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Estonia,
alumno aventajado
Ociocrítico (Madrid)
Estonia
es una de las Repúblicas Socialistas Soviéticas
que componían la URSS. Hoy estado independiente
situado en la costa oriental del Báltico,
al sur del golfo de Finlandia. Desde 1918
hasta 1940 constituyó también una República
independiente. Estonia se apresta a ingresar
en la Unión Europa con la vitola de haber
sido el mejor alumno de los tres países
bálticos que salió de las negociaciones
de adhesión con los Quince en los últimos
años. Desde su petición de ingreso a la
UE a finales de 1995, los sucesivos Gobiernos
estonios colocaron siempre a este país en
el grupo de cabeza de los diez candidatos.
Su estratégica posición geográfica -el primero
de los bálticos por el norte- le ha permitido
mantener relaciones privilegiadas con los
países escandinavos, incluso bajo el dominio
de la antigua Unión Soviética. Con sus 45.000
kilómetros cuadrados y 1,36 millones de
habitantes, su idioma es de la misma familia
que el finlandés, lo que le permitió disponer
de intercambios comerciales con su vecino
del norte desde la década de los setenta
y ochenta.
De las tres repúblicas ex soviéticas que
entran en la UE en mayo, la economía Estonia
ha sido la mejor preparada para su integración
en la UE. Superados sin problemas, al igual
que sus vecinos bálticos, los requisitos
políticos que los Quince exigieron a los
diez Estados adherentes, el país se enfrentó
a los mismos desafíos de la región: el alto
índice de desempleo, la existencia del fenómeno
de la corrupción, las tensas relaciones
bilaterales con Rusia y la difícil integración
de la minoría rusa, fruto de las políticas
de rusificación que Moscú decretó tras la
invasión de 1940.
Cerca de un 30 por ciento de la población
de Estonia es rusa, lo que dificultó durante
años el proceso de adhesión con la UE. Esta
minoría se opuso a la independencia en 1991
y desde entonces se ha quejado de las dificultades
para obtener la ciudadanía estonia y estudiar
su propio idioma frente a la preponderancia
del estonio, hablado por el 65 por ciento
de los habitantes del país. Estas reclamaciones
motivaron la inquietud de la UE durante
las negociaciones, aunque no con el interés
que suscitaron los casos de Letonia o Lituania.
En
el terreno económico, Estonia adecuó en
muy poco tiempo sus estructuras macroeconómicas
salidas del comunismo soviético a los estándares
económicos de los Quince. La proximidad
geográfica y cultural a Finlandia le permitió
adaptarse a los modos capitalistas a una
mayor velocidad que sus dos vecinos bálticos.
Así, se privatizaron las empresas públicas
a un ritmo rápido, se abrieron los mercados
a los capitales extranjeros, hubo una liberalización
total de los precios e, incluso, se eliminaron
las ayudas al sector de la agricultura.
Ello permitió a Estonia tener la mejor renta
per capital de la región -cerca de 5.000
euros en 2002-, con índices de crecimiento
del Producto Interior Bruto (PIB) superiores
al 4 por ciento en estos últimos años. Entre
los asuntos pendientes en los que la UE
ha hecho hincapié que hay que mejorar está
la reforma del sistema sanitario y de pensiones,
así como el control de la inflación, que
sufrió cambios bruscos durante los años
de negociaciones.
Asimismo, el desempleo afecta a cerca del
10 por ciento de la población estonia, sobre
todo a la región oriental en la que habitan
los rusófonos. Los diferentes Ejecutivos
se marcaron el objetivo de bajar esta barrera
del 10 por ciento, algo que únicamente se
logró en los últimos años. En lo que respecta
a la religión, la mayoría de los estonios
se consideran evangélicos luteranos como
sus vecinos escandinavos, aunque la Iglesia
ortodoxa mantiene una fuerte presencia en
el país.
El
31 de marzo de 1998, los Quince bendijeron
las reformas en Estonia al incluir a este
país en un selecto grupo de seis -junto
a Hungría, Polonia, la República Checa,
Eslovenia y Chipre- con los que iniciaron
negociaciones separadas de adhesión. El
hecho de que Estonia fuera el único Estado
báltico en ese momento, demostró los progresos
que desde Tallín se habían llevado a cabo
a partir de 1991.
Posteriormente, Letonia y Lituania recuperaron
parte del terreno perdido y lograron el
visto bueno de los Quince a su ingreso en
la Unión en diciembre de 2002 al mismo tiempo
que Estonia. Dentro de las negociaciones,
el Gobierno estonio aceptó garantizar el
acceso al nivel superior de educación secundaria
gratuita en ruso más allá de 2007, fecha
inicialmente prevista.
En el terreno regional, los europeos constataron
las diferencias existentes en términos de
desarrollo económico, niveles educativos
y nivel de vida; mientras que advirtieron
en cada paso de las conversaciones del problema
persistente del desempleo de larga duración,
fenómeno que afecta principalmente a las
minorías étnicas, las mujeres, las personas
con discapacidad y las personas de edad.
Uno de los problemas con los que se encontró
Estonia fue su dependencia del muy contaminante
petróleo de tipo esquisto bituminoso, usado
para el suministro de electricidad. La UE
recomendó durante años una serie de inversiones
para disminuir el impacto nocivo de la industria
de este material en el medio ambiente.
Coalición de Gobierno
El
actual Ejecutivo está encabezado por Juhan
Parts, presidente del partido Res Publica
y que gobierna gracias a una coalición con
el Partido Reformista y la Unión del Pueblo.
Desde su formación, el Gobierno de Tallín
se esforzó por impulsar el apoyo de los
estonios a su entrada en la UE. Poco a poco,
la tendencia pro-adhesión fue acaparando
respaldos entre los estonios. En junio de
2003, la entrada de Estonia en la UE era
secundada por menos del 40 por ciento de
la población. Todos los partidos representados
en el Parlamento estonio (Riigikogu) eran
partidarios de la adhesión, así como los
sindicatos y asociaciones de empresas industriales.
Al final, el 'sí' triunfó el 15 de septiembre
pasado con un 67 por ciento de los votos
en el referéndum de adhesión, mientras que
el 33 por ciento votó en contra. En total
acudieron a las urnas más de 558.000 personas,
un 63,4 por ciento del censo y que representó
una de las participaciones más altas desde
que el país báltico obtuvo su independencia
de la URSS.
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