| Solitaria oreja del mejor lote
20/09/2006
Javier Cámara
La suerte, que echada a la hora del ángelus, sonríe a uno o a otros a partir del comienzo del festejo, quiso aliarse con ‘El Cid' . Desconozco si oraría al mediodía o qué, pero el sevillano se llevó el lote de la buena, por su variedad de juego y posibilidades, corrida de Arranz y Joselito . Lote dispar, pero de esos con los que uno sueña ilusionado con llegar lejos en la profesión del toreo. Bravo, encastado, temperamental, exigente, repetidor, codicioso y entregado fue el primero, alto de agujas, hecho cuesta arriba y ofensivo por delante.
El que hizo quinto, el de más peso, fue un toro bajo de manos, hondo, enmorrillado, cuajado y menos descarado de pitones, que se desplazó con encomiable tranco, alegría, nobleza y de manera acompasada, sin incertidumbres. Diferentes pero ideales. Ambos se emplearon en sus respectivos primeros encuentros con los montados para luego, echar la cara arriba uno y ser señalado tan sólo el otro. Un ‘Capricho' negro y un ‘Envilecido' colorado. Fueron, además, los únicos que se dejaron torear de salida.
Pero ‘El Cid' , lejos de ser aquel torero poderoso y capaz de someter toros encastados y difíciles, hoy no estuvo a la altura de las circunstancias. Cierto que a su primero ideó una faena de inicio valiente y arriesgado. Un todo o nada. Un cara y cruz con el torero citando en los medios y el toro arrancándose largo y pronto a los toques. Pero luego, Manuel dudaría. Desconfió en la cara de su enemigo y éste lo notó. Se vio el de Arranz vencedor y creo que ganó. Además no acertó el de Salteras a la hora de elegir las distancias y pecó al acortar éstas, pues el toro se arrancaba nada más ver el engaño de percal sorprendiendo al torero. Se vio desbordado en ocasiones el torero y tuvo que perder pasos y aliviarse demasiado pronto en alguna tanda. De hecho, el toro esperó cuando ‘El Cid' marchó a por la tizona engallado en los medios, pidiendo más pelea.
El otro, el quinto, fue de los que uno bien se llevaría a casa para robar muletazos en momentos inspirados, en momentos mágicos. Sirvió el de Joselito para que brillara la cuadrilla del de Salteras. Ante él, Manuel Jesús idearía una faena de corte sevillano, pinturera, graciosa, adornada pero de series excesivamente cortas. Faltó algo. Quizás la decisión, la firmeza. Y sobró el miedo a que el astado se terminara pronto, pues éste era uno de esos con los muletazos justos pero con los que se somete, los de la mano baja y enjundiosos, los que transmiten y emocionan. 'Envilecido' tenía unos cuantos de esos, los suficientes para poner a La Ribera mirando al Duero, boca abajo. ‘El Cid' no estuvo mal, porque era imposible, pero se dejó algo en el tintero. Eso sí, la estocada perfecta, de efecto fulminante, volcándose sobre el generoso morrillo de ‘Envilecido' .
En cambio a ‘El Juli' el azar matinal le dio la espalda para llevarse el lote más soso y deslucido. Suficiente, cierto es, para que pudiera demostrar su poderío, su técnica, su saber, su solvencia, su toreo. Faena de menos a más a su primero con una tanda de naturales en el ecuador del trasteo, instalada sobre el umbral de la perfección. Buenos de trazo, soberbios de temple y de superior hondura. El natural de los cánones antiguos aún hoy vigentes aunque casi nada frecuentados. Hizo, por tanto ‘El Juli' el toreo bueno de la tarde.
Cuidó mucho el madrileño a su soso y rajado, segundo. Todo muy suave, todo muy medido y preciso, cuidado y hasta meticuloso. Pero el de Arranz carecía de fondo, estaba vacío. Tal fue así que sin que Julián bajara la mano en momento alguno el toro, tras una faena corta, pedía la muerte. Una muerte que encontró aquí una habilidosa espada de ‘El Juli' .
Gallo salió el peor parado de la tarde y quién sabe si de un tiempo más adelante también. Falló en casa de sus mentores y en feria de relevancia. Feria de las que necesita un torero que hace tiempo que no se encuentra con el triunfo sonoro y rotundo, con el de su etapa de novillero. Con el sobrero, el Torrealta recogido y bajo de manos, estuvo breve. Demasiado, pues terminó, aunque mal, con la vida de un toro reservón, incierto, peligroso y que nunca descolgó antes de que muchos espectadores se percataran de ello. Mejor fue el que cerraba plaza. Otro de Martín Arranz de buen juego que el salmantino hizo malo. Trasteo embarullado, sin limpieza en la ejecución de muletazos rápidos con las telas por las nubes. Demasiados abrazos y agarrones al lomo de un toro que exigió distancia y Gallo se la negó.
|