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Falló Pablo

19/09/2006
Javier Cámara

Logroño (La Rioja). Martes 19 de septiembre. 3ª Feria. Lleno de "No hay billetes" Dos toros de Murube para rejones, destacó el 4º aplaudido en el arrastre, y cuatro toros de Alcurrucén, bien presentados, deslucidos, excepto el quinto noble, con recorrido, y repetidor ovacionado en el arrastre. El rejoneador, Hermoso de Mendoza, silencio y ovación. Antonio Ferrera, que sustituye a Matías Tejela, silencio y vuelta al ruedo tras aviso. Antonio Barrera, silencio y silencio.

El más que discreto paso de Pablo Hermoso hoy por Logroño llevó al traste los objetivos que, de manera estratégica, se intentaban alcanzar por medio del festejo mixto incluido en el ecuador del abono. Y es que hoy, el 'Pablo levantará la feria', tan socorrido y tan usual en tantos y tantos ciclos, falló. Falló porque así también lo hicieron los astados murubeños destinados a la lidia ecuestre. Además, el de Estella, no fue hoy el mismo que otras tardes. Ese que siempre enloquece a las gentes de aquí arriba y deja al respetable con ganas de volver a ver toros, aunque sus matadores sean rejoneadores, como ahora más gusta y apetece.

Hoy, creo que ni eso. Su distraído primero no se prestó a ningún tipo de lucimiento. El otro, de mayor recorrido, duración y pies, colaboró con el montado a ratos. Y a ratos, Pablo templó bien las embestidas, clavó banderillas al estribo habiendo quebrado con anterioridad, y arriesgó, sufriendo las consecuencias, con rosas y cortas a dos manos por los adentros. Para colmo, mató mal a ambos. Una pena.

Los apalusos que hoy no se le dedicaron al centauro navarro se los encontró un, como casi siempre, acelerado Ferrera. Aplausos para tercios de banderillas brincantes y nada vibrantes. Aplausos que desembocaron en una intrascendente vuelta al ruedo. Y digo intrascendente porque el buen quinto de Alcurrucén le pudo la pelea. Ganó el toro claramente. Cierto que no se empleó lo más mínimo en el caballo. Pero fue a más, tuvo fijeza, clase, recorrido, codicia, capacidad de repetir una y otra vez y transmisión.

Con él, Ferrera se vio desbordado y atropellado pese a perder muchos pasos. Alargó en exceso los muletazos y por lo tanto, toreó sin someter, sin bajar la mano. No hubo entendimiento alguno. Ni al principio ni al final, pues Ferrera pinchó a un buen toro dos veces en la suerte contraria. Luego, en la natural, en la que exigían las condiciones del núñez, estocada importante cuyo efecto deseado se alcanzó con el toro emplazado en los medios. No hubo ningún toro que se le pareciera a éste. Saltarían así, los desrazados, mansos y deslucidos con remotas, pero existentes, posibilidades.

En el que hizo segundo, Ferrera destoreó. El toro invadió sus terrenos y Ferrera echó el paso atrás, descargó la suerte. Se defendió. Declinó entrar en terrenos de un toro serio, astifino y, por tanto imponente. Barrera pasó con más pena que gloria. Una pena que se refleja, como casi todas las tardes, en su toreo triste y aburrido. Colocó la muleta donde debió estar él. Y así, ausente toda la tarde, ofreció pasajes despegados a la par que vulgares. A su primero muletazos individuales, de uno en uno. Al último de la tarde, toreros doblones por bajo y ya, porque el toro le avisó y el torero se dio por enterado.


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