| Guía
imprescindible para el peregrino lebaniego A. Martín Larios
Liébana se prepara para la afluencia masiva de peregrinos que cruzarán
durante este verano los verdes parajes cántabros al encuentro del legendario Lignum
Crucis, el trozo más grande de la Cruz de Jesucristo que se conserva en el
Monasterio de Santo Toribio de Liébana, uno de los cuatro únicos lugares santos
en el mundo, junto a Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, con motivo del
Año Santo Jubilar que comenzó en el pasado mes de abril.
Red
de albergues para peregrinos
Rutas
para el camino del norte
Página
web oficial de Liébana Tierra de Júbilo
Turismo
de Cantabria "No
por menos conocido el Año Santo Lebaniego tiene una menor importancia", sostiene
la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, que lo ha convertido en la bandera
de la promoción turística anual de Cantabria, que el pasado año correspondió a
la cueva del Soplao. Conferencias, exposiciones, conciertos de música
clásica y popular, encuentros científicos, actividades teatrales, etc. configurarán
el programa cultural en que trabaja la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte
para dar contenido a este año de celebración en el que más de un millar de actos
atraerán a un gran número de visitantes. Previsiblemente Santo Toribio de Liébana
se convertirá durante los próximos meses en el destino de cientos de miles de
peregrinos, turistas y curiosos que, atravesando los caminos de La Hermida, Lebeña,
Tama, Camaleño, Turieno y Cabezón de Liébana en su andadura hacia la Puerta del
Perdón del Monasterio de Santo Toribio de Liébana. La creencia popular apunta
que sólo el que cruce dicha puerta obtendrá el perdón y la absolución por los
pecados cometidos. La Comarca de Liébana constituyó el refugio de los
últimos cántabros resistentes a Roma y el lugar escogido por aquellos primitivos
monjes que hace quince siglos se agruparon en torno a Toribio de Palencia para
fundar uno de los más destacados focos del monacato entre los del norte de España.
La
tradición sitúa la fundación del monasterio de San Martín de Turieno (posteriormente
de Santo Toribio de Liébana) en la época visigoda, allá por el siglo VI, cuando
el obispo de Palencia, Toribio, andaba por las montañas de Cantabria misionando
entre los paganos que entonces las poblaban. No obstante, debió de ser a partir
de la invasión árabe cuando fue enriquecido con el aporte de preciosas reliquias
traídas desde el sur. Entre todas las reliquias allí recogidas, la más apreciada
fue siempre la de Vera Cruz, o Lignum Crucis en latín, el mayor trozo conocido
de la Cruz de Cristo. Junto a él llegó también el cuerpo del obispo de Astorga,
Santo Toribio, famosos luchador contra la herejía prisciliana, que había
traído el Lignum Crucis para salvarlo de la destrucción árabe tras su peregrinaje
a Tierra Santa. Santo Toribio, Obispo de Astorga, ante el peligro de la invasión
de los árabes, la trajo de Tierra Santa y se encuentra en el monasterio desde
el siglo VIII. Valle del Liébana, conocido por sus quesucos, su cocido y su orujo,
situado a los pies de los Picos de Europa El
origen de la corriente de peregrinos a Santo Toribio se pierde en tiempos medievales,
pero hay evidencias de la presencia de gentes venidas de remotas tierras para
rendir culto al madero de la Cruz y al cuerpo de Santo Toribio. En 1512 Julio
II fue el encargado de otorgar la bula por la que quedaba establecido el jubileo
de una semana a quienes llegaran al santuario los años en que la fiesta de Santo
Toribio coincidiera en domingo, un privilegio que sería ampliado en 1967 por Pablo
VI a todos los días del año comprendidos desde el 16 de abril que coincidiera
en domingo hasta el mismo año del año siguiente. El primitivo monasterio de Santo
Toribio estuvo rodeado de un conjunto de capillas y minúsculas ermitas, algunas
de ellas semi-rupestes, salpicadas por las cercanas cumbres y laderas, donde se
retiraban los monjes en sus penitencias. La actual iglesia, en estilo gótico monástico
comenzó a construirse en el siglo XIII sobre la anterior románica, de la que aún
se conservan restos y se encuentra situada en el corazón de la comarca de Liébana,
a unos dos kilómetros del núcleo urbano de Potes, escondida entre los pliegues
orográficos de La Viorna. Tres objetos centran la atención del viajero en el interior
de la Iglesia: la imagen yacente de Santo Toribio en madera policromada, el camarín
donde se cobija el Lignum Crucis y la carcasa de plata sobredorada que envuelve
el sagrado madero. Alrededor del Monasterio de Santo Toribio de
Liébana se encuentra un conjunto de ermitas y lugares de retiro y de oración de
los monjes. Cueva Santa, la Ermita de San Miguel, la Ermita de Santa Catalina,
la Ermita de San Juan de la Casería, la Ermita de San Tirso y el Templo de San
Sebastián de Ojedo. Mención aparte merecen las ermitas de Santa María de Lebeña
y Santa María la Real de Piasca, por su belleza arquitectónica e importancia histórica.
Cueva
Santa Se trata de una construcción prerrománica ubicada en la ladera
norte del monte de La Viorna, en la parte excavada en la roca y en parte fabricada
en sillería y sillarejo. Según la tradición recogida por el P. Prudencio de Sandoval
en 1601, el santo monje palentino se retiraba a orar en ella. La Ermita
de San Miguel Situada en el extremo de la loma, dispone de una espectacular
panorámica del valle del Deva y Potes. Se conserva sólo el ábside o cabecera de
planta rectangular, con bóveda y arco triunfal apuntado, propio del siglo XIII.
La Ermita de Santa Catalina Sus ruinas se elevan sobre la loma
que resguarda el monasterio. Se conserva la espadaña y los muros del presbiterio
que se unen a ella, con indicios de haber tenido bóveda de cañón apuntado y correspondería,
por tanto, a los inicios de la época gótica. La Ermita de San Juan
de la Casería Se encuentra cerca de la carretera, antes de llegar a Santo
Toribio, en el pueblo de Mieses, y estaba cercana a la granja del monasterio.
Es una sencilla construcción rectangular, con puerta de entrada en arco de medio
punto y ábside cuadrado, también de mampostería, que data de la misma época que
las anteriores. La Ermita de San Tirso Ubicada en un espléndido
paraje de la localidad de Ojedo, puede tener su origen en los primeros siglos
de la Reconquista, pero la actual fábrica nos remite a finales de la época gótica.
Es tradicional su romería de agosto. San Sebastián de Ojedo
El origen de este templo es la antigua iglesia prerrománica del siglo IX que se
encontraba en el lugar que hoy ocupa la capilla del cementerio y dependió de Santo
Toribio. De ella, solo se conserva el marco de una celosía de piedra, de forma
rectangular, con decoración sogueada de influencia asturiana que ha perdido su
tracería. Su portada protogótica se encuentra en la actual iglesia parroquial.
Santa María de Lebeña Enclavado en pleno desfiladero de La Hermida
se encuentra Lebeña, en el municipio de Cillorigo de Liébana, cuya iglesia, algo
apartada del pueblo, constituye el mejor ejemplo de arquitectura mozárabe de Cantabria.
Rodeada de un entorno privilegiado, fue edificada, según la leyenda por el conde
Alfonso en el año 925, si bien, la torre y el pórtico son añadidos posteriores.
Nos hallamos ante una construcción religiosa con relevancia en el ámbito nacional.
El pórtico es barroco y la torre, de finales de siglo XIX, cuando fue declarada
Monumento Nacional. El retablo barroco (mediados del XVIII) posee en el centro
una Virgen de Belén, gótica, del siglo XV. El frontal del altar está labrado con
motivos cosmológicos cristianos. Santa María la Real de Piasca
En el municipio de Cabezón de Liébana a unos 12 kilómetros al este de Potes, se
conserva la iglesia y algunas dependencias de este otro gran monasterio contemporáneo
de Santo Toribio. Lo más interesante y valioso de Santa María de Piasca es su
decoración escultórica con iconografía y temas simbólicos del románico (dragones
alados, caballeros que van a la guerra, leones, todo tipo de monstruos, los oficios
del siglo XII: herreros, caligrafistas, sastres, celestinas…). |