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Comiendo
en el Guggenheim con Solbes
El Canapero (Bilbao)
Almuerzo de Nueva Economía-New York Times
con Pedro Solbes
Museo Guggenheim
Bilbao, 31 de mayo
No todos los días puede un Canapero decir
que ha almorzado con Solbes. Y con
doscientas personas más, esa es la verdad.
Pero fue en el marco incomparable del Museo
Guggenheim, de Bilbao, cerrado a las visitas
del público y escenario, el lunes 31, de
una jornada sobre la economía vasca en 2004,
organizada por Nueva Economía y Wall
Street Journal.
Debo comenzar diciendo que a José Luis
Rodríguez, el presidente del forum Nueva
Economía, deberían darle una medalla, no
como a otros que se las dan en Consejo de
Ministros mereciéndolas mucho menos. Con
su foro, JLR ha conseguido hacer dialogar
a incompatibles, llevar ante empresarios
y periodistas a seres irreductibles. Y,
claro, dar bien de comer a doscientas personas
a la vez, lo que ya se sabe que no es fácil.
Pero cada cosa a su tiempo.
Es el caso que la jornada fue inaugurada
por el lehendakari, que no es muy amigo
del Círculo de Empresarios Vascos y de Confebask,
que son gentes muy poco proclives al famoso
'plan Ibarretxe'. Y fue clausurada
por el superministro de Economía Pedro Solbes.
Y hablaron desde Alechu Echevarría,
el dirigente de Vocento, hasta Roman
Knörr, el que manda en Confebask. Y
el presidente de Mercedes Benz, Carlos
Espinosa de los Monteros, Ignacio
Sánchez Galán, de Iberdrola, José
María Vizcaíno (de Vizcaíno) y Xabier
de Irala, ex presi de Iberia y hoy preside
la BBK, y el de las industrias Mondragón,
y varios catedráticos, y mucha más gente,
como el comisario europeo Joaquín Almunia,
que es del mismo Bilbao, como se sabe, y
si no se sabe, él te lo dice con mucho gusto.
Y, entre los espectadores que allí consumieron
una dicen que provechosa mañana, la flor
y nata del empresariado vasco, que es, como
se sabe, el empresariado por antonomasia.
Y políticos del PP, del PSE -el mismísimo
Patxi López- y, claro, del PNV.
Uno no entiende mucho de estas cosas, pero
creyó percibir que algunos empresarios le
lanzaban al Gobierno vasco el mensaje de
que, así, no se puede funcionar. Ya se sabe:
los empresarios, siempre quejándose, se
lamentaba, a su vez, un senador peneuvista,
que echó una bronca a los intervinientes
en un panel porque hablaban poco de números
y mucho del Estatuto, sin percibir que el
título del papel era "Los empresarios
y la reforma del Estatuto". Una reforma
de la que el senador, ya se veía, era partidario
y los empresarios parece que no, aunque
con el metalenguaje que se gastan en Euskadi
nunca se sabe bien qué quiere decir cada
cual. Como el propio Ibarretxe, que negó
que vaya a anticipar sus elecciones autonómicas
y recalcó que piensa seguir con su Plan,
cuando la realidad podría ser otra, no contraria,
pero sí paralela.
Bueno, el caso es que hubo ensalada de lomos
de anchoa sobre lecho de verduritas al vinagre,
carrillera de ternera glaseada y milhojas
con mousses y sorbete, un vino bastante
malo que no cito, café y hala, a la calle.
¿Era un menú de Martín Berasategui,
el restaurador habitual del Guggenheim?
Si lo era, no era gran cosa, la verdad,
aunque el puré que acompañaba a la carrillera
era excepcional y aunque, como todo el mundo
sabe, dar de comer a doscientas personas,
por muy empresarios vascos que sean, no
es tarea fácil. Ya digo: José Luis Rodríguez,
a veces, lo consigue. Eso, y algunas cosas
más.
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