Montaña, agua y mucho encanto en la comarca de Cijara
Ociocrítico
Escondida entre las sierras que unen Cáceres y Badajoz, atravesada por el Guadiana, que se retiene, remolón, formando grandes pantanos, visitada por cientos de especies de aves y caza que encuentran abrigo en su Reserva Nacional, Cijara ha permanecido casi inmutable con el paso de los siglos. La naturaleza y el hombre han establecido aquí una rara armonía en la que predomina el respeto al pasado y la tradición, a lo puro y lo auténtico, pero que mira también hacia adelante, que trata de mostrar esta joya a los viajeros y de estimular un turismo alternativo que sepa apreciar los tesoros naturales, históricos, artísticos y culturales que Cijara conserva.
Esta región, que forma parte de lo que se ha dado en llamar la Siberia Extremeña, conserva muchos de los restos de la larga y fecunda historia que por aquí ha transitado. Celtas, vettones y lusitanos fueron sus primeros pobladores. Siglos más tarde, los campos y las villas de esta Comarca fueron señoríos del poderoso Maestre de Alcántara,
Don Gutiérrez de Sotomayor
, para pasar posteriormente a los Duques de Osuna. Por donación de Felipe II, buena parte de este terreno estuvo tradicionalmente en poder del Monasterio de El Escorial, hasta las desamortizaciones del siglo XIX. Su aspecto ha permanecido casi inalterable con el paso del tiempo, lo mismo ha sucedido con sus costumbres y tradiciones.
Los pueblos y su historia, la cultura, las tradiciones y la naturaleza cabalgan en libertad y armonía en estos parajes que alternan las inmensas llanuras con las sierras, la dehesa con los pastizales semi-esteparios que terminan entregándose a los humedales, hoy día reconocidos internacionalmente como los más importantes, equiparables a los de Doñana y a las Tablas de Daimiel.
Los pueblos de la comarca, con nombres tan sonoros como Castilblanco, Valdecaballeros, Peloche, Fuenlabrada y Bohonal de los Montes, Herrera del Duque, Helechosa de los Montes, Peloche o Villarta de los Montes muestran los restos de su pasado romano y árabe, los castillos y ermitas medievales, las iglesias góticas y barrocas, sus balnearios decimonónicos y sus pueblos actuales, que conservan el encanto del ayer.
La Siberia Extremeña
Aunque sus habitantes se muestran muy orgullosos del apelativo de Siberia Extremeña y lo vinculan al nombre de la península (Iberia), no parece el más adecuado de cara a la promoción turística. Tampoco está claro su origen que viene, al menos de 1920. La Siberia Extremeña, denominada en ambientes menos populares Comarca de Los Montes, parece que recibe su apelativo no de la crudeza del clima, aún con ser éste algo más riguroso que en el conjunto regional, sino por su lejanía de los centros administrativos y al aislamiento que históricamente ha sufrido, como consecuencia de sus deficientes vías de comunicación. Su escasa población, con apenas 10 habitantes por kilómetro cuadrado, también favorece la similitud con la más dura estepa rusa.
Este aislamiento ha permitido, sin embargo, que el ecosistema se haya conservado inalterable. Su suelo es pizarroso y poco profundo, poblado de amplios horizontes y agreste belleza, matizado por grandes masas de pinos y eucaliptos que circundan los grandes embalses que jalonan el cauce del Guadiana y sus afluentes. En su extremo norte, dispone de grandes recursos forestales, principalmente pinos de repoblación. Una región de bosques, cañadas, serranías y lagos, donde abunda la caza del ciervo y el jabalí, de la perdiz, el conejo y la liebre, y donde la pesca del lucio, la carpa y el barbo es una tradición popular.
Sus abundantes pastos se llenaban de ganado bovino en el invierno, en tiempos de la Mesta, cuando, por el puente medieval cercano a Villarta de los Montes, hoy anegado por el embalse del Cíjara, se daba entrada al mayor número de ganados de toda España. Las ovejas de Castilla y León se alimentaban en los pastizales y los animales plagaban los bosques.
Las llanuras azules del agua han marcado el paisaje de una forma espectacular en estas comarcas pacenses. Los embalses de Cijara, García Sola, Zújar, La Serena y Orellana, forman la mayor extensión de agua dulce conocida en la península. El paisaje, la naturaleza, incluso las costumbres de la gente se han visto alteradas en positivo. El agua endulza y añade hermosura a estos lugares que antaño fueron yermos y tierras de destierro
Pueblos acogedores
Pero aunque la naturaleza se impone en estas tierras, sus pueblos también merecen una visita, aunque sólo sea para estar en contacto con sus gentes que reciben con cariño al viejaro. Un buen inicio de la ruta puede ser Valdecaballeros, tal vez el pueblo más conocido de la región ya en las cercanías de la Sierra de la Chimenea entre hermosos encinares y monte bajo. De su antiguo pasado dan fe, en su iglesia parroquial, dos piedras con sendas inscripciones romanas, una de ellas del emperador Domiciano, fácilmente legible, y la otra de Vespasiano, más complicada de leer. Su principal monumento es la iglesia de San Miguel Arcángel, del siglo XV y curioso ejemplar de templo rústico extremeño, y en el que destaca la torre cuadrada con ventanas de arco apuntado. En sus proximidades está el Balneario de Valdefernando, importante centro termal.
Castilblanco, población ribereña en la que aún se pueden encontrar construcciones típicas de claras influencia árabes, sobre todo en los barrios denominados "Picocerro" y "Perchel", donde abundan las fachadas blancas de casas con pequeñas ventanas y tejas árabes. Helechosa de los Montes, situada sobre las estribaciones de la Sierra de la Rinconada, en una de las faldas de la Sierra de los Batanes, con un sorprendente paisaje serrano de gran belleza.
Villarta de los Montes, situada en una de las estribaciones de la Sierra de la Umbría, dentro de los Montes de Toledo y en el que destacan los parajes conocidos como el "Valle del Castañar", por donde discurre el agua formando cascadas y los conocidos como "Hoces del Guadiana" y "El Robledillo".
Fuenlabrada de los Montes, entre típicos paisajes de dehesa y monte bajo y muy cercana al llamado Paraje Natural de Robledillo.
Herrera del Duque, debe su nombre a que durante muchos años fue señorío de los Duques de Osuna, se pueden observar grandes casas solariegas con impresionantes fachadas de gran valor artístico. Peloche, junto al Embalse de García Sola lugar ideal para los deportes de agua, localidad que a poca distancia tiene unas interesantes pinturas rupestres esquemáticas. El castillo de Puebla de Alcocer, una de las construcciones históricas más importantes de la Comarca de la Siberia, se divisa desde muchas poblaciones de esta zona.
Una visita a Cíjara, ya sea un rápido fin de semana o un recorrido con más detenimiento, permitirá descubrir al viajero una tierra auténtica, abierta y pura que abre sus brazos y se muestra con naturalidad.
La gastronomía de la tierra y del agua
Esta tierra recia ha sabido aprovechar su rica y variada materia prima para elaborar, desde hace siglos, numerosos manjares. Caza y pesca, cordero y cerdo, productos de la huerta y de la trashumancia, recetas heredadas de los romanos y los árabes, de la Adafina judía o de los conventos cristianos. Platos contundentes como las calderetas y estofados, sencillos y sabrosos como las migas, el ajoblanco o los escarapuches, deliciosos jamones y embutidos y sabrosos quesos de cabra y oveja.
La gastronomía de la comarca situada entre lagos y montes, tiene apreciadas muestras o productos propios de la zona, así los "escabeches" más famosos, son aquellos que se realizan con peces o conejos, recibiendo el popular nombre de "escarapuches". No faltan platos realizados con la buena caza, (excelente en la comarca), jabalíes, perdices, conejos y liebres. Aguardientes y buenos vinos de pitarra son la delicia que complementa su oferta culinaria. La Siberia Extremeña y en concreto la comarca de la Serena tiene sus mejores platos en aquellos que se realiza utilizando como materias primas las carnes de cordero y cabrito, sobresaliendo sus exquisitas "calderetas". Los quesos de oveja, conocidos como Torta de La Serena son apreciados fuera y dentro de Extremadura. Complementa la oferta gastronómica de La Serena, los exquisitos turrones de castuera, así como vinos de pitarra claretes o rosados, y aguardientes, tan abundantes y usuales en muchas de sus poblaciones. Y para postre, cada pueblo ofrece su especialidad: las gachas de Valdecaballeros, queso de almendras de Fuenlabrada de los Montes, las chaquetías de Herrera del Duque, los canutos de Peroche, los rabos de calabaza de Castlblanco, los bollos de Villarta de los Montes o los retorcíos de Bohonal de los Montes.
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