Vuelve el médico más borde de la tele. Y lo hace en versión original esta semana estrenando el capÃtulo primero de la última -cuarta- temporada en la cadena ‘abierta’ Cuatro. Pero me da a mà que la expectación de cara a esta serie ya no es la que era. El espectador, ávido de novedades y exigente en cuanto a guión -que algo hemos aprendido ya-, no sabrá perdonar a ‘House’ si ahonda aún más en sus adicciones o en su socarronerÃa tÃmida para con las mujeres.
Le hace falta algo gordo a la trama principal, pero lejos de lo puramente emocional, o sino esto se acabará pareciendo al culebrón de ‘AnatomÃa de Grey’, que gusta -a mà me gusta- por lo que gusta. De momento, parece que el abandono total de su fiel equipo de ‘becarios’ en conflicto durará más de lo previsto, y quizá eso de un giro de 180º grados al propio personaje principal, que vivirá casi como una prueba de fuego lo de quedarse solo de verdad. Veremos.
Y mientras ‘Sexo en Nueva York’ y ‘Pocoyo’ se pasan al cine -por cierto, que es mi adorado Stephen Fry quien dobla en Reino Unido a la voz en off-, Maitena planea aterrizar en la tele y el creador de ‘Perdidos’, J.J. Abrams, se hace trekkie, el único consuelo para los catódicos por excelencia viene siendo aún ‘CSI’, aunque sea el de ‘palo’, y quizá la esperanza de que, a falta de’Héroes’, alguna que otra producción entretenida alivie la estancia en el sillón.
Eso sÃ, la ficción nacional es un último recurso en ciertos casos. ‘Hermanos y detectives’ me vale para un descosido o para un roto; ‘Hospital central’ puede hasta enganchar, aunque no sea algo de lo que uno deba enorgullecerse en público; ‘Gominolas’ habrá de ser analizado, a pesar de la Miró; y ‘Camera Café’, de vuelta, adquiere ya la categorÃa de producto de culto. Por cierto, pregunta, ¿es ‘Cámera Café’ una serie o un programa?. Creo que veo demasiada televisión.