Vida y milagros

Me llamo andrés y me apellido aberasturi.

Hice periodismos en la Escuela (no soy ni licenciado) y en aquel primer curso estaban, entre otros Rosa Montero y Pilar Cernuda. Ellas –y el resto- aprobaban todo con una facilidad pasmosa pero yo entonces tenía otros intereses.

Con Cela en aquellas épocasLos cursos y los años se sucedían y yo seguía sin aprobar casi nada. Se llevaron la Escuela a la Universidad pero aun quedábamos algunos colgados de forma que se inventaron una última promoción para aprobarnos a todos de una vez y quitarse el problema de encima. Pues ni así: Logramos suspender media docena de valientes que no teníamos sitio en ninguna parte. Forzamos una situación pintoresca: la convocatoria de la “última promoción bis” y allí sí, nos aprobaron. En resumen, 12 años para sacar esta especie de título.

En mi descargo debo  decir que antes de empezar mi brillante carrera trabajaba ya como meritorio en “Información” de Alicante y desde primero metí la cabeza en el viejo diario “Pueblo” donde estuve hasta su cierre.

Luego hice un montón de cosas raras (televisión, por ejemplo) y me fueron echando de casi todos los sitios con una tenacidad envidiable.

Mi última aparición con programa propio duró poco: fueron las noticias del fin de semana en Tele 5 junto a Carmen Tomás. Vino un nuevo director de informativos a la cadena y a las dos semanas me dijo que había perdido la confianza en mí a lo que inmediatamente repliqué:

-Algo es algo; no te puedo decir lo mismo porque yo nunca la tuve en ti.

Esta anécdota resume mi vida: soy como la Armada española, que ha logrado las más hermosas frases y las más grandes derrotas. 

Por cierto, aquel despido provocó un artículo mío en El Mundo que, para mi sorpresa, causo cierto revuelo al darse por aludidos muchos más de los que yo pensaba. La vida.