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Montañas
bastante nevadas
Recorrido por los Picos de Europa en
época prenavideña
Iba el abajo firmante acompañando
al crítico de vinos de este periódico
cuando, casualmente, descubrió este
Molino de Cantarranas, perteneciente
a los mismos dueños (holetes Foxá)
de las bodegas que elaboran el excelente
vino Tagonius, ya glosado en
otro apartado de este Ociocrítico.
Lea la crónica sobre Toledo,
de Jesús M. Sarmiento
Lea la crónica sobre Santander,
de Aurelio Español
Lea la crónica sobre Segovia,
de Fausto Requejo
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sobre crónicas de viajes
Miguel Fernández Huerta
He
viajado en el 'macropuente' por los
Picos de Europa, he visitado la 'novísima'
Cueva del Soplao, he comido hasta hartarme
el buen cocido montañés y el liebaniego,
he comprado -en lo poco que se puede-
algunos souvenirs, he subido al funicular,
me he hartado de pisar nieve y de tirarles
bolitas a mis niños...en fin, que lo
he pasado bomba.
Sí, hay que reconocer que, en cuanto
a gozar de la naturaleza -y eso que
ha hecho frío y lluvia-, esta zona no
tiene parangón. Por eso me he decidido
a escribirlo. Los Picos están a una
hora en coche desde Santander, por la
carretera de Oviedo. A medio camino
de Potes, la desviación hacia la cueva
del Soplao, perfectamente indicada,
donde es aconsejable hacer una parada
(hay que reservar: www.elsoplao.es):
unas cuevas prehistóricas, de trece
kilómetros de longitud, de las que solo
se puede visitar la cuarta parte, o
lanzarse ya en plan espeleólogo (hay
excursiones de turismo-aventura).
Merece la pena la visita (9 euros para
los adultos): las vistas son
maravillosas
cuando no hay niebla ni lluvia, lo que
no ocurre todos los días.
El camino hacia Fuente Dé, a través
de Potes -muchos hoteles y restaurantes
sin mucho mérito- y el desfiladero de
La Hermida, paralelo al río Deva, sencillamente
fantástico.
En Cosgaya, es casi obligatorio almorzar
un cocido montañés en el hotel El Oso,
donde también forzosamente hay que reservar
con bastante antelación, tanto para
comer o cenar como para dormir.
Es
uno de esos hoteles rurales llenos de
encanto, enclavados en un paisaje sobrecogedor.
En Fuente Dé, lo mejor es reforzarse
con otro cocido en El rebeco, un hotel
con menos pretensiones que El Oso, pero
que está igualmente muy bien, sobre
todo en estas épocas en las que, inexplicablemente,
está cerrado el Parador de turismo,
que sólo funciona de marzo a octubre.
Buena comida, necesaria en estos tiempos
de frío para acometer la aventura de
subir en el teleférico por los Picos
y, una vez arriba, con nieve hasta la
rodilla, hacer algo de senderismo. O
gozar simplemente, como antes decía,
haciendo muñecos de nieve o haciendo
peleas de bolas. Luego, al hotel a tomar
una copa de buen orujo de Potes con
la parienta. Por la noche, un paseíto
al frío, un poco de lectura al amor
de la lumbre y...a la cama, hasta el
día siguiente.
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