Un año con imán para el dinero


Farolillos rojos, dragones multicolores y máscaras de gesto exagerado han dado la bienvenida al año nuevo chino en cualquier confín del mundo donde hay un ciudadano de esa nacionalidad. En esta ocasión, acaba el año de la cabra, poco popular entre los chinos, y nos sumergimos en el del mono, año de la fortuna y de la suerte en el dinero.

El mono protegerá en los próximos doce meses a todos, pero especialmente a quienes hayan nacido este año o en 1992, 1980, 1968, 1956, 1944... Como es un animal con gracia, simpatía y mucha inteligencia, sociable, carismático y de humor agudo, éste es un año perfecto para acometer proyectos políticos, económicos o empresariales. Eso sí, cuidado: la opulencia nos puede hacer olvidar nuestros principios...

El mono también tiene su lado oscuro. Caprichoso y egocéntrico, no aguanta permanecer en segundo plano. Como posee un fuerte instinto sexual, es enamoradizo y por tanto le cuesta reconocer el sentimiento verdadero y duradero. Así que atención también en esto. Además, el mono favorece la anarquía y los planes locos, por lo que el fracaso estará siempre al acecho.

Celebraciones de naranjas y primavera

Las naranjas, que simbolizan el buen augurio, están estos días en todas las mesas chinas, al igual que el pescado, las galletas de almendra y los dim sum (unas pequeñas empanadillas o bolas de sésamo cuyo nombre, traducido del cantonés, significa "un trocito del corazón"). El año nuevo chino, que se rige por complicados cálculos relativos al calendario lunar, augura la llegada de la primavera y no sólo se celebra en China: también en Vietnam, Malasia, Taiwán y, por supuesto, Hong Kong. En todos estos lugares abundan, en estos días, las llamadas Coplas de Primavera, que son papeles rojos con letras doradas o negras que dan la bienvenida al nuevo año con bendiciones y buenos deseos.

Cuenta la leyenda, una de esas ancestrales leyendas orientales, que Buda, el emperador de jade, viendo que se acercaba el día de su muerte, convocó a todos los animales de la Tierra para dejarles el testimonio de su voluntad. Para su sorpresa, sólo se presentaron 12. El primero en llegar fue la rata y los siguientes fueron, por este orden, el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y el cerdo.

Como premio a su devoción, Buda les regaló a cada uno un año, para gobernarlo e influir sobre el carácter y la personalidad de todos aquellos que hayan nacido en él, si bien es cierto que, para comprender a una persona en su totalidad, también hay que tener en cuenta la influencia del ying y el yang y la de los cinco elementos (metal, agua, madera, fuego y tierra).