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Espe abrió, Espe cerró...y hasta fumamos

22/12/2006
El Canapero

Lo malo de ir a los guateques de Esperanza Aguirre es que se celebran en la Casa del Reloj, en la Puerta del Sol, que está de imposible acceso: ¡una hora tardamos en llegar en automóvil, conducidos por Mediavilla, al parking más cercano desde nuestra sede, calle Recoletos, a menos de kilómetro y medio!


Por lo demás, son guateques divertidos: esta vez, despedíamos el año, o celebrábamos anticipadamente la Nochebuena, o la lotería, quién sabe, los periodistas -algunos, bastantes, periodistas- y las gentes de la CAM, con una exultante y elegante Esperanza Aguirre al frente (por cierto, que al vicepresidente Ignacio González le ha salido como un mechón blanco en el cogote, a él, tan joven).

Claro que estaban exultantes porque los tribunales han dado la razón a Aguirre frente a la ministra de Sanidad -menudas dos son ellas- y dejan fumar en Madrid. Así que, ni cortos ni perezosos, nos echamos un cigarrito allí, en plena cena masiva, mesas navideñas, impecablemente puestas, en un buffet que, la verdad, era mediocre, como todo buffet que se precie. Menos mal que estaban los aperitivos anteriores...

Pero vamos por partes: si, hasta el canapero, que no es fumador (excepto algún purito, cuando cae) se echó un Ducados, proporcionado por su amiga Olga Heras, para acompañar el clima. Una gran pantalla retransmitía el partido en el que gannó, rara avis, el Atlético de Madrid. Y había allí exaltación madrileñista no por el triunfo de los rojiblancos, sino porque se confirma la república de Espe como ínsula no tan barataria, como buque de asalto al Gobierno central, como mosca pelotera (bueno, el término es otro) del Gobierno central. Yo qué sé, ignorante canapero, lo que allí se respiraba políticamente.

Es el caso que Espe, con su recepción de la Constitución, fue la primera que abrió la etapa de saraos prenavideños -en su día lo contamos; y ahí ha estado el canapero cuando hacía falta, que ahora nada en bicarbonato- y en la noche del 21 cerraba la serie. En medio, este canapero sufrido recuerda recepciones en el Congreso, en La Ancha, en el hotel Villareal, en Ferraz, en Moncloa...lo que ocurre es que cada año tenemos el cuerpo para menos fiestas y, claro, pasa lo que pasa.

Aunque en la noche del jueves 21, previa a la lotería, a la cumbre Rajoy-Zapatero (se hablaba poco de este tema, menos del proceso de paz con ETA y mucho de chau chaus internos del PP, porque el ambiente era, lógico, bastante pepero), lo cierto es que no se cenó demasiado bien. Hombre, los aperitivos (esas gambas rebozadas según nuevas fórmulas, con salsa de coco, mmm) estuvieron bastante bien, enhorabuena al catering, que esta vez era Pocheville. El buffet, en cambio, solo regu: bien el salmón ahumado, regular la vaca estofada, flojos los quesos, insípida la porrusalda. Y de postre, el inevitable chocolate prensado. Y es que no se puede dar bien de comer (o cenar) a varios cientos de personas.

Pero, eso sí, ya digo: nos fumamos un pitillito quienes por allí andábamos. Y vimos a mucho prohombre de la prensa, como Sáenz de Buruaga, apuntado ahora a Telemadrid. O Manuel Antonio Rico, que rara vez sale a estos saraos. O consejeros de la CAM, o Regino García Badell, consejero áulico, o el director de la revista Tiempo, o el de este diariocrítico y medio Madridiario, o, claro, Ángel del Río, el de la Cope, que es el gran edecán de la información madrileña, el más respetado, ya saben de quién hablo porque, a veces, hasta nos hace la merced de colaborar aquí. O Rafa Simancas, que tambien nos hace la merced. Lo mismo que Curri Valenzuela.

En fin, muchos. Y faltaban otros, pero ya se sabe que este Madrid es irreconciliable, incluso en Navidad.

Calificaciones:
Ambiente: 7 (faltaban algunos, sí. Menos mal que estaba Carmelo Encinas), diversión: 9 (ni siquiera miramos a la pantalla del futbol...), cena: 6 (las hemos visto mejores, Espe. Pero, eso sí, fumamos un pitillito)


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