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En
el corazón de la Mancha
Juan de la PEÑA
"…
Y comenzó a caminar por el antiguo y conocido
campo de Montiel". Y era la verdad
que por él caminaba. (Cervantes, El Quijote.
Parte 1ª Capítulo 2º).
En algunos colectivos profesionales, con más o
menos razón, hay actuaciones que se evitan: son
todas aquellas que al realizarlas implican necesariamente
un estado de ánimo inconscientemente subjetivo.
Suele pasar con los médicos, que evitan atender
a los familiares, los abogados que hacen lo propio
y con toda actividad que implica un alto grado
de cercanía o vinculación a donde se destina ese
trabajo en concreto.
En mi caso, escribir de Villanueva de los Infantes
está sujeto a esta aseveración. Allí nací, aunque
la abandoné a los tres años y no volví hasta cumplidos
los catorce. Pese a ello cedo a la tentación,
en forma de invitación, que me plantea un compañero
y amigo de cuyo nombre no quiero ni acordarme,
con ocasión de la notoriedad aquirida por Infantes.
En las últimas semanas todos los medios
de comunicación se hacían eco de la culminación
de lo que parece un rigurso y metódico trabajo
de investigación en torno a cual podría ser la
localidad donde Cervantes inicia lo que
sería su obra cumbre. Ese lugar de la Mancha es,
según estos estudios, Villanueva de los Infantes,
cabecera del Campo de Montiel.
Y lo primero que quiero apuntar son algunos
datos que, desde mi particular punto de vista,
no se han divulgado lo suficiente, y creánme que
vale la pena inisistir en ellos, en torno a Villanueva
de los Infantes, una de las villas más desconocidas
de la Mancha, de las más bellas y atractivas y
con una notable historia y patrimonio cultural,
a la que le ha llegado la sublime guinda se ser
ese mágico lugar de la Mancha que hace las delicias
y agranda el orgullo de los infanteños; cierto
es que, los tenaces investigadores, tuvieron muy
serias dudas antes de inclinarse por Infantes
y descartar a la otra gran cuna cervantina, Argamasilla
de Alba. Probablemente la polémica no ha hecho
más que comenzar y estos hermosos y acogedores
lugares manchegos seguirán polemizando desde el
cariño, respeto y orgullo manchegos. También soy
un gran enamorado de Argamasilla donde he vivido
momentos para el recuerdo que siempre me acompañarán.
Parece
que el origen de Villanueva de los Infantes, se
encuentra en Jamila, junto al rió Jabalón, en
las proximidades donde actualmente se ubica el
Santuario de La Virgen de la Antigua, patrona
de la villa, junto con Santo Tomás de Villanueva.
Allí hubo inicialmente un asentamiento romano.
En las relaciones topográficas de Felipe II
y en otras fuentes, se habla de una ciudad que
el infante Don Enrique, maestre de Santiago,
hizo villa. Era el año 1421 y hasta 1895 no se
le concederá el título de ciudad, por lo cual
pasará a denominarse "Infantes". En fecha
reciente recuperará de nuevo el nombre de Villanueva
de los Infantes.
El corazón de Villanueva de los Infantes es gótico,
una parte importante de sus monumentos y la práctica
totalidad de su arquitectura doméstica, aunque
más tardía, es heredera de ese momento. En Villanueva
se hace presente el Renacimiento en época temprana
y permanecerá en la ciudad como huella de mecenazgo
de Calatrava. Una ciudad que con el paso del tiempo
ha sabido armonizar las aportaciones culturales
y formales con la herencia del pasado construyendo
una realidad unitaria y equilibrada. Con el transcurso
del tiempo la ciudad se hace más rica y compleja;
a la monumental Plaza Mayor o la más recogida,
Plaza de San Juan, se incorporan otras como la
Trinidad y Fuente Vieja, nuevos trazados, varios
y numerosas edificaciones van enriqueciendo el
patrimonio de esta ciudad histórica.
La villa es como una dilecta teoría de plazas
y calles limpias, sobre cuya bella arquitectura
lo manchego se hace tradición. Es uno de los pueblos
que ha sido reconocido como más solemnes y hermosos
de la Mancha. En la memoria de los infanteños,
siempre están estas líneas "Llegué a esta villa
con más señales de difunto que de vivo"-escribe
Francisco de Quevedo- después de un
año en Madrid donde el corazón se le hiela ante
el olvido de tantos".
En otra carta afirma : "la porfía de las enfermedades
y lo riguroso del invierno me obligan a pasarme
a Villanueva de los Infantes donde quedo en busca
de algún remedio de la botica y la asistencia
de amigos".
A
Infantes le correspondió el honor de ser la última
morada del gran satírico. Quevedo moría cuando
mediaba la tarde de un sereno día de septiembre
de 1645,cuando las tierras pardas de La Mancha
aguardan el milagro de la sementera y las viñas
están al borde de la vendimia. El escritor José
López Martínez escribía, en 1980, con ocasión
del Cuarto Centenario del nacimiento de Quevedo...
"Yo imagino a Don Francisco paseando por las
hermosas calles de Infantes, por sus bellas plazas
y rincones, contemplando sus palacios y casas
señoriales, platicando con algún labriego socarrón,
con algún hidalgo como Don Diego de Miranda,
a quien D. Quijote llamase el Caballero
del Verde Gabán".
De confirmarse y de llegar a reconocerse como
indiscutible, la conclusión del trabajo de investigación
de que Villanueva de los Infantes es "Ese lugar
de la Mancha…", no cabe duda alguna que a
lo hasta aquí expuesto agregará para la historia
por venir un dato en oro de muchos kilates, que
hará que esta señorial villa manchega sea más
conocida, se sienta más próxima y despierte el
interés de viajeros y quien sabe si también caballeros
andantes, versión siglo XXI, por El Campo de Montiel.
Solo deseo como manchego y como infanteño, que
el riguroso trabajo de investigación, la euforia,
el legitimo orgullo, no deje paso a apadrinar
desde las instituciones una desmedida mercadotecnia
y promoción artificial de fácil venta, sin control,
que oscurezca en algún sentido la importancia
del hallazgo y la riqueza artístico-cultural reconocida
de siempre a esta villa así como el de las otras
villas que han sido consideradas en la investigación:
Alcubillas y Argamasilla de Alba. No les agradaría
a los investigadores, ni a los Infanteños, pasada
la euforia, ni a los manchegos todos.
Estoy
convencido que debe haber un antes y un después
en Villanueva de Los Infantes, cabecera del Campo
de Montiel.
Me quedo con la sensación de "ese después"
en Villanueva de los Infantes protagonizado por
un pueblo y sus gentes sencillas, acogedoras,
orgullosas de su cuna, de su rica historia y su
cultura; con sus especiales manifestaciones culturales,
festivas, y una gastronomía atractivamente manchega,
sus tierras pardas, su cielo color plomizo y atractivo
en invierno, brillante y cálido en verano, con
sus callejuelas, sus esquinas con sorpresas para
la imaginación. Me quedo en definitiva, con "Ese
lugar de la Mancha…" y todo lo demás, con
sus gentes, que seguirán ofreciendo hospitalidad
y sonrisas a los "caballeros andantes"
atraídos por la magia cervantina, que sin duda
alguna recorrerán a partir da ahora con mayor
profusión e interés sus calles y sus caminos.
Espero que ustedes se sumen también a la aventura.
Infantes, los infanteños, se sentirán halagados
y orgullosos con con su visita.
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