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Una
capa en tres actos
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sobre crónicas de viajes
Nieves Fernández Rodríguez
PRIMERO
Dicen que siempre se vuelve a los lugares
donde se ha sido feliz a repetir la
experiencia con algunas variantes.
La semana pasada apenas tenía decidido
el viaje. El tiempo apremiaba. Para
este verano deseaba huir de playas pegajosas
y de multitudes, quería algo distinto
como un pequeño pueblo para caminar
sosegadamente por sus calles, para reflexionar
con la calma que presta su paisaje.
Quería volver a Almagro, sin ánimo alguno
de recordar allí otro viaje anterior
de hace cinco años. Sólo fueron tres
días y veníamos todos. Aquello fue distinto
al viaje que comienzo. Con niños a tu
lado todo siempre es distinto. Incluso
el matrimonio se hace tan diferente.
Es mi primer verano de divorciada. A
veces pienso que en el Parador donde
voy a alojarme pueden reconocerme. Sé
que hay personas que tienen una gran
capacidad para recordar nombres, fechas
o situaciones. En un hotel de estas
características se fijan rostros, se
conservan sonrisas, se quedan con los
gestos habituales de los hospedados;
la decoración y el ambiente se prestan
a ello.
Es cierto, pueden reconocerme. Me sonrojo
sólo con imaginarlo. No debo pensar
en eso. Esta es mi nueva vida en solitario.
Aunque es dura, debo ir acostumbrándome.
Sentiré algo similar todos los veranos
cuando las niñas se marchen con él y
yo me quede sola, y en Navidades, y
en vacaciones de Semana Santa, y en
mi cumpleaños...
Por suerte para mí, aún tengo memoria
de lugares acogedores y encantadores,
disfrutados en pareja, como éste. Por
desgracia para él, tengo la valentía
de volver aquí sola.
¡Qué más quisiera él que yo me agazapara
en un rincón de nuestra vieja casa mientras
él se divierte con las niñas y con ella
en su playa fantástica!
He hecho bien con volver a Almagro.
¿Por qué no aprovecharme de experiencias
vividas? Pedro lo hace todos los días.
¿Y las niñas? Las niñas ya han crecido
lo suficiente para que yo ahora recupere
mi espacio vital y me crezca por dentro.
La separación te agacha o te da alas.
Antes de salir pensaba qué podría hacer
yo sola por aquí, por La Mancha, en
un hotel apenas conocido. Pero hoy sólo
pienso en volar como nunca lo hice.
Sé que debo agacharme de cuando en cuando
para tomar impulso y volar, si cabe,
de un modo inalcanzable, antes que permitir
que me sobrevuele como un negro pajarraco
este inesperado y maldito divorcio.
Bueno, ya estoy llegando. Almagro es
un buen lugar para una semana de futuro,
puede que para más; es amplio, sereno,
noble, impoluto como yo deseo estar
en este instante. No pido más. Tan sólo
una semana de futuro. Ya diviso sus
cenicientas y anaranjadas torres. El
Parador quedaba por aquí, a la derecha,
estoy segura. Antes eso no me preocupaba.
Yo iba a remolque de él, siempre a remolque;
ahora debo orientarme en todos los sentidos,
por mí misma y no extraviar nada.
- ¡Vaya, si están de fiesta! Festival
Internacional de Teatro Clásico de Almagro.
Eso al menos reza ese cartel con forma
de capa vaporosa. Y las colgaduras de
estilo medieval me confirman que ya
lo están celebrando.
¡Oh, el teatro! De jovencita me aficioné
al teatro, después lo abandoné para
ceder por él como en todas las cosas.
Recuerdo un desastroso Picnic de Fernando
Arrabal en el escenario del instituto
con Ángeles y Margarita:
Sin darnos cuenta, el retrasado ensayo
nos sirvió de improvisado estreno. Nadie
supo nunca que no ensayamos, ni siquiera
la profesora de literatura, tres actrices
con las mejores tablas, y así lo demostramos;
es más, a las tres nos picó la risa
en medio de esos absurdos diálogos,
y los espectadores tomaron las carcajadas
como aciertos dramáticos. Además, antes
de comenzar y a falta de telón, tapamos
el escenario con una sarga blanca para
evitar las miradas curiosas y, como
no podía ser menos en aquel desastre,
la tela se quedó olvidada durante la
función, pero eso sí, tan bien iluminada
que se hizo base para reflejar nuestras
propias sombras. Pues, también consideraron
esto como otro acierto dramático, a
juzgar por los aplausos, por supuesto
fruto de nuestra experiencia atrevida
y existencial que le iba a la perfección
al texto de Arrabal. En definitiva,
todo un éxito.
Bueno, supongo que a Almagro no vendrá
Arrabal, tal vez como espectador. En
este Festival antes se hará presente
Calderón, Tirso, Lope, Shakespeare,
Cervantes, Molière... Esas sí que
son buenas tablas para olvidar divorcios
y acercarse a sus clásicas e inmejorables
plumas.
SEGUNDO
La habitación es confortable, sobria,
decorada con elementos y muebles castellanos.
Por fortuna no reconozco a nadie del
personal, ni creo ellos a mí. ¡Menos
mal! Antes siempre intenté pasar desapercibida.
Como es costumbre en mí, enseguida me
dispongo a deshacer la maleta. Esto
es para empezar con buen pie las vacaciones.
El orden es primordial en mi persona,
o lo era, no lo puedo evitar. A Pedro
le sacaba de quicio.
- ¡Una capa! ¡Y cómo pesa! ¿Cómo se
puede dejar olvidada en el armario?
Llamaré al servicio de habitaciones.
No he podido resistirme a ponérmela
y a dar unos cuantos giros de baile
por las baldosas rojas que me sirven
de pavimento. Este paño negro me favorece.
Debe ser de un actor olvidadizo, ya
nadie lleva capas toledanas por ahí
y menos en verano.
- ¡Ahhh! -suspiro.
Además está perfumada, huele a flores
silvestres y a hombre, huele a hombre.
Con la ropa ordenada en el armario y
la capa estirada en la cama me voy sudorosa
hacia la ducha, a pesar del aire acondicionado
de la habitación. Julio siempre es julio,
tan sofocante en la costa como en el
interior. La verdad es que sólo en el
norte te puedes olvidar por unos cuantos
días del calor asfixiante.
La ducha me relaja enormemente. Me hace
olvidar el cansancio del viaje. Desnuda,
solitaria, fresca y húmeda camino descalza
en busca de una blusa liviana y transparente.
Ahí esta esa capa en mi camino, con
su olor masculino y su aroma de hiedra
y de flores silvestres robado de alguno
de esos frondosos patios almagreños.
Todavía falta una hora larga para la
cena. Adoro la cocina de este Parador,
recuerdo que se comía bien; espero que
no hayan cambiado de cocinero. La comida
siempre fue uno de mis placeres.
La capa me reclama insistentemente,
de una forma infinita; no sé de quién
será pero esta tarde está claro que
quiere ser mi lecho para una siesta
cálida, tardía y algo extraña. Ella
desea arropar mi nueva desnudez y yo
tengo tanto sueño ...
"Garza que nunca del nido
tender osastes el vuelo
al diáfano azul del cielo
para aprender a cruzar:
si es que a través de esos muros
el mundo apenada miras
y por el mundo suspiras
de libertad con afán,
acuérdate que al pie mismo
de esos muros que te guardan
para salvarte te aguardan
los brazos de tu Don Juan."
Me he debido de quedar dormida sobre
este paño amigo.
-¿Será posible? He soñado con apuestos
caballeros embozados de perilla y espada
y con damas atrapadas en conventos,
rescatadas por ellos con amor.
Debe ser la magia del teatro que invade
este lugar que antes fue convento; hasta
creí escuchar tras la ventana unos versos
del Tenorio de Zorrilla.
Tal vez algún ensayo de un actor me
trajo su potente voz con ráfaga de aire
a mis cristales.
Esto promete. Me vestiré rápidamente.
Tomaré a esta ciudad de Almagro con
todas mis ganas y sin dramas personales
que valgan.
TERCERO
"¡Dios mío, cuánto he soñado!
¡Loca estoy! ¿Qué hora será?
Pero, ¿qué es esto? ¡Ay de mí!
No recuerdo que jamás
haya visto este aposento."
- ¿Quién habla?
Otra vez los ensayos, ahora con voz
de mujer. Me voy.
Imposible salir de aquí. ¡Pero qué torpe
soy! La puerta de la habitación se ha
atascado, forcejeo. Por un largo rato
quedo atrapada. Alguien me oirá y empujará
la puerta. Mejor llamo a recepción.
- ¡Pues sí que empiezo bien las vacaciones!
No es que tenga miedo, pero ya está
bien de sucesos extraños. Alguien tiene
interés en asustarme y mantenerme en
suspense en este mi primer viaje en
solitario. No sé, serán mis propios
miedos.
En recepción comunican, lo intento de
nuevo con la puerta. La muevo con escandaloso
traqueteo, extremadamente nerviosa.
Desde fuera también empujan. Hasta creo
que me hablan.
"Cálmate, pues, vida mía;
reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría."
Hay alguien al otro lado, ahora sí que
estoy convencida.
- ¡Llame a recepción, por favor! Diga
que la puerta está atascada -digo en
voz alta.
- Espere... Personal del hotel, por
favor, apártese de ahí.
Obedezco. De un golpe seco la puerta
se abre y quedo libre. En el pasillo
un hombre alto, moreno y atractivo se
presenta ante mí como mi salvador. Durante
unos segundos lo imagino con jubón ajustado,
pantalón de globo drapeado, calzas hasta
la rodilla, cuello rizado en zigzag
y sienes bien peinadas y brillantes.
Debe ser otro fenómeno extraño de este
mi nuevo cerebro de estreno, viajero
y fantástico.
Le escucho decir que se llama Manolo,
oficial de servicios varios de este
Parador. De inmediato pide disculpas
por la afrenta de la puerta y se dispone
a arreglarla muy diligentemente.
No sé que hacer. Me quedo mirándolo,
se me hace tarde para la cena.
- Adiós -digo con sonrisa comprensiva.
- Vaya tranquila, cuando termine, yo
mismo cerraré la puerta. No entiendo
cómo se ha atascado así, está recién
revisada. Si mañana nota algo extraño
en la cerradura, no lo dude, pida otra
habitación.
- Gracias, -afirmo complacida- lo haré.
Le echo una última mirada. Su ropa de
trabajo no le resta un ápice a su porte
gallardo y castellano, parece recién
salido de una tragicomedia. Con las
vestiduras que yo lo imaginé al abrir
la puerta, bien podría ser un noble
caballero, galán de celosías y con espada
en mano dispuesto siempre a defender
honores. Seguro que desciende de algún
apuesto hidalgo.
- ¡Cuánta imaginación!
Frente a mí, en el gran comedor, sentados
a la mesa, una joven pareja se hace
arrumacos de amor. Sus palabras me llegan
como en un susurro; aunque no quiera
resuenan en la sala, se mezclan con
la brisa que ahora se cuela por el patio
y mueve las cortinas.
"Espejo, luz de mis ojos
escuchadme sin enojos."
"¡Ah! Callad, por compasión;
que viendoos me parece
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón."
¿Actores? No estoy loca. Esa capa es
la culpable. Me ha hechizado. Todo lo
que vivo lo siento a través del filtro
dramático de un tiempo pasado que me
hace evadirme de la realidad.
Deben ser fantasías de mujer solitaria.
Hora es de dar cuenta de esta estupenda
cena y de deshacerla a continuación.
La noche es fresca y joven.
Por una calleja bohemia que baja hasta
el centro voy recordando mi otra visita
a Almagro. La misma galería de arte
con nombre de palacio y de ricos banqueros,
plagada como siempre de obras de vanguardia.
Enfrente, la misma taberna con nombre
de actriz. Más adelante, la misma plazuela
empedrada rodeada de portadas con escudos
y blasones. Esta vez, transformada en
ingenuo escenario de teatro de calle,
con niños riendo las gracias en inglés
de un bufón saltarín de una corte extraña.
Sus risas me recuerdan a las risas más
infantiles de mis hijas. Puede que también
ellas rían ahora las gracias de su padre.
Otra calle más me lleva hasta la famosa
Plaza almagreña. Más verde y marinera
que nunca, más viva y con un sano ambiente,
sorprendentemente iluminada, más grandiosa
que hace cinco años, más mágica y alborotadora
que antes, con los personajes de su
teatro acercándose a todos los escenarios.
Una de las terrazas será el balcón exclusivo
de todas mis miradas.
- Café con hielo, por favor.
La plaza hierve, las mozas de alguna
compañía danzan y reparten agua refrescando
con picardía aún más la noche. Unos
jóvenes malabaristas lanzan al cielo
sus antorchas encendidas. Otros mozos
invitan a bailar a damas espontáneas
y atrevidas. Por un momento se me olvida
mi molesto divorcio. Hoy en Almagro
elegiré el papel que nunca se dignó
a regalarme la vida.
Sorprendentemente, un moreno galán con
capa y con espada viene a mi mesa y
me invita a bailar al son de los timbales
y de las dulzainas. Se parece horrores
al atractivo chico del Parador que me
arregló la puerta. ¿Será él? Todo es
posible si eres capaz de interpretar
el papel que el momento te pide. Y su
capa también huele a flores silvestres,
a hiedra y a hombre, huele a hombre.
¿Será la misma que yo dejé en la cama?
Me ha tapado hasta el cuello con ella
de una manera mágica. Me arrastra tras
él, sin que pueda negarme, por estos
elegantes soportales y por las esquinas
besándome apasionadamente. Me embriaga
de una forma incesante con sus dulces
palabras.
"Tu presencia me enajena,
tus palabras me fascinan
y tu aliento me envenena."
Envueltos en la amorosa capa entramos
juntos al Corral de Comedias. Esta noche
soy espectadora de mi propia obra. Comienza
la función. Él invita. El teatro de
la vida en Almagro comienza.
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