El puro que no se fumará Rajoy

El Canapero (Madrid)

Presentación del puro 'Edmundo', de Montecristo
Madrid, 04 de junio


El Canapero, buen experto en puros, ya había fumado un Edmundo, la última creación de Montecristo, con anterioridad a su presentación oficial en Madrid, en la noche del jueves. Fue en La Habana, en la fábrica de Montecristo, hará unos tres meses. Ya entonces, Edmundo le pareció un prodigio, las cosas como son y sin publicidad, que es donde resplandece la verdad. El jueves, en el recinto de La Arganzuela, que es una especie de palacio de cristal/invernadero, en la zona sureña de Madrid, confirmó la impresión, corroborada por la mayor parte de los casi doscientos asistentes a la cena con la que El Bulli acompañó la presentación: Edmundo, que es el nombre del protagonista de El Conde de Montecristo, es un cigarro manejable, lleno de aromas, suave -el canapero odia los puros duros, mareantes-, ideal para degustar con calma después de una buena cena -y buena fue, a fe mía-. Tendrá éxito.

Edmundo es algo más que un robusto, mayor vitola, más largo, producto nuevo que Montecristo lanza al mercado en más de treinta años. Tiene un encendido armónico, quema con la regularidad de un motor Mercedes Benz, no calienta la boca, te llena el olfato con recuerdos de la plantación de Pinar del Río. Allí, en La Arganzuela, en un acto presentado por Jorge Perugorría, escuchando los sones de la música cubana, acompañado de gentes amables y con ganas de pasarlo bien -Pablo Isla, el máximo responsable de Altadis, o Santiago Alonso, o Josu Echevarría, a José Antonio Vera, o Carmen Gurruchaga, o Miguel Martín, o Sergio Sauca o Imanol Arias o Jesús Martínez Vázquez, entre otros muchos-, uno creyó estar en la gloria. Porque no es que uno quiera incitar a nadie a darse al tabaco, pero un buen puro, fumado en ambiente ad hoc, es placer caro a los dioses. Y no tan caro, si bien se mira: ocho euros. Lamento que nuestro Mariano Rajoy, que ha anunciado que deja de fumar sus famosos puros, vaya a perderse el Edmundo. ¿O será una añagaza electoral?

Ah, la cena, de notable para arriba, aunqwue sin llegar a sobresaliente: la famosa tortilla de patatas del siglo XXI, que ni es tortilla ni es ná; Dorada en rostit (excelente) y solomillo de buey en civet (bueno, aunque algo seco). De postre, un cous cous de Sacher, que ni yo mismo podría explicar bien en qué consistía.