y sus pelotilleros, muchos de ellos, pluma u ordenador en ristre- de la fiesta comercialota y ‘light'. Y los pocos que quedan en esta tierra de toros, si es que van a los espectáculos, se limitan a lamerse las heridas sin atreverse a protestar. ¿Para qué, si aunque ganen alguna batalla, la guerra está perdida?
No es de extrañar que el usía, un horror como defensor del aficionado, pero, detalle a no olvidar, con la complacencia de la inmensa mayoría absoluta del cotarro, abriera una tómbola que premiaba con orejas a tutiplén. Es una buena metáfora de cómo está la fiesta, hecha una tómbola, tom, tom, tómbola. Y así, frente a un encierro comercialote y bobalicón –como casi siempre que actúa algún pupilo de Martín Arranz - sin trapío general, ni fuerza ni casta, cuyos bicornes fueron cambiados con un rasponcito, salvo el sexto, hubo óbolo presidencial en cinco unidades, cinco.
De las que sobraban cuatro, pues sólo Sebastián Castella frente al quinto hizo una faena digan de ello, pero que remató con un feo bajonazo. El francés aplicó su toreo de poder y escalofríos, taraceado a veces con detalles de muchos quilates y encandiló tanto al público que hasta le pidieron el rabo del toro, que según van las cosas pronto se concederá en esta plaza rendida.
De similar guisa se comportó Castella ante el segundo, cuya aún inferior fuerza no le permitió calar tanto, y al que mató de otro ‘espléndido' sablazo en la zahúrda. En cualquier caso, el francés se confirma como la auténtica reserva de torería valerosa y con calidad. Matar sin pichar Claro que peor fue lo de César Jiménez, que ni mató al tercero del que le regalaron las dos orejas. Porque colocó un pinchazo hondo también en los bajos -del que luego se 'jartó' a presumir con aspavientos-, y la ruina de toro se echó. Antes había deambulado por allí con envaramiento, artificiosidad y aflicción, aunque casi al final brilló en un par de series de naturales gustosos. Con el sexto bajó (más) el nivel y se mostró eléctrico y acelerado.
No se llevó ningún trofeo un espesote Fandi, porque no había echado a la tómbola, y así cómo le iba a tocar. Quiere decirse, y se dice, que el granadino no destacó ni en banderillas. A qué seguir contando, ¿no? Pues eso. |