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Letonia,
orgullo nacional
Ociocrítico (Madrid)
La
segunda de las tres repúblicas bálticas,
Letonia, entra en la Unión Europea de la
mano del primer mandatario ecologista del
mundo, el primer ministro Indulis Emsis,
y con el problema desde su independencia
en 1991 de la difícil integración de la
minoría rusa, que supone un tercio de los
2,4 millones de habitantes que viven en
este país.
Emsis se vio favorecido el pasado 9 de marzo
por la crónica inestabilidad política en
el Ejecutivo de Riga para lograr el apoyo
del Parlamento nacional. Un total de diez
primeros ministros se han sucedido en el
cargo en los 13 años de independencia, y
en esta ocasión, los diputados le convirtieron
en el primer jefe de Gobierno ecologista
elegido en el mundo.
Este hecho colocó al presidente del Partido
Verde letón en la tesitura de representar
a su país en su ingreso en la OTAN el pasado
29 de marzo en Washington, ceremonia que
tendrá una segunda versión el 1 de mayo
con la entrada de Letonia y otros nueve
países en la UE.
Los derechos democráticos de la minoría
rusa ha sido la asignatura más dura de Letonia
en su camino a la UE. Al igual que sus vecinos
bálticos, tuvo que afrontar las sucesivas
olas de rusificación que se decretaron desde
Moscú tras la invasión de 1940 por parte
de la Unión Soviética. En las últimas elecciones
parlamentarias, la formación rusófona de
Letonia logró el segundo lugar en los comicios.
Las
continuas quejas de la minoría rusa sobre
su situación sólo empezaron a tenerse en
cuenta a partir de 1998. En ese año, se
ratificó en plebiscito la posibilidad de
adquirir la ciudadanía a los no letones
que hubieran nacido tras 1990. Un año después,
la Presidencia influyó para modificar la
ley que quería exigir la utilización del
idioma letón. Por último, en 2002, se modificó
el requerimiento incluido en la ley electoral
para que los candidatos parlamentarios probasen
su dominio del idioma letón.
Los últimos Gobiernos de Riga lograron buenos
resultados económicos gracias al establecimiento
de una moneda propia -el lats-, así como
a una gestión liberal que ha permitido años
de excelente crecimiento económico, como
en 2002 cuando alcanzó el 6 por ciento o
en 2001, cuando el índice llegó al 7,6 por
ciento. Sin embargo, la renta per capita
sigue siendo la más baja de los tres Estados
bálticos -3.830 euros en 2002-.
La inflación no ha sufrido vaivenes como
en otros vecinos gracias a índices en torno
al 2 por ciento en los últimos años, pero
el desempleo es muy elevado para un país
pequeño como Letonia. La tasa de paro se
situó casi en el 13 por ciento en 2002,
mientras que el 15 por ciento de la población
activa trabaja en el campo.
La lucha contra la corrupción y el dinero
negro han sido dos de las grandes promesas
de los distintos Ejecutivos de Riga desde
1991, al ser males ligados al proceso de
independencia. En lo que respecta a la religión,
el 85 por ciento profesa la fe luterana
evangélica y el resto son católicos u ortodoxos
rusos.
Letonia entregó su candidatura de adhesión
a la UE en 1995. A pesar de que no entró
en 1998 en el primer grupo de seis candidatos
al ingreso a la UE, recuperó el terreno
perdido con estos países en 15 meses. Los
Quince aprobaron en 2002 las medidas adoptadas
para facilitar la naturalización de los
numerosos residentes en Letonia sin estatuto
de ciudadanos y presionaron para que este
país ratificase el convenio sobre protección
de las minorías nacionales del Consejo de
Europa.
Reforma judicial
Además,
advirtieron durante el proceso de negociación
de los continuos problemas en el ámbito
judicial, con numerosos retrasos en los
procedimientos judiciales y pésimas condiciones
de detención en las cárceles. Pese a ello,
la UE celebró la adopción de un nuevo marco
jurídico necesario para la reforma de la
Administración pública letona, aunque de
poco sirviese para atajar los graves problemas
de corrupción.
Desde Bruselas se insistió en que la mejor
manera de solucionar este fenómeno era el
establecimiento de una separación clara
entre las actividades económicas y la elite
política, así como la libertad de los órganos
de investigación y de los tribunales en
estructuras gubernamentales, ya que se constató
una dependencia excesiva respecto del poder.
Sin embargo, fue en diciembre de 2003 cuando
las relaciones entre Bruselas y Riga más
se tensaron por culpa del barco 'Geroi Sevastopolya',
una embarcación de características similares
a las del 'Prestige' al ser monocasco y
que, finalmente, partió hacia Singapur con
50.000 toneladas de fuel pesado.
En una reacción sin precedentes en las relaciones
euro-letonas, la Comisión Europea envió
una carta a Letonia en la que le recordó
que tenía la obligación "normal y política
de aplicar hoy en día la legislación europea
de seguridad marítima", a pesar de que únicamente
entrará en vigor en este país báltico desde
su entrada en la UE el 1 de mayo.
Los Quince habían aprobado en octubre de
2003 una legislación restrictiva contra
este tipo de barcos, que establece que una
embarcación semejante no puede entrar ni
repostar en un puerto europeo. El petrolero
ruso 'Geroi Sevastopolya' tenía 24 años
de antigüedad cuando el límite de la normativa
europea es de 23. Tras una revisión supervisada
por técnicos y expertos europeos, el barco
pudo hacer su trayecto frente al litoral
de Dinamarca, Holanda, Reino Unido, Bélgica,
Francia, España y Portugal, desde donde
atravesó el Estrecho de Gibraltar rumbo
al Canal de Suez y el Océano Índico hasta
Singapur.
Orgullo nacional
Al
igual que los otros ciudadanos de los países
bálticos, los letones se sienten muy orgullosos
de su joven república y durante muchos años
temieron perder su independencia si entraban
en la UE.
El referéndum se celebró en septiembre y
fue el último de los países candidatos en
pronunciarse a favor del 'si' a la UE. Los
datos definitivos de la consulta señalaron
que un 67 por ciento de los 1,4 millones
de electores letones apoyó la adhesión de
su país a la Unión, frente a un 32,3 por
ciento que se mostró en contra. La participación
alcanzó el 72,53 por ciento, por encima
de la alcanzada en los comicios parlamentarios
de octubre de 2002.
Al frente del Estado se encuentra la primera
presidenta de un país del Este, Vaira Vike-Freiberga,
cuya familia tuvo que emigrar tras la invasión
soviética de 1941 que acabó con la independencia
del país, y se estableció en Canadá. En
1998 regresó a su país y, sin filiación
política conocida, esta escritora, intelectual
e investigadora fue nombrada candidata y
finalmente elegida presidenta en las elecciones
de 1999.
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