meditación sobre la langosta
A propósito de la sala VIP y del busines del avión, recordaba mi primera estancia en hotel de todas las estrellas. Fue para “cubrir” un premio Planeta (el que ganó Gironella) y me mandó el periódico en el cual era yo meritorio o “pelagra”. VivÃa por aquel entonces en la pensión “Mary Gran Confort, viajeros y estables, comida casera y trato familiar” en la calle MoratÃn de Madrid. El señor Lara corrÃa con los gastos y pagaba avión y estancia -todo incluido- en el mejor hotel de Barcelona. El armario –con luz- era más grande que mi habitación de la pensión Mary, pero como yo solo tenÃa un traje, el derroche resultó desconsolador y encima tuve que meter los pantalones debajo del colchón para que estuvieran planchados al dÃa siguiente. Luego me enteré que el señor Lara pagaba incluso la lavanderÃa del hotel y hasta la peluquerÃa y por supuesto el mini-bar. Fueron dos dÃas absurdos en los que vivà gratis total una vida que no era la mÃa. Tico Medina y yo entrevistamos en exclusiva a Gironella, enfermo en su casa, y la cosa fue un éxito. Luego el cuento acabó y volvà a la pensión para viajeros y estables.
Se lamentaba un viejo periodista:
-¡Cuánta langosta hay que comer a veces para llegar a fin de mes¡