Malta, enclace comercial estratégico

Ociocrítico (Madrid)

Estado europeo insular, situado en el Mediterráneo Sur, a 90 km de la isla de Sicilia; está constituido por cuatro islas: Malta la mayor y más importante, Gozo o Ghawdes, Comino o Kemmuna y dos islotes menores. Sus costas abruptas y rocosas, tienen un relieve accidentado, pero con altitudes modestas y un clima mediterráneo. Sus habitantes son descendientes de normandos árabes, españoles, sicilianos y, posteriormente de ingleses. La religión predominante es la católica. La economía, aparte de una agricultura prácticamente de subsistencia se funda sobre todo en las actividades portuarias, en el turismo y en determinadas Industrias, algunas de tipo artesanal muy apreciadas (blondas, encajes). Su idioma es el maltés, un dialecto proveniente del árabe con influencias españolas, italianas e inglesas que se escribe con caracteres latinos.

Malta es el más pequeño de la nueva remesa de Estados miembros de la UE. Su ubicación central en el Mediterráneo es su mayor aportación, y la implantación del maltés como lengua oficial, el mayor quebradero de cabeza que está proporcionando a la Europa unida.

Con apenas 400.000 habitantes, Malta -en realidad un archipiélago formado por las islas de Malta y Gozo, y el islote de Comino- es el Estado menos poblado de cuántos integran la UE. Sus líderes competirán con los de Luxemburgo (430.000 habitantes) a la hora de representar a la menor población en la mesa del Consejo Europeo.

Por su privilegiada ubicación, a mitad de ruta entre la costa europea y la africana, la antigua colonia británica -obtuvo la independencia en 1964- ha sido sobre todo un lugar de paso y comercio, y más recientemente, un foco de atracción para el turismo y los flujos financieros. Incluso San Pablo recaló en ella tras una naufragio datado en el año 60 de nuestra era.

Malta es y será un puerto fundamental para el transporte marítimo de mercancías por el Mediterráneo, lo que explica sus reticencias a la hora de adoptar, antes de la adhesión, la normativa europea de seguridad marítima acordada tras la catástrofe del Prestige.

En su escueta escena política, los partidos laborista y nacionalista interpretan un duelo sin invitados desde hace más de 20 años. Tras 16 años de Gobierno laborista, el Partido Nacionalista (PN) se instaló en el poder en 1987 y desde entonces sólo lo ha cedido al eterno rival durante dos años (1996-1998).

El dominio nacionalista debe mucho al ex primer ministro Eddie Fenech Adami artífice de la adhesión a la UE, y de un programa liberalizador y de privatizaciones que ha propiciado un crecimiento económico notable. Adami mereció reconocimientos de la mayor parte de los líderes europeos tras su despedida el pasado 12 de abril, cuando entregó la jefatura del Gobierno a Lawrence Gonzi.

A la hora de la adhesión, Malta es por detrás de Eslovenia, el segundo candidato con mejor renta. Registró incrementos del PIB superiores al 5 por ciento desde los años 90 sin que se disparase la inflación, y ha fijado su desempleo en torno al 7 por ciento. El déficit fiscal, que alcanzó el 11 por ciento del PIB en 1998, se ha ido moderando desde entonces, aunque la deuda estatal, aún oscila alrededor del 60 por ciento.

El turismo representa el 70 por ciento de su riqueza. La contribución industrial y agrícola al mercado europeo será en cambio anecdótica. El 75 por ciento de sus exportaciones son productos electrónicos, maquinaria y equipamientos para el transporte.

En cuanto a la agricultura, a pesar de que exporta grano en años de buenas cosechas y de que su industria apícola es floreciente desde la antigüedad, nadie teme que Malta vaya a desequilibrar el mercado común. Es en los servicios de transporte donde su aportación puede ser más pujante, de nuevo como pivote del Mediterráneo.

Con poco margen sobre la escena económica, el debate político a dos voces ha tenido entre sus objetos principales la cuestión europea. Si Adami ha sido un firme partidario la adhesión, la oposición laborista liderada por Alfred Sant se inclinó por el no o el voto en blanco, con el objetivo de mantener el estatus de neutralidad que a su juicio convertía a Malta en la "Suiza del Mediterráneo".

La victoria del 'sí' por el 53,6 por ciento de los votos en el referéndum no vinculante del pasado, dio la razón a Adami, aunque Sant alegó la alta tasa de abstención para tambiém cantar victoria. El pueblo maltés fue, en cualquier caso, el primero de los nuevos adherentes en expresar en las urnas su voluntad de integración.

La integración no plantea en principio obstáculos mayores. Durante el trienio 2004-2006, Malta percibirá de la Unión 272 millones de euros y contribuirá con 178 millones.

Entre las reglas específicas obtenidas por el nuevo socio, la de que los ciudadanos de la UE no puedan adquirir más de una propiedad en su territorio. No en vano, Malta es, con 316 kilómetros de superficie, el tercer país con mayor densidad de población del mundo, tras Singapur y Mónaco. El archipiélago es además junto a Chipre, el único de los nuevos socios que se librará de las restricciones temporales a la libre circulación.

Así las cosas, el mayor problema a priori puede ser el lingüístico. La adhesión de Malta obliga a incluir en la nómina de idiomas oficiales de la UE al maltés, un idioma que ni siquiera es plenamente utilizado en el archipiélago donde comparte oficialidad con el inglés.

La administración europea tiene dificultades para encontrar interpretes de maltés para instituciones como el Parlamento Europeo, donde todas las sesiones plenarias deberán ser traducidas a esta lengua en atención a los 5 eurodiputados, sobre un total de 734 escaños, que representarán al nuevo socio.

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