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Enviado por Andrés Aberasturi | 11 dEurope/Madrid August dEurope/Madrid 2006

Me doy cuenta de que no termino de explicar nunca nada y seguramente no es fácil descubrir en este desasosiego la extraña paz en la que voy entrando. Siempre me ha pasado: encuentro viejos cuadernos y todos están llenos de proyectos, bocetos de cosas que he ido abandonando por el camino sin batallar realmente casi nunca por convertirlos en realidad. Me cansa la realidad y cuando he hecho algo realmente, cuando lo que fue apenas una idea toma cuerpo y se hace visible, existe, no sé por qué deja de interesarme. Siempre ha sido así.     

Hacía referencia a ese otro yo que es el que va ahora a cumplir sus obligaciones, a ganarse el pan y el agua y la sal de cada día. No es un yo automático, alguien ajeno a mi o que sustituya, por oficio, lo que en su tiempo fue urgencia y necesidad; todo es más sutil y difícil de expresar. Sé que soy yo y que entrego cada día todo lo que llevo, pero el duende, la magia, lo que sea, ya no me acompaña. Me reconozco en él y me identifico con todo cuanto dice pero es que como si lo contemplara con cierta distancia, no desde lejos, pero si desde fuera. Esto parece un trabalenguas, pero no lo es: podría escribir mucho sobre ese yo o sobre ese “mi” (tal vez sea más comprensible y más exacto aunque también más incorrecto hablar del otro “mi”) y sobre él haría juicios contradictorios, crueles muchas veces y tiernos otras, radicales y a la vez llenos de tolerancia y comprensión. Todo resulta tan anecdótico, tan poco importante, que sin perder la objetividad –ese realismo sucio pero cierto- también todo, al final, resulta perdonable.

Me canso; hablo y hablo de mí como si yo fuera todos. ¿Y no lo soy? Hace unos años hubiera pretendido responderme con un NO tajante y defender mi individualidad. Ya no. No sólo creo soy todos –al menos en mis contradicciones- sino que consideraría un fracaso vital y hasta una traición haberme separado siquiera un milímetro de lo que Zitarrosa llamaba “la gráfica del pueblo”.   

Enviado por Andrés Aberasturi | 4 dEurope/Madrid August dEurope/Madrid 2006

Me pregunto por mis obligaciones diarias; es como si otro yo fuera a la radio, escribiera los artículos o rechazara las invitaciones. En realidad no se trata de otro yo sino de una dimensión de mi mismo que me ha ido naciendo poco a poco y que me resulta nueva aunque no desconocida; es como un proceso inverso de lo que sucedía hasta no sé muy cuándo. Yo me sentía yo frente a la maquina de escribir, más tarde frente al ordenador y recuerdo como algo ya lejano que no eran nervios sino una excitación positiva enfrentarme a una cámara, entrevistar -siempre sin guión- a alguien que en la mayoría de los casos sabía mucho mas que tú y, pese a eso, él si estaba nervioso. En la radio pasaba algo parecido pero con una intensidad aun mayor, de forma más mágica. Me empeñé en contar la vida, mi pequeña vida y las pequeñas vidas de todos y entraba en el estudio muchas veces sin ganas hasta que la magia empezaba a tomar cuerpo y juro que más de una vez, improvisando sobre la marcha, juntando sonidos, palabras y músicas, se apoderaba de mi algo que me exigía a gritos cuando subir la música, cuando mantener el silencio hasta la desesperación, en que segundo debería utilizar un diminutivo. Todo fluía no sé cómo ni por qué. Al final, la luz roja se apagaba y yo me derrumbaba y sentía como una especie de gripe, un cansancio desmesurado y hasta la sensación de fiebre o destemplanza.
Todo aquello se fue perdiendo no sé cómo ni por qué ni dónde. Era mi vida, el puñado de arena que se desliza entre los dedos hasta que de pronto te das cuenta de que ya no queda nada.
Eso no es triste. Lo verdaderamente aterrador es no darte cuenta de que ya no queda arena.   

sin título

Enviado por Andrés Aberasturi | 31 dEurope/Madrid July dEurope/Madrid 2006

No tengo demasiado claro dónde he estado estos 58 últimos años de mi vida. Tampoco sé muy bien qué es exactamente lo que he venido haciendo, por qué he hecho lo que he hecho y no otra cosa, ni sé si una vida debe justificarse. Vuelvo de un largo silencio sin motivo, de una desgana que nada tiene que ver con la depresión, el cansancio pasajero o el aburrimiento. (Siempre que no sabemos cómo explicar lo más sencillo acudimos a miles de palabras) ¿Dónde he estado realmente este tiempo? Según la frase de una película “entre ninguna parte y el olvido”, así de fácil.

Vuelvo para escribir sin heterónimos lo que podría ser una mala copia del “Libro del desasosiego” sin otra intención que la de dejar aquí el testimonio de una vida sin urgencias, abandonada ya casi por completo la curiosidad por todo lo que me sea ajeno en un sentido excesivamente estricto de la palabra: por todo lo que no me incumba como persona, como habitante de un mundo concreto en una determinada fecha perdida en la gran Historia del hombre y de las cosas.

Si aceptamos el tiempo como un valor contable, tengo 58 años, dos días y unas horas. Están dispuestos a jubilarme pronto y no opondré las más leve resistencia. Nunca he creído que el trabajo dignificase al hombre; más bien al contrario: estas afirmaciones solemnes y tajantes sólo han servido para la justificar la explotación, el dominio, para  alienar, para controlar el rebaño en nombre del Estado, el Bien Común, Dios o el Mercado.

(Me gusta la palabra: desasosiego. Podría ser la más cercana, la que mejor explicara lo que siento ahora mismo si dejara al margen la tensión que parece conllevar este estado y aumentara el abundamiento de un abrume sereno, el reconocimiento de mi ignorancia, de mis dudas para las que no busco soluciones sino treguas, armisticios y la posibilidad de una convivencia y hasta una connivencia pacíficas. Es, más o menos, lo más parecido a la felicidad y no quiero recetas porque, seguramente, como en el cuento del tesoro de la isla, el tesoro es la misma isla). 

MAS DISTANCIA CRITICA

Enviado por Andrés Aberasturi | 25 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

No tengo claro que las defensas ni los ataques más o menos apasionados sen, en general,  muy provechosas  cuando de política se trata. Hablo, claro, en democracia. Las generalizaciones casi nunca son buenas como tampoco es de recibo aceptar con los ojos cerrados los dogmas que nos ofrecen. Naturalmente que no todos los políticos son unos sinvergüenzas, ni siquiera la mayoría y, si me apuráis, puede que lo sean un porcentaje pequeñísimo.

Pero de la misma forma –y por mucho franquismo que hayamos padecido- esta democracia occidental modelo Siglo XXI –y no hablo sólo de España- es manifiestamente mejorable y, desde luego, no sólo puede sino que debe ser criticada para ver si puede mejorarse aunque sea predicar en el desierto.
La caída dramática de los socialismos del Este, pusieron de manifiesto la gran mentira de aquellos regímenes de papel y terror sin libertad pero subieron a los altares al capitalismo mas duro como única alternativa posible. Y no. Si dejamos que  “los mercados” fijen el devenir de la economía (y por tanto de las políticas sociales), las brechas entre pobres y ricos serán cada vez más grandes; pero este sería un análisis global que tal vez algún día podremos discutir.

Lo que cada día tengo más claro es la necesidad de proponernos un distanciamiento crítico para reflexionar intelectualmente sobre nuestra realidad actual, tan llena de cosas buenas y malas que aportan unos y otros.

Naturalmente no pretendo cuestionar con todo esto dos aspectos fundamentales:
-la defensa de la libertad por encima de todas las cosas
-el derecho a que cada cual tenga sus propias deas y su ideología.
Pero lucho cada día para que ni lo primero ni lo segundo me nublen tanto la vista que me impidan, humildemente, ver lo que me parece justo y lo que no y después contarlo aun a riesgo de equivocarme. Desde hace mucho, no pretendo ser objetivo sino honesto y coherente aunque esto, ay, te convierta en sospechoso de todos.
Uno de estos días trataré de explicar los puntos negros que veo yo en las democracias europeas en general y otros que son fruto de nuestro propio pasado y de la transición democrática.  

distancia

Enviado por Andrés Aberasturi | 20 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

Me preguntan sobre mi opinión del REFERÉNDUM catalán y digo lo que pienso: el resultado es un fracaso para todos y cuestiona muy seriamente el valor moral de la democracia reducida, una vez más, a un mero problema aritmético. La pregunta no es si el resultado es legal –claro que si- sino más bien si la victoria es éticamente aceptable. La distancia entre los políticos y la sociedad se va agrandando.  

mal clima

Enviado por Andrés Aberasturi | 20 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

MALOS TIEMPOS para anunciar el inmediato comienzo del mal llamado “proceso de paz” cuando casi toda España asiste incrédula, sobrecogida y cabreada a la actitud del tal “Txapote” sencillamente inhumana, el asesino de Miguel Angel Blanco, Gregorio Ordóñez etc. Otegi se queja de las últimas detenciones de etarras históricos porque no contribuyen al clima necesario para el diálogo. ¿Acaso contribuye la ausencia total del más leve indicio no ya de arrepentimiento sino de un mínimo hilo apenas visible de sensibilidad de “Txapote”. El clima no es, desde luego el más propicio.

apasionados

Enviado por Andrés Aberasturi | 20 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

¿POR QUÉ LA COSA DEL IDIOMA, LENGUA, HABLA nos afecta tan apasionadamente? ¿Qué hay detrás de todo esto? Seguramente la explicación hay que buscarla una vez más en la poesía cuando Félix Grande escribía algo así: “solo a ti y al lenguaje llamé patria” Pero no hagamos de esto el centro de nuestras vidas.

qué pena

Enviado por Andrés Aberasturi | 6 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

6-6-2006. No oigo trompetazos apocalípticos ni angel alguno nos convoca a todos al valle de Josafat. Va a ser que no y lo siento. Vivir una experiencia asi en vivo, de vivo y no resucitando, es lo que mola. Este debe ser el año de las bestias, en plural y sin mayúsculas. Qué le vamos a hacer.  

meditación sobre la langosta

Enviado por Andrés Aberasturi | 6 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

A propósito de la sala VIP y del busines del avión, recordaba mi primera estancia en hotel de todas las estrellas. Fue para “cubrir” un premio Planeta (el que ganó Gironella) y me mandó el periódico en el cual era yo meritorio o “pelagra”. Vivía por aquel entonces en la pensión “Mary Gran Confort, viajeros y estables, comida casera y trato familiar” en la calle Moratín de Madrid. El señor Lara corría con los gastos y pagaba avión y estancia -todo incluido- en el mejor hotel de Barcelona. El armario –con luz- era más grande que mi habitación de la pensión Mary, pero como yo solo tenía un traje, el derroche resultó desconsolador y encima tuve que meter los pantalones debajo del colchón para que estuvieran planchados al día siguiente. Luego me enteré que el señor Lara pagaba incluso la lavandería del hotel y hasta la peluquería y por supuesto el mini-bar. Fueron dos días absurdos en los que viví gratis total una vida que no era la mía. Tico Medina y yo entrevistamos en exclusiva a Gironella, enfermo en su casa, y la cosa fue un éxito. Luego el cuento acabó y volví a la pensión para viajeros y estables.

Se lamentaba un viejo periodista:

-¡Cuánta langosta hay que comer a veces para llegar a fin de mes¡

 

cotidiana

Enviado por Andrés Aberasturi | 3 dEurope/Madrid June dEurope/Madrid 2006

Escribo desde un aereopuerto. Después de superar con éxito el arco famoso de los pitidos, un tipo sudoroso y enguantado me pregunta educadamente si le permito que me meta guante. Le constesto que si la pregunta es que si se lo permito, la respuesta va a ser que no, pero como ya me sé la historia -dices que no y entonces llama a un guardia civil para que lo haga- pues le digo al sudoroso que proceda. Las secretas razones que pueden llevar a un segurata nacional a cachearme en medio de la globalidad de un aereopuerto, se me escapan por completo, pero alli estoy, manos arriba ofreciendo mi escaso cuerpo desde el corazón a los tobillos a aquel hombre enguantado. Le pregunto por qué yo y me dice que es aleatorio. La vida es una tómobola, ya lo decía Marisol pero no la creíamos.

Me gusta escribir en estos sitios. Mirar y escribir. El mundo palpita en esta torre de cristal. Hay gente durmiendo, gente robando, gente que llora, gente que ríe con carcajadas enormes, grupos, solitarios, matromonios que no se dedican ni una palabra ni una mirada y parejas que no paran de besarse. Por teléfono se cierran negocios y se abren amores. Un niño toma carrerilla y se deja caer resbalando para superar su propio record. Parece que la gente que te rodea ha estado siempre ahi, que son lo inquilinos de la cosa, pero no; la terminal es fugaz por definición: de pronto desaparecen todos los que estaban y otros nuevos -que son iguales pero distintos- ocupan su lugar. Llegó la hora de partir, extranjero; paga tu café y tu agua a precio de oro y abandona la inmensa paz de esta tremenda confusión.