Por la tierra del cordero y el cochinillo

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Fausto Requejo

Que en España el cordero y el cochinillo se encuentran en puntos diversos de nuestra geografía es un hecho cierto. Que, como en Segovia (lo siento por zonas de Ávila o Soria, o por Peñaranda de Bracamonte, donde dicen que se come el mejor cordero asado de España: no lo he podido comprobar aún) en ninguna parte, no menos cierto. Ya sea en la mismísima capital de la provincia, una maravilla de ciudad en la que me nacieron y no tuve la suerte de vivir hasta que volví recientemente, o en Pedraza, Torrecaballeros, Cuéllar, Sepúlveda o Riaza. En esta última localidad me detuve el sábado, con el objetivo de comprobar si un par de sitios no tan históricos asaban tan competitivamente como me habían comentado (porque los clásicos, como 'La Taurina', ya me los conozco de sobra).

Así que, atraído por unos grandes cartelones que anunciaban la temporada de las setas, de las que soy un auténtico entusiasta, entré en Casa Pastor, en la calle de la Iglesia, junto a la magnífica Plaza Mayor. Pedí unos torreznos (buenos, pero demasiado grasientos), las tan anunciadas setas (correctas, pero sin excesiva gracia. Setas de campo normales, no níscalos ni ninguna otra delicia) y el cochinillo (poco crujiente). La carta de vinos, escasísima. El postre, un bastante buen ponche segoviano, desde luego no hecho en la casa. Na da entusiasmado, pedí la cuenta (75.44 Euros por dos personas) y entregué mi tarjeta Visa. Primera sorpresa: se les había estropeado la máquina de las tarjetas de crédito. Segunda sorpresa: pedí un orujo de hierbas y se negaron a servirlo, porque "hay mucha gente esperando".

Me fui sin dejar propina. Luego hice mis averiguaciones: similar trato en Casa Marcelo, donde los dueños son los mismos, aparentemente, que en Casa Pastor. Y bastante mejor en La Casona, también en la calle de la Iglesia. Lo que ocurre es que, en estos tiempos de setas y frío, con la montaña nevada y los árboles perdiendo sus últimas hojas, el paraje merece la pena. Lástima que en Riaza falten verdaderos sitios acogedores donde tranquilamente puedas tomar unos aperitivos o unas copas después de cenar. Pese a todo, recomiendo el pueblo y algunos de sus poco lujosos hoteles, como el Plaza. Lástima que, como ocurre con tantos pueblos de España, Riaza también esté creciendo desmesurada e incontroladamente, con bastantes edificios horteras que rompen el entorno. Pero eso lo da la rapiña, ya se sabe.