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Días de fiesta y penitencia
Rosa YOESTE
No
hace falta ser creyente ni tener que hacer
penitencia para asistir a (y disfrutar de)
una buena procesión de Semana Santa. La
tradición católica de este país ofrece multitud
de ellas para elegir. Todas rebosan fervor
popular y arte religioso. Desde los pasos
que reproducen la muerte y resurrección
de Cristo hasta las saetas o rezos cantados,
pasando por el pintoresco espectáculo que
ofrecen las puntiagudas capuchas de los
nazarenos y las mantillas de las mujeres,
el folclore campa en estos días por sus
respetos.
Desde el domingo de Ramos hasta el domingo
de Pascua o Resurrección (o sea, en la primera
luna llena de la primavera) toda España
se vuelca en conmemorar los sacrificios
que hizo Jesús para redimir a la
Humanidad. En un país de hondas raíces religiosas
como el nuestro, eso significa vacaciones,
lo que ya de por sí es bueno, torrijas y
pestiños; si, además, hay espectáculo (y
ya decimos que el capítulo de la fe lo dejamos
a la espiritualidad de cada cual), y lo
hay en casi todas las ciudades y pueblos
de esta piel de toro que nos cobija, lo
mejor es decidir muy cuidadosamente dónde
queremos vivir la Semana Santa.
Los
andaluces, que se caracterizan, entre otras
muchas cosas, por la devoción con que viven
estas fechas, salen en masa a la calle para
pasear sus imágenes de vírgenes y Cristos,
cantarles, llorarles y devolverles, en forma
de promesa o penitencia, los favores concedidos
a lo largo del año. Hay por doquier escenas
de Cristo cautivo, cargando con la cruz
o ya crucificado, y Vírgenes en todas sus
advocaciones, lujosamente engalanadas con
túnicas de terciopelo bordadas con hilo
de oro y rodeadas profusamente de flores.
Las procesiones se convierten en un mar
de capirotes que esconden las caras de los
nazarenos, mantillas, cruces, velas...
No
hay que perderse las celebraciones de Sevilla,
probablemente las más espectaculares de
España. La ciudad se inunda en estos días
del aroma del azahar y queda prácticamente
cerrada al tráfico para que las procesiones,
con el Jesús del Gran Poder, la Macarena
y el Cristo del Cachorro al frente,
puedan desarrollarse en todo su esplendor.
Las 57 hermandades de la ciudad se ocupan
de mantener viva una tradición que sobrevive
desde hace siglos. No deje de agenciarse
un programa con los itinerarios de las principales
cofradías si quiere vivir todo el sabor
de la Semana Grande sevillana... y vaya
mentalizado para las aglomeraciones de gente.
De las saetas, coplas de aire flamenco que
cantan los fieles para exhaltar su devoción,
es mejor no hablar: hay que oírlas.
Granada
y Málaga también merecen la pena.
La Semana Santa de Granada está declarada
de interés turístico nacional, y es una
de las fiestas que más visitantes atrae.
El Miércoles Santo se celebra la procesión
del Cristo de los Gitanos, también conocido
como el Cristo del Sacromonte, la más espectacular,
aunque tampoco conviene perderse la procesión
del Silencio, en la noche del Jueves Santo.
En Málaga, es de destacar la procesión de
la Virgen de la Paloma (cuando sale
el paso se sueltan multitud de palomas),
los pasos de la Pasión de Cristo y la preciosa
ornamentación barroca de los tronos.
Frente
al fervor de los andaluces, Castilla, con
su ascetismo mesetario, ofrece un interesante
contraste. La Semana Santa de Valladolid
también es fiesta de interés turístico nacional;
en ella se impone el silencio durante las
procesiones, que sólo es roto por el redoblar
de los tambores. En Toledo, las celebraciones
quedan resaltadas por el ambiente medieval
de sus calles. Entre la tarde del miércoles
y la del viernes todas las iglesias y conventos
de la ciudad permanecen abiertos, incluso
los que están cerrados a las visitas el
resto del año.
Si
uno prefiere disfrutar de estas fechas un
poco más al norte, es recomendable pasrse
por Zaragoza. Más de 12.000 cofrades
y unos 4.000 instrumentos musicales, entre
tambores, bombos, timbales, matracas, trompetas...
acompañan durante estos días a 42 pasos.
Vírgenes, Cristos y misterios desfilan por
las calles de la ciudad acompañados de jotas
de contenido religioso. Como peculiaridad,
hay que mencionar el Turno de Vela que realizan
todos los cofrades al finalizar cada procesión,
en la iglesia de San Cayetano.
Pero no sólo las grandes ciudades sucumben
a la devoción. Muy cerca de Madrid hay un
pequeño pueblecito, Morata de Tajuña,
que se transfigura totalmente en estos días.
Sus calles y gentes retroceden 2.000 años
y reviven el paso de Jesús de Nazaret tal
y como debió de acontecer. El ama de casa
es la Virgen María, otro vecino es Judas,
el de más allá es la autoridad de Roma y,
por supuesto, hay cientos de voluntarios
para ser Jesús. No faltan los judíos, los
romanos, los apóstoles... Es imposible reconocer
a nadie.
En definitiva, vaya donde vaya, disfrutará
de rituales casi ancestrales que han llegado
hasta nosotros desde la mismísima Tierra
Santa y que aún tienen por delante otros
cuantos miles de años de vida.
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