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El
canapero se casa con la cerveza
Cata comentada de cervezas maridadas con
quesos
Taller de los Sentidos, Salón Internacional
del Club de Gourmets
Pabellón de La Pipa de la Casa de
Campo
20-04-2004
El Canapero (Madrid)
Qué
gran invento, la cerveza. Ya lo sabían los
sumerios allá por el año 4.000 a.C., y este
canapero está totalmente de acuerdo. Tanto,
que está dispuesto a casarse con el dorado
líquido... cuando se divorcie del queso.
Porque, créanlo o no, la cerveza se ha casado
con el queso. Ha sido en el Taller de los
Sentidos, en la madrileña Casa de Campo.
Servidor fue testigo, junto a unas cuantas
decenas de personas.
Una de las actividades organizadas por la
mencionada feria gastronómica y abiertas
al público en general ha sido una cata comentada
de cervezas y quesos. Que si lager pilsen,
que si ale, que si de abadía, que
si stout... Que si manchego curado,
que si de Mahón añejo, que si San Simón
ahumado (¡mmmmm!), que si de Burgos... Quizá
no fue buena idea ir en ayunas: había seis
cervezas para probar y comparar cómo combinaban
con cuatro trocitos de queso (la verdad,
minúsculas raciones para tanta bebida tentadora).
¡Si sólo era la una de la tarde! Decenas
de personas se entregaron en cuerpo y alma
a la tarea y, la verdad, todos salimos un
tanto alegres.
Y
eso que los expertos que guiaban la cata
hicieron lo imposible para contener a las
hordas sedientas. "No se beban toda la
copa de cerveza de golpe", advertía
Juan Muñoz, presidente de los sumilleres
españoles, percibiendo las ansias
de su público. De poco sirvió: un grupo
de adolescentes echó mano de las birras
antes incluso de que se sirvieran los quesos...
La reunión quedó animada al instante.
Muñoz,
divertido con tan entregado público, trató
de explicar la diferencia entre una cerveza
de sabor frutal y otra malteada; entre una
espuma más cremosa y otra más untuosa, entre
una más amarga y otra (y aquí se nos puso
poeta) "de sabor a pan crudo, a hierba
recién cortada". Para entonces los allí
presentes ya teníamos ante nosotros
un arco de seis copas de cerveza, cada una
de una tonalidad diferente e identificadas
según su tipo. ¿Quién podía resistirse
a probarlas?
Sin
embargo, aún había charla para rato (contente,
canapero, que te pierdes...). José Luis
Martín, gran experto en maridajes de
quesos, se empeñó en explicar que la sal
Maldon, la flor de la sal, realzaba el sabor
de los quesos frescos, tipo Burgos. Que
los ahumados, tipo San Simón, son difíciles
de combinar con vinos, y que por eso resultan
ideales para maridar con cerveza (aquí otro
sorbito a escondidas para ayudar a asimilar
tanto conocimiento gastronómico), que un
buen manchego (denominación de origen, cuidado,
con auténtica leche de oveja) curado durante
nueve meses es lo mejorcito para realzar
el sabor de una cerveza de abadía... ¿Sabían
ustedes que esta cerveza va de maravilla
con el chocolate amargo? Pues ya lo saben.
Agradable
sorpresa constituyó la aportación del gran
crítico gastronómico José Carlos Capel,
miembro de la Real Academia de Gastronomía,
que, lejos de pontificar, animó a los ya
medio beodos participantes a discrepar con
los dictámenes de los expertos y experimentar
combinaciones nuevas entre quesos y cervezas.
En contraposición con esta arenga levantisca,
Capel también quiso elevar el espíritu del
público explicando que "maridar"
viene del latín maritare, unir o
casar en matrimonio, y que en un buen matrimonio
uno tapa los defectos del otro. ¿Se refería
a la cerveza o a la parte contratante de
la primera parte?
En cualquier caso, abierta la veda para
probar sin disimulo, comprobamos con fruición
que el queso de Burgos (y sus pétalos de
sal Maldon, no lo olviden) va de maravilla
con una buena cerveza sin alcohol, que el
queso de Mahón sólo puede apreciarse en
su plenitud si va acompañado de una más
dulce lager pilsen, que el sabor
ahumado del San Simón es ideal para bajar
una lager extra, que la cerveza de
abadía es inseparable de la contundencia
de un manchego curado (ah, el retrogusto
de la cerveza roja...).
Entre
los expertos había un personaje de aspecto
decimonónico, bigote cual manillar de bicicleta
y estómago prominente cruzado por la cadena
de oro de un reloj de bolsillo, que resultó
ser el presidente de la Cofradía del Queso
Manchego, José Manuel Escorial, y
que animó tan instructiva reunión (¡hip!)
instando a todo el mundo a aventurarse en
combinaciones nuevas. "Tenemos que ser
un poco heterodoxos y francotiradores",
afirmaba (aunque todo el mundo se había
quedado ya sin munición) mientras
hacía girar la cerveza en su copa con gesto
preciso y la olía, embelesado y sonriente.
La verdad, todos salimos de allí con una
sonrisa de oreja a oreja, la cabeza dando
vueltas y la mente llena de lúpulo fermentado
con notas malteadas.
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