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Chile en el corazón...y en los canapés..
Fiesta nacional en la residencia del embajador chileno en Madrid, La Moraleja. 18 de setiembre 2006
19/09/2006
Tras una larga ausencia por enfermedad profesional, el Canapero regresa por donde solía, más moderado y menos comilón que nunca. Y regresó a la residencia del embajador de Chile, en la aristocrática y exclusivísima zona de La Moraleja, donde las grandes mansiones en medio de inmensos jardines frondosos se alinean en injusta y envidiable sucesión. Allí, día de la fiesta nacional chilena, el nuevo embajador Puccio recibe a centenares de personas invitadas al calor de una noche aún de verano. Hay mucha gente, pero pocos políticos (ni del Gobierno ni de la oposición; poco PSOE, lo que no deja de ser sorprendente en la fiesta de un país donde gobierna una socialdemócrata gran amiga como la Bachelet, y poco PP. Nada de IU...). Vemos, en fin, a algún socialista veterano, como Joaquín Leguina, tan desaprovechado por el zapaterismo en boga; el entonces jovencísimo economista Leguina estaba de asesor de Salvador Allende, como Joan Garcés, que también andaba por los jardines de la residencia.
Pero pocos notables, hasta donde a este canapero ignorante se le da a entender. Eso sí, canaperos muchos, pero figuras del destello y peso de un Pedro López Jiménez, escasas. Vimos a periodistas de veteranía, como Consuelo Alvarez de Toledo y Federico Ysart, o a Juancho Armas. O a los editores Carlota del Amo y Miguel Aguilar. Pero, ya digo: al margen de lo citado, relumbrones, pocos. Militares de vistosos uniformes, muchos. Y el nuncio, monseñor Monteiro, que no se pierde una. Y algunos empresarios con intereses en aquel país. Y, claro, el director y editor del diariohispanochileno.com, que dicen que será presentado en Madrid y en Santiago de Chile dentro de algunas semanas.
Y el caso es que los canapés merecían la pena. Vieiras en ajillos, pateras de mejillones, pescados de toda laya, jamón de pata seminegra. Este canapero, aún resentido de sus dolencias, no se atrevía ni a acercarse a las viandas magníficas, ni al pisco provocativo, ni a los vinos nacionales (de Chile, claro), tan variados y casi todos tan estupendos.
Así que, claro, impedido de ponerse ciego, como solía y volverá a hacer, el canapero, falto de buenos contertulios, se marchó pronto a casa. Sopitas y poco, pero buen, vino. No hay derecho, hombre.
Calificaciones.
Ambiente, 6(mucha, mucha gente, pero conocidos, pocos). Diversión, 5 (la mayor parte de los contertulios, menos Leguina, Carlota del Amo y su acompañante y Cari Plaza, un muermo). Canapés, 8 (calificación siperior, incluso desde la distancia).
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el anterior canapero>>
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