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Berlín,
construyendo el centro
Jaime VELÁZQUEZ
Hace
apenas quince años el centro de Berlín era una
franja habitada tan sólo por las patrullas de
la extinta RDA. Tras la caída del muro, en 1989,
este espacio de 39 kilómetros cuadrados se convirtió
en el solar más jugoso de cualquier capital europea.
Hoy, el distrito de Mitte (centro) sigue aún en
construcción y su peculiar historia hace convivir
a las tiendas más caras y las sedes de las grandes
multinacionales con el underground más
activo del continente.
Después de la Segunda Guerra Mundial Berlín quedó
divida en dos partes. Los dirigentes de la RDA
demolieron casas y calles, creando una franja
de 152 kilómetros que cortaba la ciudad de norte
a sur. Una tierra de nadie que los berlineses
dieron en llamar "la raya de la muerte".
Hoy, esa raya se ha convertido en el solar con
más posibilidades de toda la capital alemana.
En él se han construido modernos edificios, y
se ha realizado todo un plan urbanístico para
construir un centro similar al de cualquier ciudad
europea.
Ese nuevo distrito se llama Mitte, y comprende
una extensión de casi 40 kilómetros cuadrados,
entre la Alexander Platz (Este) y la Puerta de
Brandemburgo (Oeste). Aún quedan solares por construir
y muchas casas por rehabilitar, pero el Mitte
ya se ha convertido en la zona más dinámica y
más cara de la ciudad.
Sin
embargo, junto a las tiendas exclusivas de la
Avenida Unter den Linden, los hoteles de lujo
y las embajadas de Francia o Reino Unido, convive
la escena underground más activa de Europa,
con casas gestionadas por artistas, clubs de música
electrónica y tiendas de ropa y decoración de
vanguardia.
La esencia del Este
La razón de esta curiosa fusión se encuentra en
la propia historia de la ciudad. Aquel enorme
páramo vigilado día y noche se encontraba en la
zona comunista, y tras la caída del muro los jóvenes
berlineses corrieron a hacerse con un hueco en
la nueva zona, ocupando casas y solares.
Pese a los intentos de desalojar a esos incómodos
y poco lucrativos vecinos, el undeground
aún sobrevive en el Mitte. Es el caso de una de
las pocas casas de patio de manzana gestionada
por artistas que aún sobrevive en Hackescher Höfe,
junto a la Sinagoga, rodeada de edificios rehabilitados
y lujosos restaurantes.
El edificio alberga aulas y talleres para jóvenes
creadores y se mantiene, a duras penas, con las
donaciones de asociaciones y visitantes.
En
el marasmo comercial del nuevo Mitte se encuentran
también algunos de los clubs, bares y galerías
de arte más underground de la ciudad, como el
club Tresor, el WMF, el Ufo o el Cookies, que
ocupa las instalaciones de un antiguo banco, caja
fuerte incluida.
Entrando en el sector Chrysler
La necesidad de una reconstrucción rápida de toda
aquella zona allanada por el Telón de acero recreó
en algunos lugares un división similar a la que
se produjo en 1945 cuando rusos, americanos, británicos
y franceses se repartieron la ciudad. Esta vez,
el reparto fue comercial y se produjo en la singular
Postdamer Platz.
La plaza fue uno de los centros neurálgicos de
la Europa de los años 20 y 30. Los intensos bombardeos
de la Gran Guerra destrozaron la mayoría de los
edificios de la Postdamer Platz, y al finalizar
la guerra quedó partida en dos por el muro. El
ensanche de la 'franja de la muerte' terminó
por devastar la zona.
En 1990 la plaza volvió a atraer las miradas al
convertirse en una zona con grandes posibilidades
inmobiliarias. El Ayuntamiento decido dividir
la plaza en cuatro sectores. Cada uno de ellos
sería vendido a un inversor, que debería planificar
la reconstrucción de la zona asignada. El sector
más grande recayó en la empresa Daimler-Chrysler.
La multinacional Sony obtuvo el segundo pedazo
más grande de la Postdamer Platz.
Sobresalto en la memoria
Hay quien dice que los acontecimientos realmente
intensos y sobrecogedores dejan una huella imborrable
en el lugar en que se produjeron. Planean sobre
él, se incrustan en las paredes, en los adoquines
de las calles y en la memoria colectiva.
Berlín
es uno de esos lugares, y el Mitte quizá el distrito
más afectado por ese sobresalto. Caminar por aquella
franja desolada, convertida hoy en una próspera
área comercial, deja un poso en la conciencia.
La capital alemana se resiste a olvidar sus miserias
y horrores. En muchos lugares se pueden ver marcas
en el pavimento que desvelan el curso que seguía
el muro y los monumentos a la memoria se suceden.
Destaca por su enormidad el monumento a las víctimas
del Holocausto. Una basta zona cercana a la puerta
de Brandemburgo plagada de bloques de piedra similares
a lápidas que recuerda el asesinato de seis millones
de judíos.
Check Point Charlie es otro de estos lugares marcados
por la historia. La que fuera la principal puerta
para atravesar el muro la ocupan hoy modernos
edificios de oficinas, pero aún en la calle Friedrichstrasse
se puede ver la garita aduanera de los americanos.
Y un poco más allá, el Museo de Los Aliados recoge
la historia del Check Point Charlie.
Más de 5000 personas lograron atravesar el muro
durante la Guerra Fria. 192 murieron y otros 200
resultaron heridos de gravedad. El museo es un
recorrido por los esfuerzos de huída de un gran
número de berlineses del Este y las maneras, muchas
de ellas estrafalarias, que éstos idearon para
salir de la RDA.
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