| Logroño: ¿Continuará...?
18/09/2006
Javier Cámara
Tres cuartos de plaza.
Toros de J. Pérez Tabernero , desiguales de presentación y de comportamiento. El 1º como sobrero, desrazado y flojo. El 2º noble y colaborador, aplaudido en el arrastre. El 3º parado. El 4º noble, aplaudido en el arrastre. El 5º complicado. El 6º deslucido. Enrique Ponce , silencio y saludos tras aviso. El Fandi , oreja y silencio. Sebastián Castella , palmas tras dos avisos y silencio tras dos avisos.
Uno más. Otro de tantos, pero éste de esos que continúan por siempre jamás y nunca se cansan de hacerlo. Otro de esos que parecen no tener fin. Otro festejo que sumar a la ya dilatada carrera de Ponce , o la maratoniana, en ambos sentidos, temporada de ‘El Fandi' . Otro, que Dios quiera que ayude a coger el sitio con la espada al valiente Castella. Otro sin historia pero que continúa, sin transformaciones de guión, con aquélla que iniciaran Logroño con Ponce y Ponce con Logroño por el lejano septiembre del 90. Menos de dieciséis años porque hubo alguna pausa, no se piensen.
Historia aburrida, monótona, lúgubre, oscura, ‘avisada' y mediocre. Historia ayuna de triunfos, gestos o alardes. Historia con el fondo cariñoso de unos y el hostil de otro sector de una afición venida a menos y, poco a poco, peor educada. Historia, que continuará siempre que Ponce siga vistiéndose de luces para matar sus atanasios del alma, carentes de ésta.
Y es que los atanasios de Javier Pérez Tabernero lidiados hoy en Logroño huyeron, se rajaron, se distrajeron con casi todo, olvidaron emplearse, y dejaron cualquier atisbo de clase por la dehesa. Sin alma ni espíritu, vamos.
Así, se devolvió el flojo primero y en su lugar saltó un toro largo, alto, hondo, serio; de 671 kilos tan sólo. Zarandeó al montado en un primer encuentro y sin emplearse en el segundo y ser lidiado de forma desordenada, llegó al tercio de muleta justo de todo. Cuando no perdía las manos se desentendía de los nada desapercibidos engaños del de Chiva. Otro más para añadir a esa historia.
La desaprobación de parte del respetable cuando el valenciano quiso brindar a éste la muerte de su antagonista hizo que el torero se retractara de sus intenciones y que el resto de los allí congregados aplaudieran cualquier cosa. Como siempre, historia con un final feliz de tintes peliculeros. Es cierto; Ponce saludó tras una faena intermitente, llena de enganchones, pasajes despegados y un certero metisaca en los blandos fláccidos. Ovación cerrada, pero reconciliadora espero y deseo. ¿Continuará?
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