Alivio y expectación en Chequia

Ociocrítico (Madrid)

La reunificación del continente, después de la separación forzosa provocada por la Segunda Guerra Mundial y 40 años de comunismo, se ve con alivio y expectación entre los diez millones de checos.

El pasado 13 y 14 de junio, el 80 por ciento de los votantes apoyó en un referéndum el ingreso del país a la UE, aunque sólo un 55 por ciento del electorado acudió a las urnas. Y es que los temores de la población a las reformas económicas acompañadas al proceso de adhesión pesan sobre el proceso.

Con un déficit público del 8 por ciento del PIB, el Gobierno de coalición checo - socialdemócratas, democristianos del Partido Popular y la Unión de la Libertad- se ha visto obligado a aprobar una reforma radical de las finanzas públicas con el objetivo de ahorrar y equilibrar las arcas públicas. Las medidas incluyen la reducción de los gastos sociales, el aumento de los impuestos a los productos de consumo y un control más riguroso del pago de impuestos.

Por ejemplo, se producirá un importante aumento del Impuesto del Valor Añadido (IVA) en una serie de productos y servicios de gran proyección entre la opinión pública, tales como los restaurantes, las peluquerías, lavanderías, reparación de calzado y servicios fotográficos, a lo que se suma la subida ya registrada a principios de año en carburantes, cigarrillos y alcohol.

Aumentará el precio de los servicios de telefonía, Internet y la abogacía, a lo que se une el anuncio por parte del Ejecutivo de despido de unos 16.000 empleados públicos antes de 2006, con el fin de recortar gastos de los fondos estatales.

Según algunas estimaciones, hasta una quinta parte de los fabricantes checos de productos lácteos y de carne se verán obligados a cerrar sus empresas por no ser capaz de cumplir las disposiciones de la Unión en materia de higiene y condiciones fitosanitarias.

Consecuencia de todo ello, el movimiento sindical ocupó gran parte año 2003. Se produjeron manifestaciones masivas en Praga: médicos, agricultores, ferroviarios y empleados públicos, entre otros. Se celebraron huelgas en la sanidad pública y las escuelas, y miles de personas protestaron contra la reforma aprobada por el Gobierno.

Estas medidas, consecuencia del paso a la economía libre de mercado, se verán compensadas, sin embargo, con los fondos europeos. La República Checa obtendrá de la Unión, en concepto de compensaciones presupuestarias, casi 1.000 millones de euros al año y devolverá aproximadamente la mitad, de lo que se deriva un ingreso neto de unos 330 millones de euros.

Como en otros países adherentes existen sin embargo ciertos recelos sobre la capacidad de absorción de los respectivos ministerios checos, que pueden tener problemas para que las empresas y los municipios checos puedan presentar en Bruselas proyectos correctos dispuestos a ser cofinanciados.

Tensiones con la UE


Desde el punto de vista de sus relaciones con la Unión Europea, dos tensiones han prevalecido en los últimos años: los problemas relacionados con la Central nuclear de Temelín, que a tan solo 50 kilómetros de la frontera austriaca, ha llevado a Viena y Berlín a amenazar incluso con vetar su entrada; y la firma por parte de su presidente entonces, Vaclav Havel, de la denominada Carta de los ocho, en apoyo a la intervención norteamericana en Irak el 30 de enero de 2003.

Su presidente actual, el experimentado economista Václav Klaus, cuenta de hecho con el respaldo de George W. Bush, por su talante liberal que le ha llevado a aplicar una "terapia de choque" en la economía checa. Klaus, declarado un firme creyente del libre mercado, ha llegado a decir que la Tercera Vía de Tony Blair conduciría al Tercer Mundo.

Por su parte, el último informe de evaluación de los preparativos para adhesión de la Comisión Europea es positivo, aunque apunta a la necesidad de mejoras en la legislación sobre libre circulación de mercancías, servicios y capitales, así como ciertos aspectos del derecho de sociedades, política de competencia y agricultura. En este sentido, el reconocimiento mutuo de ciertas calificaciones profesionales, el respeto de las exigencias de salud pública en los establecimientos agroalimentarios y la puesta en marcha del acervo técnico y social en los transportes por carretera, son las principales críticas.

Por otra parte, el Gobierno checo tendrá que pedir el respaldo de una parte de la oposición para poder ratificar la futura Constitución europea, ya que en el Parlamento dispone de una mayoría apretada; dos terceras partes del parlamento tienen que apoyar la ratificación. Es, de hecho, uno de los países con más euroescépticos de los candidatos a la adhesión.

Según el reparto de votos de la Cumbre de Niza este país tendrá en el Consejo de ministros de la UE, al igual que Grecia, Bélgica, Hungría y Portugal 12 votos, frente a los 29 de los países grandes.

El recuerdo de Checoslovaquia

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Checoslovaquia era uno de los países industriales más desarrollados del mundo, pero la guerra fría le obligó a permanecer durante cuarenta años separado de la parte occidental del continente.

Una vez superados los 40 años de comunismo, la Unión Europea y el COMECOM pudieron por fin reconocerse mutuamente en junio de 1988. Al año siguiente, se producía una transformación radical del continente. La caída de los sistemas comunistas, la disgregación de la Unión Soviética, la aparición de nuevos estados o la guerra en Yugoslavia transformaban radicalmente el centro y el oriente de Europa.

El régimen totalitario en Checoslovaquia se derrumbó en la pacífica Revolución de Terciopelo, liderada por Vaclav Havel, presidente electo de la República el 29 de diciembre de 1989.

El acercamiento al bloque occidental, y de alguna forma el paso decisivo para asegurar la seguridad en la convulsionada región, se escenificó claramente en el ingreso de la República Checa en la OTAN junto con otros dos antiguos miembros del Pacto de Varsovia, Polonia y Hungría, en marzo de 1999.

Para intentar evitar suspicacias sobre el europeismo de los adherentes, hace unos meses, el comisario europeo encargado de la Ampliación, Guenter Verheugen, aseguraba que los Estados candidatos a la adhesión "eran, al menos, tan europeístas como británicos y daneses".



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