| Siguiendo los pasos del Lazarillo
María José ARIAS (Toledo)
"Acaeció
que llegando a un lugar al que llaman Almorox, al tiempo que recogían las uvas..."
Así comienza el peregrinaje de Lázaro de Tormes por tierras toledanas y aquí comenzará
nuestro paseo por la región del mazapán. Almorox, Escalona, Maqueda y Toledo fueron
las escalas del Lazarillo entre los 'bolos', con múltiples anécdotas y muchas
cosas que ver en cada uno de los pequeños pueblos que atravesó, bastón en mano
y acompañado de su señor, un ciego malhumorado víctima de sus pillerías.
A su paso por Almorox, Lázaro y su señor recibieron como
limosna un solo racimo de uvas que compartir. La estampa vista entonces puede
repetirse cada año, con los vendimiadores recogiendo la uva que luego llevarán
a la cooperativa para extraer de ella uno de los mejores vinos de la zona de Méntrida.
A pesar de ser una localidad que no supera los 2.500 habitantes censados, son
varios los lugares de interés cultural e histórico que podemos visitar.
Si cruzamos el pueblo por la N-V, viniendo de Madrid, lo primero con lo que nos
tropezamos es con la Ermita de la Virgen de la Piedad, que desde lo alto
del Cerro de la Ermita vigila el desarrollo de la vida de sus paisanos. La actual
edificación data de 1639 y en ella se encuentran las imágenes del Cristo de la
Piedad y de la Virgen de la Piedad, que sólo abandonan su ubicación para las procesiones
de Semana Santa y las fiestas patronales en su honor, en mayo y agosto, respectivamente.
El nombre completo de la localidad es La muy leal y fiel villa de Almorox, título
otorgado el primero por parte del rey Alfonso VIII y el segundo de parte
del rey Fernando V por la valentía de sus vecinos en el campo de batalla.
Bajando
por la cuesta del convento llegamos a la plaza de la Constitución, dominada por
el Ayuntamiento y la Picota, un rollo de justicia de mediados del
siglo XVI. Este conjunto de piedra mide cerca de ocho metros y consta de cinco
escalones, que se continúan con un cilindro coronado con un templete de columnas
jónicas adornado con cuatro leones, cada uno orientado hacia un punto cardinal.
El Ayuntamiento fue levantado en 1799 y consta de dos pisos. En la parte superior
se construyó con posterioridad una torreta en la que se enmarca el reloj del pueblo.
El siguiente edificio histórico que no podemos dejar de visitar es la Iglesia
de San Cristóbal, de estilo gótico-mudejar. Merendar en el Pinar de Almorox
o acampar libremente en sus terrenos sería una buena forma de pasar un saludable
fin de semana al aire libre. El curso del Alberche nos lleva a Escalona
A siete kilómetros se encuentra Escalona, centro del comercio
y de la política de la comarca hace ya muchos siglos. De aquella época algunos
pueblos cercanos aún conservan su nombre, como Paredes o El Casar. Fue en este
municipio toledano en el que el Lazarillo se desprendió del ciego. Lázaro se deshizo
de su compañero de viaje colocándole enfrente de un pilar a la hora de saltar
un arroyo. Y allí, de bruces y rodeado de gente, dejó sentado a su amo ciego que
tan mala vida le había dado. Su
mayor época de esplendor fue en la Edad Media. Uno de los personajes ilustres
de Escalona fue Don Juan Manuel, destacado escritor de la época medieval.
En cuanto a los restos arquitectónicos de la historia escalonera destacan los
casi mil metros de murallas de los siglos XII y XIII. Pero sin duda, el monumento
más importante y valorado es su castillo, del que se conoce su fecha de nacimiento,
aunque su conservación no es del todo completa. Al pie del castillo discurre el
río Alberche, al que cruzan dos puentes y que en los días caluros sirve de centro
de reunión para los lugareños. También hubo en Escalona muchos edificios
religiosos, aunque sólo han llegado hasta nuestros días la iglesia gótica de San
Miguel y un convento franciscano. Mención especial merecen la plaza mayor,
del siglo XIII, y el Ayuntamiento, construido cinco siglos más tarde.
Maqueda y su castillo Pero si Lázaro pensaba que abandonando
a su amo en Escalona mejor le irían las cosas, no fue así al llegar a Maqueda.
Allí se puso al servicio de un clérigo y como él mismo protagonista de la historia
dice, había dejado atrás al "trueno" y ahora le tocaba lidiar con el "relámpago".
Mucho hambre pasó con el cura, dispuesto a dejarle echar a perder sin más sustento
que alguna migaja de su propia comida. Pero el ingenio se le agudizó y sacó provecho
de él para ir aguantando. Por
aquellos tiempos, ya existía en Maqueda la edificación de la que todos sus habitantes
están más orgullosos. Se trata de un castillo del siglo XV, muy bien conservado
y que se alza majestuoso sobre las pocas casas del pueblo. Fue construido sobre
la base de una fortaleza árabe, aunque se conoce también la existencia de restos
romanos. Pillado Lárazo en sus triquilluelas fue expulsado del pueblo por el clérigo
y dio con sus huesos en la ciudad imperial, donde mucho hay que ver por ser la
ciudad europea con mayor concentración de monumentos por metro cuadrado.
Leyendas acompañadas de mazapán Nuestros pasos nos han llevado
hasta una de las ciudades con más encanto de España. Tres culturas se aglutinan
en el casco antiguo. El arte árabe, judío y cristiano conviven desde el Parque
de las Tres Culturas hasta el mismo corazón de la ciudad. Paseando por las
estrechas calles toledanas podemos visitar sinagogas, mezquitas o iglesias. Las
tres conviven en paz después de muchos siglos de luchas. La belleza concentrada
de la ciudad conquistó a personajes tan dispares como El Greco o Gustavo
Adolfo Bécquer. Les recomendamos que si tienen la ocasión no dejen pasar la
oportunidad de pasear por sus callejuelas por la noche mientras les leen una de
las múltiples leyendas toledanas. Dos
son los puntos de obligada visita. En primer lugar, si entramos por la Puerta
de Bisagra, el Alcázar. Sus primeras piedras tienen pasaporte romano.
Del esplendor del Imperio de Roma aún quedan vestigios en el circo, situado fuera
de las murallas. Desde residencia de reyes a prisión, en la actualidad el Alcázar
acoge en su interior una de las bibliotecas más completas y se está aclimatando
para cobijar entre sus paredes el Museo del Ejército. Una de las peculiaridades
más llamativas de esta fortaleza es que cada una de sus cuatro fachadas pertenece
a un estilo arquitectónico diferente. Alonso de Covarrubias y Juan Herrera
participaron en el levantamiento de dos de ellas. A travesando la Plaza
de Zocodover, siempre llena de vida, y la calle de los comercios llegamos
la Puerta del Reloj de la impresionante catedral. Bordeando sus históricos muros
llegaremos a la puerta principal, la de los Apóstoles, que sólo se abre el día
del Corpus. Casi tres siglos costó levantar este edificio. El tesoro, el impresionante
coro, el altar mayor y el tragaluz de la cabecera son de inalcanzable belleza.
Una curiosidad: los miércoles la entrada a los cuatro museos catedralicios es
gratis para los españoles, de cuatro a seis de la tarde. El estilo predominante
de la catedral es gótico. También es obligatorio pasar por el Monasterio
de San Juan de los Reyes (siglo XV), aunque sólo sea para contemplar las vistas
que hay en su explanada y pasear por el claustro. Juan Guas es su creador. Su
exterior es de lo más discreto, aunque llaman la atención las cadenas que cuelgan
de la fachada principal y que simbolizan la liberación de los cristianos cautivos
por los musulmanes. Los amantes de la pintura no podrán dejar de visitar la Casa-museo
del Greco, donde algunas de sus obras más conocidas adornan las paredes de
una típica casa toledana. Para
comer cualquier sito es bueno. Las pastelerías, con mazapán artesano y pastas
toledanas hechas de almendras cubriendo los escaparates, acaparan las mismas miradas
embelesadas que sus muchas obras de arte. En cuanto a los recuerdos típicos para
turistas hay de todo, pero lo que más llama la atención son las espadas y armaduras.
Para los aficionados a El Señor de los Anillos, las réplicas de sus armas pueblan
las calles del casco antiguo. El encanto de esta ciudad cautivó a Lázaro
de Tomes, que estableció allí su residencia poniendo fin a su largo peregrinaje
por esas tierras áridas y dejando atrás a muchos amos, para terminar asentándose
con un alguacil y arrepentirse de lo ocurrido en Escalona con su primer amo. |