Visitar Sevilla, respetar el mundo

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Diego Lucas Muñiz

Estaba visitando Sevilla en un viaje relámpago que hice con mi cuñado el jueves santo. Qué se puede hablar de esta ciudad y en estas fechas, todo lo que describiese en cuanto al fervor de los desfiles pasionales y de la belleza de la ciudad se quedaría pequeño por la realidad. Ibamos echando fotos a mansalva por toda la ciudad y preguntamos a una agradable sevillana dónde podíamos comer. La buena señora nos indicó que debíamos seguir junto a la marjen del río, pasar junto a la torre del oro, cruzar el puente de Triana, y llegar hasta casa Manolo.

Así lo hicimos apretando el paso, ya que el sol caía de lleno y el estómago lo teníamos vacío. Junto a esta margen y sentados en el retil del río había una pareja de edad madura que habían colocado un mantel a cuadros y sobre él estaban colocando los mejores chorizos que se hacen en Galicia, y al retratar esta estampa costumbrista que debemos tratar que no desaparezca, el buen señor se acercó a mí y dijo:"Esto es una comida gallega" y extendió su mano en cuyo extremo había unos trozos de un chorizo recio y agradable, del cual di buena cuenta sin llamar a mi cuñado ya que estaba "algo lejos…".

Seguí caminando y antes de cruzar el puente que nos llevaría al barrio de Triana, pase junto a un monolito con un grabado que decía:


" Deteneos, hombres y mujeres que pasáis, deteneos y escuchad.

Escuchad la voz de Sevilla, voz herida y melodiosa. La de su memoria, que es también la vuestra, es judía y cristiana, musulmana y laica, joven y antigua: la humanidad entera en sus sobresaltos de luz y sombras, se recoge en esa voz para extraer del pasado fundamentos de esperanza.

Aquí como en otros sitios, se amaba y odiaba por razones oscuras y sin razón alguna; se hacían rogativas por el sol y por la lluvia; se interpretaba la vida dando muerte; se creía ser fuerte por perseguir a los débiles, se afirmaba el honor de Dios, pero también la deshonra de los hombres.

Aquí, como en otros sitios, la tolerancia se impone. Y lo sabéis bien vosotros, hombres y mujeres que escucháis esta voz de Sevilla. Sabéis bien que, cara al destino que os es común, nada os separa. Puesto que Dios es Dios, todos sois sus hijos. A sus ojos, todos los seres valen lo mismo. La verdad que invocan no es valida si a todos no los convierte en soberanos.

Ciertamente toda vida termina en la noche, pero iluminarla es nuestra misión.

Por la tolerancia

ELIE WIESEL

SEVILLA MCMXCII"


Las palabras eran preciosas pero no conocía a la persona que lo firmaba en el año 1992: ELIE WIESEL. Al llegar a casa busqué en la red quién era el Sr. Wiesel, y estas palabras impactan más al saber que su autor es judío y que estuvo recluído en el campo de concentración nazi de Auschwitz donde fueron exterminados sus padres, y que al ser liberado estudió en París donde se hizo escritor y periodista, abundando en sus obras relatos sobre la paz y la convivencia, motivo por el cual recibió en 1986 el premio Nobel de la Paz por su trabajo en defensa de los derechos humanos. Impacta el que una persona que ha visto el horror y el infierno del ser humano salga de él y predique el amor, la tolerancia y la paz, impresionante.

Creo que las personas de bien deberían buscar, para una convivencia en paz, las cosas que nos unen y no las que nos separan, ya que estoy convencido de que esto es el único camino para una relación digna para todos los que pisamos este jodido planeta.

Sí es un tópico pero fue un acierto los regalos que traje desde Hispalis a mis mellizas de cuatro años Marta y Andrea, dos trajes de sevillanas que no se quitaron hasta días después; y cómo no, ¿a que nadie se imagina qué le traje de Sevilla a mi mi mujer? Pues sí, un abanico pintado a mano.

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